Mucho antes de ser una estrella de las Grandes Ligas, un joven Javier Báez se sentaba en las gradas del Estadio Hiram Bithorn en Puerto Rico, absorbiendo la magia de las ediciones 2006, 2009 y 2013 del Clásico Mundial de Béisbol (WBC).
Este año, el torneo regresa a la «Isla del Encanto«, pero el hombre que lleva la bandera boricua tatuada en su piel no podrá estar en el terreno.
En una tarde cargada de emociones en el Joker Marchant Stadium, Báez abordó por primera vez la razón de su ausencia: una suspensión de dos años impuesta por la Confederación Mundial de Béisbol y Sóftbol (WBSC) tras dar positivo por marihuana durante el Clásico de 2023.

Un conflicto de reglas
Aunque las Grandes Ligas eliminaron la marihuana de su lista de sustancias prohibidas en 2020, el Clásico Mundial se rige por los estándares de la Agencia Internacional de Pruebas (ITA) y la WBSC.
Para estas organizaciones, el positivo de Báez supuso una inhabilitación que comenzó el 26 de abril de 2024 y no expirará hasta el 26 de abril de 2026, justo después de que termine la edición de este año.
«No quiero señalar a nadie porque todo esto es culpa mía«, afirmó Báez con la voz entrecortada tras sus gafas Oakley.
«Yo fui quien falló la prueba… Es realmente frustrante no poder ser parte de esto. Tener la oportunidad de estar ahí y que ahora me la quiten, realmente duele. Le duele a mi familia y a mi reputación», dijo.
A pesar de que la MLB y la Asociación de Jugadores (MLBPA) unieron fuerzas para intentar restaurar la elegibilidad de Báez ante el panel internacional, las autoridades del torneo se negaron a ceder. Báez, aunque asume la responsabilidad, no ocultó su confusión ante la severidad de la norma: «Entiendo las reglas, pero no son para nosotros. Son para otros deportes. No es como si estuviera tomando esteroides para durar más o algo así».

El factor emocional
Para el campocorto de los Tigres de Detroit, el WBC es una cuestión personal. Báez fue el alma de los equipos de 2017 y 2023, conocido por sus toques espectaculares y su energía inagotable. El hecho de que Puerto Rico sea sede de la fase de grupos este año hace que la sanción sea un trago aún más amargo.
Báez reveló que consideró emitir un comunicado cuando la noticia se hizo pública, pero decidió esperar para hablar en persona. «Es diferente cuando sientes algo», explicó. «Hay mucha gente enojada y frustrada, pero a nadie le duele más que a mí».
El resurgir en Detroit
Mientras lidia con el dolor de perderse el Clásico, Báez llega a esta primavera en una situación deportiva drásticamente diferente a la de hace un año.
Tras firmar un contrato de 6 años y 140 millones de dólares en 2022, el boricua enfrentó tres temporadas decepcionantes y una cirugía de cadera que puso en duda su futuro.

Sin embargo, el 2025 fue el año de su reinvención. Ante las bajas del equipo, Báez cumplió el sueño de su vida: jugar en el jardín central.
Su desempeño en mayo fue electrizante, conectando cuadrangulares decisivos y robando batazos en las redes, lo que le valió ser el titular del Juego de Estrellas en el center field por voto popular.
Aunque sufrió un bache ofensivo severo a mitad de año bateando apenas .199 durante 55 juegos, Báez recuperó su mística en el momento más importante. Fue clave en la recta final de septiembre y octubre, bateando .313 para ayudar a los Tigres a asegurar su pase a la postemporada.
Nueva página
Con la puerta del Clásico Mundial cerrada, el «Mago» ahora enfoca toda su energía en mantener la inercia ganadora en Detroit. «Es hora de pasar la página, prepararse para la temporada y tratar de mantenerse saludable», concluyó.
Para Puerto Rico, la ausencia de Báez se suma a una lista de bajas por seguros y lesiones que han mermado su roster estelar.
Para Báez, queda el consuelo de haber ayudado a devolver a los Tigres a los primeros planos, celebrando aquella noche de clasificación con un grito que hoy resuena como su único norte: «¡Voy de vuelta a los playoffs!».


