Román Orús, el único español del grupo sobre IA en la ONU: «Una máquina que da respuesta a todo no significa que todo lo que diga sea correcto»

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Cuando Román Orús habla de inteligencia artificial, no lo hace desde la fascinación acrítica ni desde el miedo fácil. Físico de formación, investigador en computación cuántica, emprendedor y ahora uno de los 40 expertos elegidos por Naciones Unidas para ayudar a pensar la gobernanza global de la IA, Orús observa la tecnología con la distancia de quien sabe que lo que hoy parece deslumbrante quizá no sea más que el primer paso. “Estamos como si acabáramos de descubrir la rueda”, dice en esta entrevista con 20bits.

Profesor de investigación Ikerbasque en el Donostia International Physics Center y cofundador y director científico de Multiverse Computing, Orús es además el único español que forma parte del nuevo Panel Científico Internacional Independiente sobre Inteligencia Artificial de la ONU, que acaba de celebrar en Madrid su primera reunión presencial. Su tarea no será decidir leyes ni imponer reglas a gobiernos o empresas, sino dibujar el mapa: ofrecer una visión científica, no sesgada y actualizada de qué es realmente la IA, qué puede hacer, qué riesgos plantea y qué oportunidades abre en un momento en el que la tecnología avanza más rápido que la propia capacidad de regularla.

Y esa mirada, precisamente, es la que atraviesa toda la conversación. Orús compara la IA con “el nuevo proyecto Manhattan” por su dimensión estratégica y por la ventaja que dará a las regiones capaces de desarrollarla, pero insiste en que regular no debe significar frenar. Lo explica con una imagen sencilla: igual que los cinturones de seguridad permiten a los coches circular más rápido por la autopista, una buena gobernanza debería servir para que la inteligencia artificial avance sin convertirse en una “selva sin control”.

En la entrevista, el físico habla de algunos de los riesgos que ya no pertenecen al terreno de la ciencia ficción: la generación masiva de contenido falso, la ciberseguridad, la concentración de poder en unas pocas tecnológicas o el impacto sobre el trabajo. También de los límites de los grandes modelos actuales, extraordinariamente capaces pero, a su juicio, todavía muy ineficientes, y de un futuro en el que la IA no estará solo en enormes centros de datos, sino también en modelos más pequeños y especializados, integrados en móviles, coches, robots o electrodomésticos.

Pese a todo, Orús no se declara pesimista. Cree que la humanidad está ante una nueva revolución tecnológica, con sus tensiones y sus crisis, pero también con un enorme potencial de progreso. Eso sí, con una condición clara: “Hay que hacerlo con cabeza. Si lo hacemos sin cabeza, se acabó el optimismo”.

Vamos a trabajar las mismas horas, pero multiplicaremos la productividad por mil o más

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