Señora que desafió la furia del río Yuna recibe ayuda

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Escrito por Deyanira Polanco

Los Quemados, Bonao.- Lágrimas, nostalgia y alegría, los sentimientos encontrados de Ana Josefa Díaz (doña Fefa) y Ramón Diloné, la pareja de esposos sobrevivientes del huracán David que perdieron tres hijos por la crecida del río Yuna, en Bonao.

Su testimonio, contado a LISTÍN DIARIO en su portada del 7 de septiembre, a pocos días del 43 aniversario del devastador ciclón, se basó en cómo sobrevivieron, ella desafiando 60 kilómetrosde la crecida del río Yuna en una balsa, él encima de una mata de mango y su hijo mayor en unos matorrales, de los otros tres nunca aparecieron los cuerpos.

Una semana después de esa entrevista, un equipo de Listín Diario volvió a la comunidad de Los Quemados. Esta vez la solidaridad del Gobierno los acompañó, a través del Gabinete de Políticas Sociales que dirige Tony Peña Guaba. Tocaron la puerta de doña Fefa con camas nuevas y electrodomésticos, para acomodar sus días. La prensa solo fue como testigo.

La señora de 76 años y su esposo, de 78, recibieron una nevera nueva e inmediatamente desconectaron la que tenían, “ya no me va a dar más corriente”, dijo doña Fefa.

El ingeniero Alejandro Dipré, encargado de proyectos del Gabinete de Políticas Sociales fue personalmente a hacer entrega de las ayudas: dos camas, la nevera y un televisor, que era el artículo anhelado por la dama para ver las noticias.

La pareja al ver los enseres lloraba. Ella sorprendida. Él recordaba los momentos amargos en que perdieron a sus tres hijos.

Don Ramón no participó en la entrevista para LISTÍN DIARIO porque estaba en la Loma de Josecito, en una plantación de cacao; pero este caballero, gentil, delgado, arrugado por los años y el trabajo de agricultor, recuerda cada momento de las inundaciones.

“Siempre sueño con mis hijos, siempre los recuerdo, no ha sido fácil”, dijo don Ramón, quien no se quitaba su gorra y servía de intérprete a doña Fefa, que por problema auditivo no escuchaba bien a su visita.

Él lloraba y casi no le salían las palabras para agradecer la ayuda. Conforme pasaron unos 20 minutos, la gente del Gabinete de Políticas Sociales introducía los colchones a la vivienda y sustituía la nevera que traspasaba la corriente por una nueva, se iban despejando esas escenas de dolor.

Cuando la nevera estaba en su cocina, doña Fefa, cantaba y hasta un trago de vino se bebió.

El anciano contaba todos los trabajos que pasaron desde el huracán, cuando quedaron sin familia y sin casa, hasta que familiares y amigos les permitían vivir dos y tres meses en sus casas.

Luego recibieron un solar en Bonao, construyeron una casa de tabla y zinc, pero no les gustó el ambiente para criar a su progenitor (sobreviviente).

“Yo le pedía a Dios que si era posible que me permitiera tener otro hijo y nos dio tres”, dijo Ramón, entre lágrimas. Su dolor se refleja en la mirada, pero en esos mismos ojos con parpados caídos por los años, se refleja el brillo de la gratitud.

“Yo le agradezco a mi familia, que cuidaron a Fefa 29 días en el hospital después del ciclón, a mis vecinos y a la iglesia (católica). Dijo que unos sacerdotes que llegaron al pueblo de Los Quemados lo ayudaron a levantar la casa que tiene y aunque sus nombres no los recordó de inmediato, les agradece infinitamente.

Esta pareja de adultos mayores tiene buenos vecinos y unos hijos respetuosos, que cuidan de ellos y les dan seguimiento siempre.

La historia

Ana Josefa Díaz tenía 33 años, el río Yuna, segundo más caudaloso e importante del país, la arrastró unos 60 kilómetros, el viernes 31 de agosto de 1979 al paso del huracán David, y se habría tragado a tres de sus cuatro hijos.

En 2021, a 42 años de haber perdido a tres de sus hijos por la corriente del río Yuna y los vientos del ciclón, doña Fefa conoció a una mulata de pelo largo, residente en Italia, que dice ser su hija y que los otros dos hermanitos también están vivos.

“Estábamos en medio del agua cuando un volcán, más alto que esta casa, nos llevó. No vimos nada más, ahí nos llevó. Yo me paré en tierra una vez, me pasé la mano por la cara, y una de mis hijas que estaba pegada de mí, me dijo ¡ay mami!, y no la volví a ver más ni a ella ni a mis otros dos hijos”.

En Italia.

Una mujer, residente en Maimón, otro municipio de Monseñor Nouel, fue quien le llevó la información de que su hija estaba viva. Se refería a la que tenía 9 años (Luisa Andrea), cuando el desastre natural, pero que se había casado y reside en Italia. Ahora vive bajo esa incertidumbre, de si viven o no esos hijos que arrastró la crecida del río Yuna.LD

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