Tarek William Saab, fiscal general de Venezuela durante 10 años hasta su renuncia este miércoles, se describe como defensor de los derechos humanos, abogado y poeta, pero sus detractores lo señalan de ser el artífice de la represión bajo Nicolás Maduro.
Tras su renuncia fue designado defensor del pueblo de manera interina por parte de la Asamblea Nacional.
Repleto de tatuajes y promotor de sus propios libros de poesía, Saab era una de las grandes figuras del gobierno de Maduro, capturado en una incursión militar estadounidense el 3 de enero. La oposición lo considera símbolo de una justicia sometida por el poder.
De perfil mediático, justificó en entrevistas y redes sociales las olas de represión en Venezuela durante 2017, 2019 y más recientemente los disturbios que siguieron a la reelección de Maduro en julio de 2024, que dejaron unos 2.400 detenidos y 28 muertos.
«Si nosotros no actuamos en ese momento en la manera como lo hicimos, Venezuela hubiera sido objeto de una guerra civil«, dijo a la AFP entonces.
Saab recuerda regularmente su alineación con el chavismo, la doctrina ideológica inspirada en el socialismo del popular y fallecido presidente Hugo Chávez (1999-2013).
«Puso su identidad ideológica muy por encima de sus principios de defensa de derechos humanos«, explicó a la AFP Rafael Uzcátegui, defensor de derechos humanos, que lo conoció de cerca.
«Fue un extraordinario fiscal«, dijo el poderoso ministro del interior Diosdado Cabello, que le auguró una buena gestión como defensor del pueblo.
– «Egocéntrico» –
El despacho de Saab en la Fiscalía es muestra de su carácter antimperialista: un cuadro del Libertador Simón Bolívar; fotos suyas con Chávez y otras con Fidel Castro; un bastón de madera con un grabado que reza «nunca más (Donald) Trump«.
Irónicamente, fue la presión de Estados Unidos la que impulsó su salida. Trump dice estar a cargo de la Venezuela pos-Maduro.
Era muy activo en redes sociales. Ordenaba investigaciones desde X y publicaba constantemente fotos personales. Adepto al gimnasio, se calificaba como «poeta«, «libre» y «hippie».
- Sus detractores lo tildan de «egocéntrico«.
Nacido en 1962 en El Tigre (este) en el seno de una familia de origen libanés, Saab lideró movimientos estudiantiles de izquierda, a la vez que se adentraba en la poesía como una de sus grandes pasiones.
Abandonó sus estudios de literatura para dedicarse al derecho. «Quería defender los derechos humanos«, dijo a la AFP.
En 1999 estrechó sus lazos con el recién electo Chávez, al participar en la redacción de una nueva Constitución que cimentó los 27 años de «Revolución Bolivariana».
Afrontó la cárcel durante un intento de golpe de Estado sufrido por Chávez en 2002, un episodio que le gusta evocar. Fue liberado gracias a la presión de oenegés de defensa de derechos humanos.
Fue gobernador de su estado natal Anzoátegui entre 2004 y 2012. En 2014 fue nombrado ya bajo el gobierno de Maduro como defensor del pueblo, un cargo que vela por la garantía de los derechos de la población ante posibles abusos del Estado.
«Expresó su idea de hacer un plan de trabajo con las organizaciones, pero la verdad es que de esa primera reunión no prosperó nada», contó Uzcátegui.
«Es extremadamente sensible a la crítica, a los cuestionamientos, y a la medida que las organizaciones fuimos exigiéndole cosas, interpelándolo en su rol como defensor del pueblo, pues él comenzó rápidamente a alejarse de las organizaciones y a considerarlas como enemigas«, acotó.
– «Pacificación» –
En 2017 la entonces fiscal general Luisa Ortega Díaz denunció una «ruptura del orden constitucional» en medio de una ola de duras protestas antigubernamentales, tras lo cual huyó del país.
Saab fue designado como su sucesor.
Como fiscal general se jacta de haber combatido eficazmente la corrupción, especialmente por ordenar la detención del poderoso ministro petrolero Tareck El Aissami.
Defensores de derechos humanos no ahorran duras críticas para su gestión. «No hay adjetivo negativo que pueda describir acertadamente cómo ha sido su gestión dentro de la fiscalía«, señaló Uzcátegui. «Una fiscalía absolutamente falta de independencia, que se convirtió permanentemente en un apéndice del Ejecutivo, que no garantizó el derecho a la justicia de las víctimas, que se convirtió en una herramienta de persecución«, añadió.
Recordó además que informes de organismos internacionales en materia de derechos humanos lo señalan como «cómplice de la comisión de graves violaciones de derechos humanos«.
Saab contradice estas acusaciones y asegura que más de 600 funcionarios fueron condenados por abusos durante su mandato como fiscal.
Bajo sanciones estadounidenses desde 2017, Saab lamentaba no poder viajar más a París, en particular al festival musical Fiesta de la Humanidad.
Saab no dejó de condenar la captura de Maduro, que llegó a considerar como evidencia de la «muerte del derecho internacional«.
En las últimas semanas se enorgulleció de participar en la redacción de una histórica ley de amnistía que debe impulsar la liberación de cientos de presos políticos.
Esperaba que la «pacificación» que justifica la ley pudiese abarcar a Maduro, preso en Nueva York.


