Las realidades del trastorno límite de la personalidad

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“¿Por qué podía sentirme bien y luego unos minutos o una hora más tarde estar llorando a mares? ¿Por qué a menudo me sentía tan incontrolable, tan súbita e intensamente angustiada? ¿Por qué tenía cambios de humor tan meteóricos? ¿Por qué sentía una angustia visceral tan hirviente que no podía hacer nada más que desquitarme conmigo misma en forma de autolesiones?”, escribía una paciente con motivo de una campaña de concienciación sobre el trastorno límite de la personalidad, organizada por varias entidades de salud mental del Reino Unido.

Una persona con trastorno límite de la personalidad “tiene diferentes patrones desadaptativos que llevan con ella durante mucho tiempo y que tienen que ver con las relaciones interpersonales, el manejo de las emociones y los pensamientos. Son patrones disfuncionales que le han generado muchísimo sufrimiento y desgaste a lo largo de su vida. De hecho, le han acompañado durante casi toda ella, por eso hablamos de un trastorno de la personalidad”, explica Ana Cabadas, psicóloga de la Asociación Madrileña de Ayuda e Investigación del Trastorno Límite de la Personalidad (AMAI TLP).

En lo relativo a los síntomas, Cabadas subraya que predominan la inestabilidad y el impulso. “Hay inestabilidad en las relaciones personales pues pasan de idealizar a devaluar a una persona en segundos. También hay inestabilidad en el estado de ánimo. Generalmente el estado de ánimo suele ser de tipo disfórico, enfocado en la tristeza y la apatía. Pero esto se alterna con un estado de ánimo más eufórico. Es decir, tienen picos de estado de ánimo diferente”, detalla.

Además, las personas con trastorno límite de la personalidad pueden comportarse de forma impulsiva. Algunos ejemplos de comportamiento impulsivo son la conducción temeraria, los juegos de azar, el gasto imprudente, los atracones de comida o el abuso de alcohol y drogas.

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En lo relativo a los síntomas, los especialistas subrayan que predominan la inestabilidad y el impulso. “Hay inestabilidad en las relaciones personales pues pasan de idealizar a devaluar a una persona en segundos». (EFE/EPA/DAVE HUNT AUSTRALIA AND NEW ZEALAND)

Asimismo, suelen sentir la ira de una manera inusualmente fuerte y, por lo general, tienen problemas para controlarla. Otro de los síntomas de este trastorno son los pensamientos suicidas y las autolesiones.

Los especialistas del Child Mind Institute de Nueva York, una entidad sin ánimo de lucro especializada en la salud mental de niños y adolescentes, indican que los criterios que se utilizan para diagnosticar un trastorno límite de la personalidad son los siguientes: esfuerzos frenéticos por evitar el abandono, sea este real o imaginario; relaciones inestables e intensas; una conciencia inestable sobre sí mismo; impulsividad; comportamiento suicida, ya sean actos o amenazas, o episodios de autolesiones; inestabilidad emocional por alta reactividad; sentimientos crónicos de vacío y enfado inapropiado, intenso o dificultad para controlarlo.

El trastorno límite de la personalidad suele diagnosticarse en la edad adulta. Desde el Child Mind Institute señalan que, en el pasado, los profesionales de salud mental eran reacios a diagnosticarlo en menores de 18 años, aunque, generalmente, los síntomas se desarrollan en la adolescencia. Según explican, esto se debía, en parte, a que la intensidad emocional y asumir riesgos de manera impulsiva son, hasta cierto punto, características de la propia adolescencia.

En este sentido, Blaise Aguirre, psiquiatra del Hospital McLean de Boston y autor de varios libros sobre el trastorno límite de la personalidad, comenta que, aunque el comportamiento pudiera ser similar, las razones para ello son diferentes en los adolescentes típicos y en aquellos con trastorno límite de la personalidad. El doctor Aguirre afirma que los adolescentes típicos experimentan con el alcohol y el sexo por curiosidad mientras que las personas con trastorno límite de la personalidad los utilizan para escapar de los sentimientos de dolor agudo.

