Sus dificultades para aprender, hoy la llevan a enseñar

La historia de la joven Cerisse Jáquez Bronte es empática. Ella no quiere que otros niños pasen por lo que ella tuvo que atravesar durante sus primeros años de escuela. Sus maestros no estaban al tanto de que tenía dislexia, una discapacidad del aprendizaje en la lectoescritura. Ella y su familia, tampoco lo sabían.

El referido trastorno iba más allá del aprendizaje. Ella lo admite. “Esto provocó inseguridad en mí, pero a medida que iba creciendo entendí que, si mis maestras en esos momentos hubiesen tenido más tiempo y herramientas para evaluar de forma particular y validar las distintas maneras de aprender de cada alumno, hubiera tenido una mejor relación con cada materia del colegio e inclusive, mayor motivación por mi desarrollo. A partir de ahí, creció en mí el deseo de superarme para ayudar a otros pequeños con ese problema”.

Cada día eran mayores los obstáculos que debía vencer para poder salir a flote en un aula donde a otros niños se les hacía fácil aprender. Solo recordar aquellos momentos la transporta a esos tiempos y, aunque llora al contarlos, no permite que le quitan las fuerzas y el entusiasmo que muestra con sus ‘Manos Maestras’. Así se llama la iniciativa que creó para ayudar a niños y niñas, a los que denomina: “incomprendidos a nivel académico”.

“Tú no te imaginas lo que significa esto para mí, lo satisfecha que me siento ayudando a esos niños. Yo no encontré quién me diera esa mano amiga cuando la necesité, porque yo sé que eso necesita de mucha entrega, de una educación especial… Por eso he querido dedicarme en cuerpo y alma a ayudar en este sentido”. Ofrecer estos detalles la llenan de alegría porque admite que sus dificultades para aprender, hoy la llevan a enseñar.

No esconde lo difícil que ha sido llegar a tener su propia iniciativa de enseñanza. Con humildad admite que detrás de su esfuerzo hay un ‘hada madrina’. Su nombre es Josefa Concepción De Lara de Jáquez, su abuela, quien la impulsó a seguir adelante y la ha acompañado en cada sueño. “Ella me ayudó a vencer las dificultades, amar el arte y, sobre todo, me enseñó a amarme a mí misma para que pudiera amar y darme a los demás. Esto me ha ayudado a regalar a los niños un amor sincero”. Hablar de esto también la conmueve. Solo ella sabe las piedras que ha tenido que quitar del camino.

Con sus limitaciones

Cerisse conoce a la perfección sobre el trastorno del neurodesarrollo que tiene. “Es una dificultad que estará presente durante toda la vida de la persona, pero hay formas de ayudar a los niños y a las niñas que tienen dislexia”. Tiene razón en lo que dice y lo fundamente en su experiencia implementando técnicas, métodos y estrategias para contribuir a hacer más llevadera estas dificultades.

“Trato por todos los medios de que esos niños incomprendidos a nivel académico, descubran su potencial, porque es ahí que está la clave para que ellos salgan hacia delante de una manera más fácil”. Ahí deja entrever su interés en que estos escolares no vivan la amarga experiencia que ella vivió. Se esforzó en la universidad para graduarse en Educación Inicial.

Amor y paciencia son los dos “ingredientes” básicos que utiliza para lograr que el niño o la niña hagan las paces con determinadas asignaturas. “Trato de hacerle entender que su relación con las matemáticas o el lenguaje, por ejemplo, se debe a que no se la están dando de acuerdo a sus necesidades. Trato de buscar una forma atractiva y divertida de enseñarle”. No hay que poner en duda que es con ese empeño que les ayuda, pues tan sólo explicando el proceso, se le ve sentirlo y vivirlo.

