En Israel, la comunidad drusa ayuda a correligionarios en Siria

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En el tranquilo pueblo de Julis, en la región de Galilea, los drusos israelíes se organizan para ayudar a sus correligionarios en Siria, sacudidos en julio por una sangrienta ola de violencia sectaria.

El centro comunitario del pueblo, un lugar de peregrinación de la comunidad drusa – una minoría esotérica derivada de una rama del chiismo- ha sido rebautizado como «célula de crisis de la comunidad drusa«, indica un cartel en hebreo.

Voluntarios se activan allí, entre un centro de llamadas creado para recopilar las últimas informaciones provenientes de Siria, un rincón logístico para coordinar la recolección y distribución de ayuda, y una célula de comunicación encargada de una campaña de sensibilización en línea.

El objetivo es ayudar a «nuestros hermanos y hermanas» en Siria, explica el líder espiritual de los drusos de Israel, el jeque Mowafaq Tarif.

Un alto el fuego puso fin el 20 de julio a una semana de enfrentamientos intercomunitarios en la provincia siria de mayoría drusa de Sueida, que dejó cientos de muertos. Pero la situación sigue siendo tensa y el acceso a esta región del sur sirio es difícil.

Los habitantes denuncian un bloqueo impuesto, según ellos, por las fuerzas gubernamentales sirias, lo que las autoridades niegan.

Varios convoyes de ayuda llegan esporádicamente a la provincia desde el alto el fuego, incluido uno enviado por la ONU el jueves.

Una labor «semicivil»

«Tan pronto nos enteramos de la célula de crisis, vinimos enseguida», confiesa a la AFP Sleeman Amer, en Julis.

El ingeniero de 35 años examina un mapa de la provincia de Sueida, donde, según el Observatorio Sirio de Derechos Humanos (OSDH), la violencia ha dejado más de 1,400 muertos, en su mayoría drusos.

«Estamos ayudando en la recopilación de información y en las búsquedas. ¿Cuántos pueblos han sido atacados? ¿Cuántas personas fueron asesinadas? ¿Cuántas secuestradas?», explica.

Israel, que cuenta con más de 150,000 drusos incluyendo a aquellos que viven en los Altos del Golán ocupados y anexados, se posiciona como defensor de esta minoría, y bombardeó a las fuerzas sirias durante los enfrentamientos entre drusos y beduinos sunitas, antes de la intervención de fuerzas gubernamentales.

«Como druso que vive en Israel, tenemos el poder de influir en las cosas (…) porque es un país democrático», afirma Akram, otro voluntario que solicita el anonimato, ya que recientemente sirvió en el ejército israelí.

Akram dice temer que el presidente interino sirio Ahmed al Sharaa, quien llegó al poder al derrocar en diciembre a Bashar al Asad gracias a una coalición heterogénea de rebeldes y yihadistas, no haya roto con su pasado de combatiente islamista.

El voluntario también lamenta la falta de movilización internacional en favor de los drusos sirios.

En las paredes que lo rodean, varios carteles califican a Al Sharaa de «terrorista con traje«, haciéndose eco de las acusaciones israelíes contra el nuevo régimen sirio.

Según Akram, el trabajo de la célula de crisis es «semicivil»: algunos voluntarios utilizan su experiencia y conocimientos militares para la recopilación de información y la logística.

Ayuda lanzada por Israel

En un almacén cercano, decenas de personas, incluidos judíos israelíes, preparan cientos de paquetes de productos no perecederos y pañales.

El jeque Tarif explica que esta ayuda se envía a Siria por avión, mientras que otros bienes comprados por la comunidad se mandan por medio de la Media Luna Roja.

AFP no pudo verificar de manera independiente los procedimientos del traslado de la ayuda, y el ejército israelí se negó a hacer comentarios.

Pero el Ministerio de Salud de Israel publicó en las redes sociales fotos de palés de ayuda lanzados en paracaídas, según él, en la región de Sueida.

Para algunos analistas, Israel instrumentaliza la cuestión drusa con fines militares, utilizando este pretexto para mantener a las fuerzas gubernamentales sirias lo más lejos posible de la frontera entre los dos territorios vecinos.

Pero en Julis, los habitantes invocan una solidaridad comunitaria transfronteriza.

«La gente se ofrece como voluntaria con alegría y en plena generosidad», afirma a la AFP el jeque Anwar Hamudi, de 62 años.

«Aunque sea otro país, es nuestra comunidad», añade una estudiante que no da su nombre.

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