Diez o veinte segundos sin conexión. Eso es lo que empezaron a experimentar algunos drones ucranianos que utilizan el internet por satélite de SpaceX, la empresa de Elon Musk, en el sector de Huliaipole, en el sur del país. Según informó el Séptimo Cuerpo de Asalto Aéreo el 14 de octubre, las interrupciones del servicio de Starlink dificultaban el control de los aparatos durante el vuelo y una unidad tuvo que cancelar algunas misiones. El problema, además, no era solo la gestión de los equipos en funcionamiento: reducir la velocidad para conservar el enlace también hacía los drones más vulnerables al enemigo.
¿Qué había ocurrido? Según las autoridades ucranianas, el servicio de Musk había empezado a limitar la conexión de los terminales en movimiento, aunque todavía no se han aclarado las causas ni quién decidió esas restricciones.
Mientras, a miles de kilómetros del frente, la jefa de la diplomacia europea, Kaja Kallas, reconocía dos días después la dificultad para ofrecer una solución: “Europa no puede sustituir esta capacidad a corto plazo”. La alta representante explicó que desarrollar alternativas figura entre las prioridades de la Agencia Europea de Defensa, pero de momento no es una alternativa realista.
Entre aquellos segundos de desconexión y esa carencia europea está la historia de cómo una red comercial de satélites se convirtió en una herramienta militar esencial y de lo complicado que resulta reemplazarla cuando cambian sus condiciones de uso.
Starlink como fuente de conexión en Ucrania
Para entender por qué esta conexión de internet puede comprometer una operación militar hay que volver a febrero de 2022, cuando Rusia lanzó su invasión a gran escala y las comunicaciones del país empezaron a sufrir sus consecuencias. El entonces ministro de Transformación Digital, Myjailo Fedorov, pidió públicamente ayuda a Musk. El empresario anunció la activación del servicio y el envío de terminales: antenas capaces de proporcionar internet por satélite allí donde fallaban las redes terrestres. Aquella conexión de emergencia terminó integrada en la vida civil y en las operaciones militares.
Una antena de Starlink permite conectar móviles y tabletas a internet. Los soldados pueden compartir por esa vía información sobre las posiciones rusas con otras unidades y coordinar ataques de artillería. La conexión también sirve para transmitir vídeo durante las operaciones con drones. Algunos de estos vuelos requieren mantener un enlace continuo entre el aparato y su operador, que necesita recibir las imágenes mientras el dron está en el aire. Por eso, una interrupción puede afectar al control de la misión aunque el aparato siga volando.
Esa infraestructura tiene además una vida fuera del campo de batalla. El Ministerio de Transformación Digital ucraniano explicó ya en enero de 2023 que los terminales ayudaban a mantener conectados hospitales, escuelas y servicios energéticos, así como a restablecer las comunicaciones en localidades recuperadas por Ucrania. También se instalaron en los llamados puntos de resiliencia, espacios de asistencia durante los apagones donde los ciudadanos podían contactar con sus familiares o solicitar ayuda. Para funcionar durante un corte eléctrico, los equipos necesitan una fuente de alimentación alternativa.
La crisis actual se concentra en las conexiones en movimiento. Las autoridades ucranianas denuncian que determinados terminales pierden el enlace cuando superan unos 160 kilómetros por hora y, de hecho, afirman que las interrupciones iniciales se produjeron incluso por debajo de ese umbral: según el parte militar de Huliaipole, algunos drones perdían la conexión a 110 o 120 kilómetros por hora.
Eso compromete tareas que van desde el abastecimiento hasta la defensa aérea. Zelenski explicaba este fin de semana que algunos drones emplean la conexión para llevar comida, agua y material a las posiciones del frente. Otros la necesitan para perseguir e interceptar aparatos rusos propulsados por reactores. Según el presidente, estos últimos no pueden cumplir su cometido con las restricciones actuales, aunque Ucrania dispone de otros sistemas de defensa contra drones.
Quién decide cómo puede utilizar Ucrania esta conexión
Para recuperar esas prestaciones, Ucrania está negociando con dos interlocutores: SpaceX, la empresa que proporciona la tecnología, y el Gobierno estadounidense, que desde 2023 contrata servicios de conexión satelital para Kiev.
En esta discusión aparece otro nombre: Starshield, la oferta de SpaceX dirigida a necesidades gubernamentales y militares. Serhii Beskrestnov, asesor de tecnología militar de Zelenski, identifica así el servicio afectado y lo describe como un paquete gestionado por el Pentágono, con condiciones distintas de las del servicio comercial Starlink. Según explicó a Associated Press, Kiev busca que se retire el límite de velocidad o que se le permita utilizar una modalidad para aeronaves, más cara.
Ante las quejas ucranianas, Musk señaló a Washington. En un mensaje publicado en X (Twitter) el 14 de octubre, aseguró que corresponde al Ejército estadounidense y, en última instancia, al presidente decidir los límites de velocidad y uso de Starshield. El empresario aprovechó para marcar una diferencia con su servicio comercial: según defendió, Starlink está pensado para usos civiles o defensivos, no para operaciones militares ofensivas.
Sin embargo, Washington rechaza esa responsabilidad. “No tuvimos nada que ver”, declaró el secretario de Estado, Marco Rubio. Además, afirmó que Ucrania no dispone de Starshield y que ha solicitado acceso para realizar ataques en profundidad contra Rusia.
Zelenski, por su parte, rechaza que se trate de un simple problema técnico y califica las restricciones de “operación planificada”.
Y mientras las partes discrepan sobre el origen del problema, Kiev sigue esperando recuperar todas las prestaciones.
Qué alternativas tiene Europa
Si la conexión de SpaceX falla, ¿por qué no contratar otra? Esa es también la pregunta que la crisis ucraniana ha llevado a Bruselas. Europa tiene operadores de satélites y algunos ya trabajan en Ucrania, lo que todavía no puede ofrecer, como reconoció Kallas, es un reemplazo inmediato para todas las capacidades que utilizan sus tropas.
Una de las opciones es OneWeb, la constelación de órbita baja de Eutelsat. La compañía confirmó a Reuters que sigue proporcionando conexión en Ucrania, pero cambiar de proveedor exige algo más que firmar un contrato. Las antenas de Starlink no pueden conectarse directamente a esa otra red: habría que sustituir miles de terminales, explicaba al medio un consultor del sector satelital. Y, cuando el equipo debe viajar en un dron, su peso, tamaño y consumo eléctrico importan tanto como la conexión. El experto advirtió de que esas características limitan la utilidad de los terminales alternativos en primera línea.
España tiene un lugar en esa búsqueda a través de Hispasat. Su flota geoestacionaria proporciona comunicaciones desde unos 36.000 kilómetros de altura, mucho más lejos que las redes de órbita baja. La distancia introduce una diferencia importante: la señal tarda más en ir y volver. Esa menor latencia (el tiempo de respuesta de la conexión) es una de las ventajas de los sistemas de órbita baja.
Hispasat busca ampliar sus capacidades precisamente en esas órbitas más cercanas. Junto con Eutelsat y la luxemburguesa SES, participa en IRIS², el proyecto con el que la Unión Europea quiere disponer de una red de comunicaciones seguras. La empresa española se encargará de una parte esencial, aunque menos visible que los satélites: las antenas, los sistemas de control y las conexiones terrestres que permitirán operar la constelación. Sin embargo, esa apuesta todavía no resuelve la urgencia ucraniana: IRIS² contempla una constelación principal de 348 satélites, con los primeros lanzamientos previstos para 2029 y servicios iniciales después.