“La dislexia no me ha podido impedir que ayude a otros”

Cerisse  Jáquez Bronte no se cansa de agradecer a Dios por haberle dado la oportunidad de enfrentar sus dificultades y poder hacerles “la carga más ligera” a niños y niñas que, como a ella, se les dificulta aprender. A sus 26 años muestra satisfacción por lo que hace y lo que ha logrado usando su experiencia para ayudar a otros. Es un ejemplo de valentía y solidaridad.

“Tuve muchos problemas con mi desarrollo de lectoescritura. Las maestras desafortunadamente fueron postergando esta deficiencia durante dos años, hasta que fue inevitable. En ese momento me realizaron una prueba diagnóstica que arrojó un resultado de dislexia existente. Esto es un trastorno específico del aprendizaje que con terapias y prácticas se puede mantener regulado para estar al nivel académico del grado correspondiente. Pero debo admitir que, esto me marcó de por vida, ya que arrastré las lagunas de años escolares en los cuales se desarrollaba la mayor parte de los procesos de lectura y escritura”. Esto la pone triste.

Diagnóstico tardío

En el caso de Cerisse, aunque le detectaron muy tarde la dislexia, siempre ha contado con el apoyo de su familia. “Al momento en que mis padres se enteran, mi madre de forma inmediata comenzó el proceso de terapias y contaba con tutoras para que me ayudaran a pasar el año durante la Primaria. Fueron muchas las veces que me quedé en clases de verano del colegio y, sin importar qué tanto lo intentara, era difícil. Mi padre entendía que, si me ponía a repetir las letras que confundía en un cuaderno en la casa, todo se solucionaría. Pero, con el tiempo se dio cuenta que era algo más complejo, y fue más comprensivo”.

En esta parte agradece el esfuerzo y la paciencia de la familia, y admite que no todos los niños tienen las misma posibilidad. Es necesario que haya una voluntad pública que ayude a que los que viven en la vulnerabilidad y tengan este y otros trastornos del aprendizaje, reciben la debida ayuda. Con eso ella está de acuerdo.

Al llegar a la secundaria ya se encontraba mucho mejor. Claro, conociendo sus limitaciones, Cerisse pidió a su madre que le mantuviera una maestra que le ayudara por las tardes. La tutora iba dos veces a la semana. “Me esforcé mucho, di todo de mí y logré graduarme con honores del bachillerato. Yo creo que nunca he visto a mi madre más orgullosa de mí que ese día. Bueno, somos tres hermanos, y a los otros ella los corrige poniéndome de ejemplo”. Termina esa cita y dice: “Hasta ganas de llorar me da”.

Al ingresar a la Universidad Iberoamérica, se enteró de que tienen un programa para los estudiantes con alguna deficiencia académica. “Aun así, decidí ponerme a prueba y no ingresar a éste. Te puedo decir que logré mantener mi media beca intacta y graduarme con honores de mi carrera, pero no puedo dejar de decir que, en el último año y medio conté con el apoyo de mi amiga Nicole Leschhorn, que siempre se preocupó por mí al entérese de lo que ocurría conmigo, y hoy día somos inseparables”. Es agradecida y lo muestra con esta cita.

Por todo lo que pasó y ver cómo salió adelante, como una persona sobresaliente, es que asegura: “Siento una emoción por dentro y estoy luchando para que cada niño incomprendido a nivel académico, descubra su potencial”. Para lograrlo, sigue capacitándose. En 2019 realizó un diplomado en Neuropsicología Aplicada a los Problemas en Neuropsicologia y, actualmente cursa una especialidad en Gestión y Planificación Educativa.

Creados por ella

Desde la experiencia vivida, en ‘Manos Maestras’ Cerisse ha concebido cinco programas para poder ayudar a niños y niñas con dificultad para el aprendizaje.

Antes de ingresar, es necesario una evaluación basada en los indicadores de currículo dominicano. Los programas son ‘Multisensorial para Bebés’, ‘Trastorno del Espectro Autista (TEA)’, ‘Reforzamiento Académico’ en español e inglés, ‘Tutorías’ y el programa ‘Académico Particular para el Nivel Inicial’.