La nueva fiebre del oro de internet está en algo tan básico como los dominios de los sitios web: las grandes tecnológicas y algunos visionarios avispados quieren hacerse con terminaciones como .agi (en referencia a la inteligencia artificial general), .chatgpt (haciendo alusión al popular chatbot de OpenAI) o .agent (para subirse a la ola de la IA agéntica). ¿Estamos ante la desaparición del .com?
Antes de dar respuesta, conviene un poco de historia: de dónde nace y cuándo aparece ese .com, qué fue de los .org y .net que antes eran tan habituales o quién decide qué terminaciones pueden existir en internet son aspectos clave para comprender cómo hemos llegado a que los Google, Meta, OpenAI, Amazon y Anthropic del mundo actual se peleen por ser dueños de los dominios de la IA.
La ICANN (Internet Corporation for Assigned Names and Numbers o, en español, Corporación de Internet para la Asignación de Nombres y Números) es una organización internacional sin fines de lucro fundada en 1998. Su función principal es la de coordinar técnicamente el sistema de nombres de dominio y las direcciones IP para garantizar que cada dirección en internet sea única. Es decir: es el organismo que recibe las solicitudes de las empresas para crear la nomenclatura de la red.
Este 2026 ha recibido 1.615 solicitudes de nuevos dominios, presentadas por 481 solicitantes. Sin embargo, eso no significa que se hayan pedido 1.615 terminaciones distintas, ya que muchas empresas compiten por un mismo nombre. Según los datos recopilados por la plataforma especializada nTLDData, hay 980 terminaciones solicitadas, entre las cuales hay 263 terminaciones disputadas. Y la batalla no es solo por la inteligencia artificial.
Entre los dominios más rivalizados está ese mencionado .agent, pero también .bit, .api, .hub o .robot, es decir, terminaciones dentro del espectro tecnológico que van más allá de la IA.
Además, aunque Google, Meta, OpenAI, Amazon y Anthropic están muy presentes en esta lista –con 39, 21, 15, 8 y 2 solicitudes cada una–, los verdaderos gigantes de esta operación no son las Big Tech, sino unas pocas empresas especializadas en gestionar dominios. Por ejemplo, Link Freedom Group tiene 158 solicitudes y XYZ.COM, 139. Y entre todo ese mar de peticiones y nombres también hay huella española: Inditex quiere seis nuevos dominios (.bershka, .inditex, .lefties, .oysho, .pullandbear y .zarahome, porque .zara lo tiene desde 2015).
Quizás la historia se vuelve todavía más interesante si explicamos que todo esto no es gratis. ICANN establece una tarifa de evaluación de 227.000 dólares por solicitud, aunque existen descuentos para determinados participantes. Aplicando la tarifa estándar, las 158 solicitudes de Link Freedom Group representarían unos 35,9 millones de dólares, frente a los 31,6 millones correspondientes a las 139 solicitudes de XYZ.COM. En el caso de Inditex, sus seis peticiones equivaldrían a 1,36 millones de dólares.
La pregunta es inevitable: ¿qué tiene de especial una palabra situada después de un punto para que algunas compañías estén dispuestas a invertir semejantes cantidades?
El valor del .com
Para entender la importancia de estos movimientos hay que remontarse a los orígenes de internet. En 1985 comenzaron a utilizarse algunas de las primeras terminaciones genéricas: .com estaba pensada para actividades comerciales; .org, para organizaciones que no encajaban en otras categorías; y .net, para entidades relacionadas con las redes de comunicación. También existían otras terminaciones, como .edu para instituciones educativas o .gov para organismos gubernamentales de Estados Unidos.
Con la popularización de la web durante los años noventa, el .com acabó convirtiéndose en la terminación más reconocible y utilizada, aunque las otras siguieron existiendo. Precisamente durante esa expansión de internet nació ICANN, en 1998, con el objetivo de coordinar distintas funciones técnicas del sistema de nombres y direcciones que hasta entonces dependían de otras entidades. Y con el crecimiento de la red también creció la necesidad de disponer de nuevas direcciones.
Así, comenzaron a incorporarse alternativas como .biz o .info, hasta que en 2012 ICANN abrió una gran ronda de solicitudes que recibió 1.930 peticiones y permitió incorporar más de 1.200 nuevas terminaciones, entre ellas .app, .blog, .shop o .tech.
¿Y ahora quién se llevará el .agent?
Hay que aclarar una cuestión: conseguir una terminación como .agent no es lo mismo que comprar una dirección web convencional. La empresa que se haga con ella podrá gestionar todo ese espacio de nombres y, según las condiciones establecidas, permitir el registro de direcciones como empresa.agent o asistente.agent.
Ahí está el negocio: mientras compañías como OpenAI o Google pueden querer estas terminaciones para sus propios servicios, otras empresas aspiran a ganar dinero comercializando y renovando dominios bajo ellas.
Pero presentar una solicitud y pagar los 227.000 dólares no garantiza conseguir la terminación. ICANN debe evaluar las propuestas y resolver los conflictos cuando varios aspirantes quieren el mismo nombre. Si no se resuelven mediante otros mecanismos, la disputa puede acabar en una subasta. Y las cantidades pueden dispararse: en la ronda anterior, el dominio .web llegó a alcanzar los 135 millones de dólares.
El próximo 17 de noviembre está prevista la publicación de la lista de terminaciones solicitadas tras el periodo de posibles cambios, aunque todavía habrá que esperar para conocer cuáles serán aprobadas y quién ganará las disputas.
Por tanto, aún no sabemos quién controlará .agent o .agi, ni si todas las terminaciones solicitadas llegarán a utilizarse. Lo que sí está claro es que la inteligencia artificial ha abierto una nueva batalla. Otra más. Pero incluso este terremoto tecnológico no será capaz de acabar con un estándar tan consolidado como el .com.


