Artemis II despega con éxito y su tripulación se prepara para poner rumbo a la Luna

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Cuatro humanos están en estos momentos orbitando la Tierra con un objetivo claro: que todo siga saliendo bien y poder activar la maniobra que impulsará su nave espacial hacia la Luna. La misión Artemis II de la NASA, con tres astronautas estadounidenses y uno canadiense a bordo, se ha lanzado con éxito desde el icónico Centro Espacial Kennedy, en Florida (EEUU). De la misma plataforma, la 39B, partieron también algunos de los últimos cohetes que llevaron personas a nuestro satélite. Eso sucedió hace más de 50 años.

Durante unos minutos, justo cuando el reloj marcaba T-00:10, todo ha estado en el aire. No por lo que ocurría en la plataforma, sino por lo que sucedía a cientos de metros de allí, en las pantallas y en los sistemas. En realidad, era uno de los momentos más críticos de toda la secuencia: el chequeo final antes de entrar en la llamada cuenta terminal.

Ha sido entonces cuando el director de lanzamiento, Charlie Blackwell-Thompson, ha pedido la votación definitiva. Uno a uno, los responsables de cada área han confirmado que todo estaba en orden. El veredicto ha sido unánime: “GO”. Ese sí colectivo, breve pero cargado de significado, ha marcado el paso a los últimos diez minutos de la cuenta atrás, condensando años de trabajo en ese instante.

Ese pequeño parón, que ha hecho contener la respiración, no ha sido el único contratiempo. Cerca de una hora antes del despegue, se ha detectado un problema que afectaba al sistema de terminación de vuelo, un elemento clave que permite destruir el cohete de forma controlada en caso de que se desvíe de su trayectoria durante el ascenso. También, poco después, se ha producido una lectura anómala en una batería del sistema de aborto que ha encendido las alarmas. Pero ambos incidentes se han resuelto a tiempo y Artemis II ha despegado.

“Para eso entrenamos, para poder reaccionar y resolverlo rápidamente”, han explicado los responsables de la misión en una rueda de prensa tras el lanzamiento, destacando la capacidad del equipo para solucionar incidencias en tiempo real.

Reid Wiseman, Victor Glover, Christina Koch y Jeremy Hansen son la tripulación de esta histórica aventura. Si todo sigue según lo planeado, Koch será la primera mujer y Glover la primera persona de color que viajarán a la Luna. Aunque, como ellos mismos reconocían el pasado domingo en una rueda de prensa, el sueño es que en el futuro esto no sea algo que destacar. Que pisar la superficie lunar sea algo común a toda la humanidad.

Tocar el suelo de la Luna, sin embargo, tendrá que esperar de momento, ya que los integrantes de Artemis II solo la rodearán, haciendo un sobrevuelo de la superficie de su cara oculta. Se acercarán a unos 6.500 kilómetros, pero lo harán sin poder comunicarse con la Tierra, ya que durante ese tiempo la propia masa del satélite bloquea las comunicaciones.

Un rugido de 180 decibelios

El despegue del SLS no solo impresiona por su tamaño o potencia, también por el nivel de sonido que genera. En la plataforma de lanzamiento, el ruido puede alcanzar los 180 decibelios, una intensidad muy por encima del umbral del dolor humano y capaz incluso de producir ondas de choque.

El despegue ha sido tan contundente como se esperaba. Primero, el encendido de los dos propulsores sólidos, responsables de más del 75 % del empuje inicial. Después, los motores principales llevando al conjunto a desarrollar una potencia de cerca de 4 millones de kilos de empuje. En cuestión de segundos, el vehículo se ha elevado y ha ejecutado la maniobra de giro que lo ha colocado en la trayectoria correcta.

Menos de un minuto después ya viajaba a velocidad supersónica. Y poco después superaba el momento de máxima presión aerodinámica, uno de los puntos más exigentes para la estructura del cohete.

A partir de ahí, todo ha sucedido rápido. Separación de los propulsores, liberación de las estructuras protectoras, descarte del sistema de aborto de lanzamiento y, finalmente, apagado y separación de la etapa central. Ocho minutos después del despegue, Orion ya estaba en una órbita segura alrededor de la Tierra.

Fue entonces cuando ha llegado uno de los momentos más silenciosos de la misión: el despliegue exitoso de los paneles solares, sin los que la nave no puede continuar.

“Es mucho menos estresante estar dentro del cohete que ser responsable de todo desde tierra”, reconocía el administrador de la NASA, Jared Isaacman, tras el lanzamiento, poniendo en valor la presión que supone supervisar una misión de este nivel.

Durante las próximas horas, Orion permanecerá en órbita terrestre mientras los astronautas revisan sistemas y preparan la siguiente gran maniobra: el encendido que les pondrá rumbo a la Luna.

Esa decisión no será automática. “Todo se reduce a la seguridad de la tripulación, la seguridad del vehículo y los objetivos de la misión, en ese orden”, han subrayado desde la NASA durante la rueda prensa, insistiendo en que evaluarán durante las próximas 24 horas si la nave está lista para continuar hacia la Luna.

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