La retirada de la Verja de Gibraltar, el último muro de la Europa continental, ha atraído las miradas de países tan lejanos como China y reunido a representantes políticos, institucionales y sociales de los ocho municipios del Campo de Gibraltar y del Peñón que no se han querido perder lo que todos coinciden en considerar un día que pasará a la historia y que tendrán que contar a sus nietos.
Dos grúas se encargaron poco después de este mediodía de extraer las hojas de la doble verja metálica, una gibraltareña y otra española.
La retirada de esta verja se realiza este 15 de julio, el mismo día en el que entró en vigor de forma provisional el Tratado de la Unión Europea y Bruselas, ha simbolizado el fin de este paso fronterizo, uno de los más pequeños del mundo.
Un día tremendamente emotivo
La euforia con la que los vecinos de uno y otro lado desbordaron esta medianoche la zona para celebrar que a partir de entonces no tendrán que pasar controles ni mostrar su documentación al atravesar el paso fronterizo se convirtió en emoción en el acto institucional de la demolición de la Verja, encabezado por el presidente del Gobierno español, Pedro Sánchez.
Un aplauso despidió a las hojas de la Verja, cuyo destino aún no está muy claro, aunque el alcalde de La Línea, Juan Franco, comentó que le gustaría que al menos una de ellas se quedara de recuerdo en el municipio español.
Es un día «tremendamente emotivo», indicaba Franco, que contaba que ya es de por sí histórico que un presidente del Gobierno español pise este paso fronterizo -sin poner un pie en la colonia británica- y más en un día que marcará «un antes y un después».
En la zona se ha extendido la broma de que un Franco, el dictador español, cerró la Verja, en 1969 y durante 13 años, y que ahora, en este 2026, a otro Franco le ha tocado abrirla.
Este Franco quiso agradecer «la implicación que ha tenido este gobierno» para lograr este acuerdo histórico. «Soy independiente, pero me gusta agradecer cuando las cosas se han hecho bien y en este caso se ha hecho un esfuerzo enorme», subrayó.
Y eso que cuando hace diez años el Reino Unido aprobó en el referéndum salir de la UE nadie esperaba que lo que se veía como un auténtico drama en la zona acabara transformándose en un sueño, en la desaparición de una barrera física y emocional para los más de 30,000 gibraltareños y los cerca de 300,000 vecinos del Campo de Gibraltar.
Momento histórico
«Al final el brexit ha tenido la culpa de todo esto», bromeaba el empresario linense Lorenzo Periañez, expresidente del Grupo Transfronterizo, que no veía ninguna razón para preocuparse en un día tan alegre: «No te casas pensando en el divorcio».
«No creía que iba a verlo», decía el periodista y escrito Juan José Téllez, que recordaba cómo en una ocasión un amigo al que se le había olvidado el DNI tuvo que salir de Gibraltar en el maletero de un coche, como un delincuente, cuando sólo había entrado para comprar un motor.
Francisco Mena, presidente de la Coordinadora Antidrogas del Campo de Gibraltar tampoco quiso perderse el momento: «Esto también tiene que ver con las drogas, porque será un salto cualitativo y cuantitativo en la cooperación policial», y porque espera que traiga prosperidad y empleo y «muchos de nuestros jóvenes verán que el narco no es rentable».
Periodistas de países como Alemania, donde han escuchado que esto alguna vez fue «un pequeño muro de Berlín»; Portugal, donde han visto «algo simbólico» en la caída de esta Verja con la que concluye la gestión del brexit; e incluso de China, donde también interesaba la noticia, acudieron a presenciar este momento histórico.
«Un día que podremos contar a nuestros nietos», comentaba la secretaria general del Partido Socialista de Andalucía (PSOE-A), María Jesús Montero, fruto de «un trabajo colectivo» en el que ella participó como ministra de Hacienda, cuando se superó «uno de los escollos más importantes», la homogeneización fiscal.