Asimismo, Ana Cabadas manifiesta que es común que el trastorno límite de la personalidad se dé junto a otros trastornos como los relacionados con la conducta alimentaria o el consumo de sustancias. Esto ocurre “porque intentan sedar el sufrimiento desde el consumo de alcohol o drogas y también desde la purga y la represión que les supone un trastorno de la conducta alimentaria”, precisa.

La psicóloga explica que las personas con trastorno límite de la personalidad “tienen enormes dificultades para adherirse a una vida que nosotros llamamos normal”. Ejemplo de ello son el terreno académico y laboral. “En el ámbito académico hay, sobre todo, dificultades de atención y concentración. Este trastorno se presenta con cuadros de ansiedad muy altos, de modo que la persona está en estado de alerta casi constantemente, como si su cerebro no tuviera espacio para nada más que para defenderse. Entonces, concentrarse en cualquier tarea les cuesta muchísimo”, detalla.

“En lo laboral, a esto se le suma tener que compatibilizar el trabajo de tipo intelectual con lo relacional. En el trabajo es imprescindible relacionarse con otras personas, entre ellas, aquellas que están por encima en la jerarquía y les dan órdenes. Dado cómo viven las relaciones personales, suelen tener dificultades en el trabajo”, apunta.

Las relaciones con la familia tampoco suelen ser sencillas. Cabadas recomienda a los familiares que acudan a la consulta del especialista. “Los familiares también necesitan ser ayudados y esto es algo que les cuesta mucho entender. Por un lado, para poder procesar su propio sufrimiento y, por otro, para aprender pautas de comunicación y convivencia con estas personas”.

La psicóloga destaca que es importante que los familiares entiendan que estas personas no han elegido estar enfermas, es algo que les ha venido dado, y hay que ponerse en su piel y empatizar con ellos.

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El tratamiento del trastorno límite de la personalidad debe ser multidisciplinar, con la participación de un psiquiatra, un psicólogo y, a veces, también de un trabajador social. (EFE/CABALAR)

“Aunque hayan recibido el diagnóstico siendo adultos, muchos se han quedado en etapas anteriores. En la consulta, a veces, nos da la sensación de estar ante un niño de 6 años en el cuerpo de un adulto de 40. Por eso, hay que tener un ten con ten entre pedirle responsabilidades de adulto y saber que las va a asumir como un niño. Se requiere un equilibrio muy preciso y para eso los familiares necesitan mucha ayuda”, detalla.

Muchas veces son los familiares quienes empujan a la persona afectada a que busque ayuda profesional. Otras, en cambio, es la propia persona la que decide dar el paso. “Aunque se hayan quedado fijados en etapas anteriores, van teniendo experiencias del mundo adulto y van viendo cómo fracasan, por ejemplo, en las relaciones de pareja. Otra razón es su nivel de sufrimiento que, a veces, les lleva a tomar decisiones muy arriesgadas, como un intento de suicidio. Cuando se ven en el pozo, se dan cuenta de que necesitan pedir ayuda”, precisa.

Cabadas subraya que es necesario que el tratamiento del trastorno límite de la personalidad sea multidisciplinar. “Tiene que haber diferentes profesionales a cargo de la persona. Uno de ellos es el psiquiatra, que es quien prescribe la medicación. Es necesaria en la mayoría de los casos, sobre todo, al principio del tratamiento para manejar los síntomas desadaptativos como la ansiedad, el cuadro depresivo o la irritabilidad, que se traduce en agresividad. También es el psiquiatra quien debe valorar si, en momentos puntuales, debe haber un ingreso hospitalario por una crisis o un desajuste”, expresa.

Otro de los profesionales necesarios en el tratamiento del trastorno límite de la personalidad es el psicólogo. Cabadas recomienda que la terapia se lleve a cabo “una vez a la semana y luego, cuando la persona mejore, se puede espaciar a una vez cada quince días y después a una vez al mes. A veces debe intervenir también un trabajador social porque hay pacientes en riesgo de exclusión, sin ningún apoyo social”.

La especialista subraya que los objetivos del tratamiento son, primero, hacer disminuir el sufrimiento y la ansiedad y, luego, que se cumplan los objetivos vitales de la persona. Estos pueden ser tener una carrera y un trabajo o una vida estable en pareja. “El objetivo principal es conseguir estabilidad en todas las esferas”, concluye.

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