Cómo la guerra en Irán puede hacer que tu próximo móvil sea más caro: el riesgo de una nueva crisis de los chips

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El conflicto en Oriente Medio no solo sube el precio de la gasolina de tu coche. También amenaza una cadena mucho más invisible, pero igual de crítica: la de los elementos que permiten fabricar chips. Porque estos pequeños componentes dependen de algo más que de fábricas y silicio. Detrás de cada procesador hay una red global de materiales, energía y logística extremadamente delicada.

El problema es que muchos de esos recursos pasan, directa o indirectamente, por Oriente Medio. Y ahora, con la escalada del conflicto con Irán, esa cadena vuelve a tensarse y podría acabar afectando —otra vez— a precios y disponibilidad de la tecnología que llevas en el bolsillo.

En concreto, las miradas están puestas en el estrecho de Ormuz, uno de los puntos más sensibles del comercio global. Por esta vía estratégica pasa alrededor de una quinta parte del petróleo mundial, pero también parte del gas del que dependen países clave en la fabricación de chips. Taiwán, que produce la mayoría de los semiconductores más avanzados del mundo, importa en torno al 37 % de su gas de esta región, mientras que Corea del Sur —responsable de dos tercios de la producción mundial de memorias— también depende en gran medida de este suministro energético.

En un momento en el que los chips son la base de sectores como la inteligencia artificial, la automoción o los centros de datos, cualquier tensión en esa cadena puede tener efectos en cascada. Y, aunque el impacto no es inmediato, los expertos coinciden en que, si el conflicto se prolonga, podría reabrirse un escenario que el mercado ya conoce bien: escasez, retrasos y subida de precios en tecnología.

Los materiales invisibles que sostienen los chips

Detrás de cada móvil, coche o sistema de inteligencia artificial hay algo más que tecnología: hay una red global de materiales, energía y procesos extremadamente frágil. La fabricación de semiconductores depende de una gran variedad de materiales. “Hoy en día, fabricar un chip implica usar buena parte de la tabla periódica. Antes bastaban unos pocos materiales, pero ahora intervienen muchos más y no todos son igual de abundantes ni están igual de distribuidos”, explica Luis Fonseca, director del Instituto de Microelectrónica de Barcelona (IMB-CNM, CSIC)

Esta evolución ha llevado a que algunos de esos elementos se consideren “materiales críticos”, bien porque son difíciles de extraer o porque su producción está concentrada en pocos países.

Pero no todos esos materiales cumplen la misma función. En la industria de los semiconductores hay dos grandes categorías: los que forman parte del propio chip y los que son necesarios para fabricarlo. “Hay materiales que acaban dentro del chip, como el silicio, y otros que son clave en los procesos de fabricación”, explica Fonseca. “El neón, por ejemplo, se utiliza en los láseres, y el helio en aplicaciones de vacío o criogenia”.

Estos últimos son especialmente sensibles a interrupciones en la cadena de suministro. A diferencia de otros recursos, no siempre se producen de forma directa, sino como subproductos de otras industrias. “Ahí está parte del problema: el helio se obtiene como subproducto del gas natural y su producción está muy concentrada en determinadas regiones”, señala el experto.

No es un riesgo teórico, es algo que ya ha ocurrido. Antes de la invasión rusa de Ucrania, ese país concentraba alrededor del 50 % —e incluso hasta el 70 % según algunas estimaciones— de la producción mundial de neón, un gas esencial para los láseres utilizados en la fabricación de chips. La guerra interrumpió ese suministro y añadió presión a una industria que ya venía tensionada de la pandemia.

Ahora el foco está en Oriente Medio. Qatar, uno de los principales productores de helio —alrededor de un tercio del suministro global—, ha visto afectada su producción tras los ataques vinculados al conflicto con Irán, lo que ha llegado a retirar cerca del 30 % del suministro mundial de este material del mercado.

“La producción está concentrada en zonas de alto riesgo y no hay una sustitución sencilla a corto plazo”, añade Fonseca.

Al principio, con silicio, oxígeno, nitrógeno, fósforo y aluminio era suficiente para hacer un dispositivo electrónico. Ahora realmente usas buena parte de la tabla periódica de los elementos.

Efecto dominó de la energía

La tensión en Oriente Medio no afecta solo al suministro de materiales, sino también a la energía que necesitan los principales fabricantes de chips. “Un tercio del helio procede de Qatar y su distribución está paralizada. Además, grandes productores como Taiwán o Corea del Sur dependen en gran medida de la energía de la región”, detalla Javier Borràs, investigador en el Barcelona Centre for International Affairs (CIDOB).

El caso de Taiwán es especialmente relevante: la isla produce cerca del 90 % de los chips avanzados del mundo y depende en gran medida del gas natural importado. “Taiwán importa el 37 % de su gas de Oriente Medio. Corea del Sur, por su parte, produce dos tercios de los chips de memoria mundiales —un producto que ya lleva meses siendo escaso—. Son dos mercados fuertemente expuestos a esta crisis energética”.

El conflicto está generando preocupación en la cadena de valor de los semiconductores, aunque la situación todavía no es crítica.

Del conflicto al bolsillo: qué puede pasar ahora

Aunque el impacto no es inmediato, los expertos coinciden en que el riesgo existe, especialmente si la situación se prolonga. “Es un riesgo real, aunque su impacto se vería a medio plazo”, señala Fonseca.

Los fabricantes han aprendido de crisis anteriores, como la pandemia o la guerra en Ucrania, y han adoptado medidas como diversificar proveedores o mantener reservas. “Suelen tener stock para semanas o algunos meses, pero no mucho más”, añade el director del Instituto de Microelectrónica de Barcelona. Y advierte: “Si la crisis se prolonga, habrá menos producción de chips y eso se traducirá en escasez y encarecimiento”.

Una idea que también comparte Borràs: “Si el bloqueo continúa, habrá un aumento de los precios de los dispositivos electrónicos”, afirma con rotundidad.

Más allá de este conflicto concreto, el investigador del CIDOB considera que el problema es estructural: “La situación actual revela algo que ya habíamos visto en los últimos años: lo expuesta que está a disrupciones la cadena de valor de los semiconductores. Producir un chip es un fenómeno altamente complejo donde centenares de materiales y procesos entran en juego. Hoy nos preocupa el helio, pero mañana la tensión puede venir de otro punto. Es imposible tener una cadena de suministro completamente protegida. El mundo actual es inestable y también lo será la economía mundial”.

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