En julio de este año, el prospecto Ismael Pérez Ureña murió en el hospital Ramón de Lara en la base aérea de San Isidro al sufrir un fallo sistémico de sus órganos, comenzando por el hígado, y los médicos que lo atendieron trataron de hacer arrestar a su familia por sospecha de que el niño había consumido esteroides de manera exagerada, lo que habría provocado su fallecimiento.
En los primeros cuatro meses tras su muerte, nadie le hizo caso a la familia Ureña Pérez, peor aún, ni siquiera se le recibió una querella hasta que un bufete de abogados de Santiago de los Caballeros tomó su caso.
En noviembre finalmente, luego de una publicación de Nathanael Pérez en este diario, alguien se dignó a escuchar.
El comisionado nacional de béisbol, Junior Noboa y el ministro de Deportes, Kelvin Cruz, se reunieron por una convocatoria del defensor del pueblo, Pablo Ulloa y plantearon pasos a seguir para tratar de organizar las academias independientes en el país.
La encargada de persecución de la Procuraduría General de la República, Yeni Berenice Reynoso, convocó a la familia Ureña y a su abogado Russel Aracena para investigar qué había pasado.
Casi dos meses después, todo sigue igual. Ni siquiera porque los abogados de la víctima se querellaron contra al menos dos fiscales de la Procuraduría Especializada de Niños, Niñas y Adolescentes bajo el alegato de negación de justicia, nadie dice nada.
Ismael Ureña Pérez solo tenía 16 años. Tenía una vida por delante que le fue arrebatada. Lo menos que se merece es que el Estado reaccione.
Pero cinco meses después de su muerte, no hay ni siquiera un interrogado por el caso y eso es lamentable.
Ojalá el 2025 que comienza mañana traiga mejor suerte para los cientos de niños que juegan béisbol en la República Dominicana, tratando de conseguir un escape de la pobreza.
No podemos seguir esperando que las cosas cambien si seguimos haciendo lo mismo.
Esta es mi última columna del 2024 y espero que alguien la pueda leer y entender que no podemos seguir ignorando lo que está sucediendo.
Ya está bueno de irresponsabilidades y de literalmente “hacernos los locos”.
Feliz año nuevo para todos y un próspero 2025 para ustedes y sus familias.