«Será de la noche a la mañana»: un ingeniero de Boston Dynamics anticipa la llegada masiva de robots humanoides

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Si hay algo que se ha hecho evidente en los últimos meses es que los robots humanoides son la nueva IA. Es decir: la tendencia y el hype en el sector de la tecnología durante este 2026 estarán en torno a la robótica con forma humana. Pero estos androides no son algo nuevo, ni tampoco se van a popularizar masivamente mañana. Aunque puede que sí antes de lo que pensamos, según Guillermo Bernal, Staff Field Service Engineer en Boston Dynamics y responsable del despliegue de la compañía y de su operativa en España.

Esta semana los humanoides han vuelto a estar en boca de todos a raíz de unas impactantes imágenes que han dado la vuelta al mundo: robots H1 de la empresa Unitree haciendo una coreografía perfecta en la Gala del Festival de Primavera de China, un espectáculo anual televisivo que se lleva a cabo en la víspera del Año Nuevo Chino. Los androides con forma humana se mueven sin fallo y coordinados e incluso hacen una demostración de sus habilidades en artes marciales junto a jóvenes aprendices.

La exhibición perfectamente sincronizada entre robots y personas es ya por sí sola impresionante, pero todavía lo es más cuando se comparan las imágenes con el mismo evento hace solo un año: entonces los androides eran solo eso, androides, ya que, pese a tener forma humana, se movían torpe y mecánicamente y no eran capaces de interactuar con las personas que salían en el espectáculo.

El salto visual es evidente. Pero ¿lo es también el salto tecnológico? ¿Estamos ante un punto de inflexión real o ante una demostración milimétricamente controlada en un entorno sin margen para el error?

Bernal no vio la actuación de los robots de Unitree en la gala china —“estoy todo el día trabajando y tengo dos críos pequeños”, bromea—, pero no duda de que lo que se vio es técnicamente viable. “Sin haberlo visto siquiera, confío en que son capaces de hacer eso. Está al alcance de la programación actual”, afirma.

La clave, explica, es entender el contexto. Una coreografía en un escenario cerrado, con suelo estable, movimientos definidos y sin interferencias externas es el entorno ideal para que un humanoide ejecute acciones complejas con precisión. Otra cosa es trasladar ese rendimiento a un entorno industrial azaroso, con cajas deformadas, obstáculos imprevistos o personas moviéndose alrededor sin un patrón establecido.

Y ahí es donde, según Bernal, empieza lo verdaderamente interesante.

Del espectáculo al almacén

Mientras las redes sociales se llenan de vídeos virales de robots haciendo kung fu, en España ya hay robots descargando camiones en centros logísticos. No con forma humana —todavía—, pero sí realizando tareas físicas repetitivas que hasta hace poco dependían exclusivamente de operarios.

Antes dos personas descargaban cientos de cajas de 20 kilos durante ocho horas. Ahora supervisan que todo funcione correctamente desde una pantalla”, explica. El cambio no es solo tecnológico, sino también físico: menos esfuerzo repetitivo, menos lesiones de espalda, menos desgaste.

Bernal lidera el despliegue en España de robots como Stretch y Spot, las plataformas industriales y móviles de Boston Dynamics. Y asegura que la adopción en Europa está acelerándose. “En un año hemos triplicado nuestra presencia. Tiene muy buena pinta”.

Aunque el humanoide Atlas todavía no está comercializado, el ingeniero cree que la transición hacia robots con forma humana en la industria no es ciencia ficción lejana. “Será de la noche a la mañana cuando empecemos a verlos moviendo cajas y haciendo tareas rutinarias”.

¿Tiene sentido fabricar humanoides?

En el sector hay debate. Algunos expertos sostienen que el robot humanoide es innecesariamente complejo y caro frente a soluciones más especializadas, como brazos robóticos industriales o plataformas automatizadas diseñadas para una única tarea. Bernal discrepa.

Ahora solo los grandes pueden permitírselo, pero pasará como con la Roomba. Hace 20 o 30 años nadie imaginaba tener un robot aspirador en casa y hoy es algo normal”, señala. En su opinión, el coste es una barrera temporal, no estructural.

Para él, humanoide e imagen van de la mano, pero no son excluyentes. “Claro que hay marketing. Es una visión potente, impresionante de observar. Pero también es una solución tecnológica real. Las dos cosas pueden coexistir”.

El argumento de fondo es práctico: el mundo está diseñado para humanos. Escaleras, puertas, herramientas, cintas transportadoras, palés. Un robot con forma humana puede, en teoría, integrarse en infraestructuras ya existentes sin rediseñar por completo el entorno.

Las limitaciones siguen ahí

Eso no significa que todo esté resuelto. El precio es uno de los frenos evidentes. También la autonomía energética y la integración en entornos reales. Pero, según Bernal, uno de los factores más determinantes no es técnico, sino humano.

“Muchos problemas vienen de lo que queda abierto a la intervención humana: que alguien olvide cargar el robot, que una caja llegue mal precintada, que haya un golpe imprevisto”.

En materia de seguridad, insiste, la prioridad es absoluta. En Europa, además, la normativa es especialmente estricta. “Donde podría bastar una fotocélula, aquí se instalan radares por legislación. Son sistemas tan exigentes que a veces incluso limitan la operativa”.

Lejos de verlo como un freno, lo interpreta como una garantía: “Ante el mínimo fallo, el robot se bloquea”.

¿Y el empleo?

Es la pregunta inevitable. Si los robots descargan camiones, ¿qué ocurre con quienes lo hacían antes? Bernal no esquiva el debate. “Hace mil años los herreros tampoco pensaban que se iban a quedar sin trabajo. La gente se tiene que reinventar”. Su experiencia en logística le lleva a matizar: los operarios no desaparecen, cambian de función. Supervisan, controlan, gestionan incidencias.

El discurso no es nuevo —ya lo han defendido compañías como Amazon en su proceso de automatización—, pero sigue generando inquietud social.

China, Estados Unidos y la carrera global

La exhibición en la gala del Año Nuevo chino vuelve a situar el foco en Asia. Muchas de las empresas que están mostrando avances rápidos en humanoides proceden de China. Pero Bernal no ve un liderazgo claro y absoluto.

Es una carrera entre China y Estados Unidos en casi todos los sectores y este es uno más”, resume. A su juicio, influyen tanto la capacidad tecnológica como la reputación y la percepción de fiabilidad de cada fabricante.

Lo que sí parece indiscutible es que el humanoide ha dejado de ser una curiosidad de laboratorio para convertirse en símbolo estratégico. La pregunta ya no es si los veremos fuera del escenario. La pregunta es cuándo dejarán de sorprendernos.

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