Mientras muchos conductores transitan en sus vehículos cada mañana por el Malecón de Santo Domingo rumbo a sus afanes diarios, hay quienes comienzan la jornada con la vieja tradición de pescar en plena ciudad.
Marino Fernández carga un arpón que sobresale por encima de su hombro mientras camina por el Paseo 30 de Mayo, en el Malecón. A un lado lleva las aletas, una nevera y el resto del equipo que utilizará durante las próximas horas.
A diferencia de quienes esperan que un pez muerda el anzuelo desde la orilla o desde un bote, él entra directamente al agua a buscarlo por horas.
«Camino dos kilómetros y medio con el equipo y después nado esa misma distancia mar adentro. Todo es a pulmón», cuenta Marino antes de iniciar una jornada que comienza a las 7:00 de la mañana y que termina cerca del mediodía.
Marino combina su amor por el mar y la natación con el negocio. El buzo vende lo que captura a clientes que ya le hacen encargos y, hundido en el mar, busca peces pargos, dorados y otras especies, generalmente entre 10 y 15 libras por salida.
Aunque la pesca representa una parte importante de sus ingresos, no es su única ocupación. También trabaja como herrero, pero reconoce que el mar terminó convirtiéndose en mucho más que una fuente de dinero, hasta el punto que quiso que el mundo conociera su pasión por el mar abriendo su propio canal en YouTube.
Si tuviera que elegir entre pasar el día en un taller o bajo el agua, asegura que siempre escogería lo segundo porque es una actividad que disfruta desde niño y que nunca dejó de apasionarlo ya que creció en Nagua, donde aprendió a nadar y a amar un mar que hoy dice no reconocer.
![[object HTMLTextAreaElement]](https://resources.diariolibre.com/images/2026/08/05/04082026-personas-que-pescan-en-el-malecon-buzo-de-pesca202608040014-ae35667c.jpg)
El mar como refugio
A diferencia de otros pescadores que dependen de lo que capturan para obtener ingresos, César Adriano nunca convirtió la pesca en un negocio.
Desde hace casi 45 años regresa al Malecón por una razón distinta: dice que allí encuentra un espacio para pensar. Llega al mar a las seis de la mañana y suele marcharse antes de las nueve, sin importar si el anzuelo capturó o no algún pez.
Con los años aprendió a no medir una jornada por la cantidad de peces que lleva a casa y reconoce que puede pasar semanas e incluso meses sin conseguir una captura importante, pero eso no modifica su rutina.
Lo que lo mantiene regresando cada mañana es el vínculo que desarrolló con el mar y recuerda un paisaje completamente distinto al que tiene frente a sus ojos ya que, según cuenta, décadas atrás era común ver cardúmenes acercarse a la costa y peces saltando constantemente sobre la superficie. Una imagen que, según asegura, con los años fue desapareciendo.
Por eso insiste en que el cambio más grande que ha presenciado no está en el Malecón, sino bajo la superficie y lo resume en una frase breve: «Yo veo el mar muerto».
![[object HTMLTextAreaElement]](https://resources.diariolibre.com/images/2026/08/05/personas-que-pescan-en-el-malecon202608040001-3cb52cfa.jpg)
La comunidad en la pesca
Mientras repara una red junto a otros pescadores, Francisco Antonio Serra asegura que suele llegar a la playa Los Pescadores, en el Malecón, a las 7:00 de la mañana y permanecer hasta las dos o tres de la tarde, dependiendo de cómo se comporte el mar. En esas horas no solo pesca, también comparte con sus compañeros, prepara los equipos y organiza las capturas que luego venderán.
Francisco explica que actualmente el grupo que se reúne en la playa los Pescadores está integrado por unos 26 pescadores habituales y que recientemente comenzaron a enseñar a más de treinta jóvenes interesados en aprender el oficio.
Aunque se define como uno de los miembros más nuevos del grupo, lleva cerca de 39 años pescando en el Malecón y explica que varios de sus compañeros comenzaron mucho antes que él y hoy superan el medio siglo dedicados a la pesca.
Más que compartir un oficio, los pescadores han construido una comunidad. Cada uno conoce las fortalezas del otro y, cuando las condiciones del mar cambian, suelen intercambiar información sobre las zonas donde hay mayor movimiento de peces.
Entre los productos que con mayor frecuencia llevan a tierra menciona pulpos, carites, langostinos y langostas -cuando la veda termina- para venderlos a clientes particulares. Asegura que respetar esos períodos no solo responde a una obligación legal, sino también a la necesidad de conservar recursos de los que depende el trabajo de todos.
![[object HTMLTextAreaElement]](https://resources.diariolibre.com/images/2026/08/05/playa-de-los-pescadores--maloecon-202608040009-791fbea3.jpg)
Un mar contaminado que ya no reconocen
Basta con preguntarles cómo era el mar cuando comenzaron a pescar para que las respuestas terminen pareciéndose.
Ninguno habla primero de las capturas, sino de un mar que, según recuerdan, era más limpio, con mayor presencia de peces y una vida marina que hoy sienten cada vez más escasa.
Las historias cambian según el lugar desde donde lo observan, unos desde la superficie y otro a varios metros de profundidad, pero todas comparten la misma sensación de que el paisaje submarino que conocieron ya no es el mismo.
![[object HTMLTextAreaElement]](https://resources.diariolibre.com/images/2026/08/05/playa--de-guibia-202608040005-d0d32aca.jpg)
![[object HTMLTextAreaElement]](https://resources.diariolibre.com/images/2026/08/05/playa--de-guibia-202608040006-ea4a41e1.jpg)
Mientras Marino Fernández asegura que sumergido en el agua encuentra residuos que pocas personas llegan a ver desde la orilla, César Adriano lamenta que especies que antes eran comunes cerca de la costa prácticamente hayan desaparecido de su rutina.
Francisco Serra suma otra preocupación y sostiene que la contaminación, el calentamiento del agua y las descargas que llegan al litoral alteraron el comportamiento del mar con el paso de los años.
Ninguno presenta estudios ni estadísticas. Hablan desde la experiencia de cientos de mañanas frente al Caribe y de miles de horas observando un escenario que conocen casi de memoria y que, según ellos, ha cambiado con el paso de los años.
![[object HTMLTextAreaElement]](https://resources.diariolibre.com/images/2026/08/05/playa--de-guibia-202608040009-adc29dd2.jpg)


