Muy bien

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Este artículo fue publicado originalmente en El Día.

Sea cual sea el concepto que se tenga del presidente Nicolás Maduro y su gobierno, hay un hecho imposible de evadir.

Estados Unidos ha invadido militarmente a Venezuela, país soberano, cuna del libertador de cinco naciones suramericanas; país solidario con todos los pueblos y muy especialmente con el dominicano.

Los invasores secuestraron al jefe del Estado venezolano y a su esposa y compañera; a pocas horas, aparecieron el presidente Donald Trump y compartes, vanagloriándose de su hazaña y amenazando con repetirla contra cualquiera que desobedezca su dictado imperialista. El derecho internacional ha quedado hecho polvo.

Este hecho exige definirse y pronunciarse. Pero las principales fuerzas políticas de aquí, que han guardado silencio cómplice ante la imperdonable decisión del gobierno nacional de autorizar la presencia de tropas norteamericanas en nuestro territorio; ahora, ante el bochornoso episodio de Venezuela, también se callan. Como muchos “nacionalistas”, cuyo patriotismo selectivo se detiene a las puertas del gobierno yanqui.

Claro, el presidente Leonel Fernández habló, en su acostumbrado estilo sobrio y doctoral refirió principios de soberanía y normas jurídicas generales, pero evitó referirse a la invasión armada y al secuestro del presidente Maduro y su señora. Todos han condicionado su actitud a la arrogancia imperialista del presidente Trump.

Esto recuerda la actitud de los partidos caudillistas cuando la ocupación yanqui del 1916. Jimenistas, horacistas, Federico Velásquez y sus seguidores, el general Desiderio Arias y los suyos etc., que vivían peleándose sin cesar, al desembarco de las tropas se igualaron, sometidos todos al bastón de mando de los ocupantes.

Ante esta conducta de colonialismo político, el movimiento nacionalista con su lucha patriótica salvó el honor de la República. Hoy, los grandes partidos, que compiten entre sí; salvo algún tímido pronunciamiento de un dirigente aislado, se comportan como uno solo, el del gobierno y los opositores, como fracciones de una sola formación.

Y, si en el pasado, el honor nacional lo rescataron los nacionalistas, hoy cabe al movimiento de izquierda dominicano el mérito moral de que, aún desde su debilidad y su dispersión, ha denunciado la agresión y expresado la solidaridad a un país agredido.

Historia viva. Cuando el 28 de abril de 1965, los yanquis nos invadieron por segunda vez, algunos jefes políticos y militares constitucionalistas vacilaron, y la fuerza que mantuvo la resistencia con la mayor firmeza fue la izquierda, aunque hoy algunos quisieran ignorarlo.

Si la izquierda actual imita ese antecedente cuando el agredido directo es un hermano: Bien por ella.

La publicación Muy bien apareció primero en El Día.

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