Caminar sobre dos piernas es una de las habilidades más visibles de un robot con forma humana, pero no suele ser la más difícil, aunque algunos de estos androides se desplomen mientras ‘simplemente’ están paseando. Esto no es, sin embargo, un problema para Optimus, el humanoide con el que Tesla quiere automatizar fábricas y, en el futuro, realizar tareas domésticas. Su gran desafío se encuentra en algo aparentemente mucho más sencillo: utilizar las manos como una persona.
Elon Musk ha reconocido que desarrollar el robot es un “problema muy complejo de resolver” y que Tesla todavía debe superar numerosos obstáculos para conseguir que sea ágil, fiable, resistente y seguro. El empresario considera que Optimus podría convertirse en el mayor producto de la historia de la compañía: en anteriores ocasiones ha valorado su negocio en millones e incluso ha alardeado de que será el primero en pisar Marte. Pero también admite que será el más difícil que Tesla haya intentado fabricar a gran escala.
La advertencia del magnate tuvo lugar durante la presentación de los últimos resultados de Tesla.
La mano humana, el gran muro técnico de Optimus
Musk quiere que Optimus tenga, como mínimo, una destreza similar a la de una persona. Eso implica mucho más que abrir y cerrar cinco dedos. Una mano robótica debe ser capaz de sujetar objetos con formas y pesos diferentes, calcular cuánta fuerza puede ejercer sin romperlos, detectar cuándo empiezan a resbalar y adaptar sus movimientos en tiempo real. No requiere la misma presión para levantar una caja, agarrar un tornillo, doblar una prenda o sostener un vaso de cristal. Y desde luego tampoco supone los mismo cualquiera de estar tareas que cuidar de nuestras hijas e hijos.
La manipulación humana combina numerosos grados de libertad con una enorme cantidad de información procedente del tacto, la posición de las articulaciones y la visión. Las investigaciones sobre manos robóticas señalan que reproducir esa coordinación obliga a integrar mecanismos, sensores y sistemas de control muy complejos.
Tesla ya introdujo en la segunda generación de Optimus actuadores y sensores diseñados por la propia compañía, además de unas manos más rápidas y capaces. La siguiente versión debía incorporar un nuevo diseño de mano preparado para fabricar el robot en serie.
Pero mejorar la destreza también multiplica la dificultad industrial. Cada articulación necesita motores o actuadores compactos, engranajes, cableado, sensores y mecanismos suficientemente precisos para repetir miles de movimientos. Todo debe caber dentro de una mano de tamaño humano, consumir poca energía y resistir golpes, desgaste y largas jornadas de funcionamiento.
Un prototipo puede ejecutar una demostración concreta en un entorno controlado. Conseguir que miles de unidades realicen esos mismos movimientos durante meses, sin fallos y junto a trabajadores humanos, es un problema muy diferente.
Optimus necesita entender el mundo físico
Las manos tampoco pueden funcionar de forma aislada. Optimus debe interpretar lo que ve, planificar sus movimientos y coordinar simultáneamente brazos, piernas y equilibrio.
Tesla define su objetivo como la creación de un robot humanoide autónomo y de propósito general “capaz de realizar trabajos peligrosos, repetitivos o aburridos”. Para conseguirlo, la compañía desarrolla sistemas de software destinados al equilibrio, la navegación, la percepción y la interacción con el mundo físico.
El proceso comienza con cámaras y sensores que captan el entorno. La inteligencia artificial debe identificar objetos, calcular distancias, comprender qué tarea tiene delante y decidir cómo mover cada parte del cuerpo. Después, el sistema de control transforma esa decisión en órdenes para los actuadores y corrige el movimiento conforme recibe nueva información.
Es lo que se conoce como inteligencia artificial incorporada o embodied AI: un modelo no se limita a generar una respuesta en una pantalla, sino que actúa sobre el mundo real. Un error ya no produce únicamente una frase incorrecta, puede provocar que el robot deje caer un objeto, pierda el equilibrio o golpee accidentalmente a una persona.
Musk explicó que Tesla también tiene que resolver la disponibilidad de chips de inteligencia artificial, memoria, lógica y empaquetado electrónico. Todos esos componentes deben integrarse dentro del robot, donde existen limitaciones de espacio, consumo, temperatura y batería. El reto consiste en conseguir suficiente capacidad de procesamiento para reaccionar con rapidez sin convertir a Optimus en una máquina demasiado pesada, caliente o dependiente permanentemente de una conexión con un centro de datos.
Tesla también tiene que inventar la cadena de suministro
Tesla cuenta con años de experiencia fabricando coches eléctricos, pero gran parte de ese conocimiento no puede trasladarse directamente a Optimus. La compañía tiene que diseñar nuevos piezas, componentes electrónicos y sistemas de control, encontrar empresas capaces de fabricarlos y, si no las encuentra, producirlos internamente. Según Musk, prácticamente todo lo que integra su robot humanoide es nuevo.
Esta ausencia de componentes estandarizados dificulta cualquier aumento rápido de la producción. Una modificación aparentemente pequeña en una articulación puede obligar a rediseñar otras piezas, cambiar el software de control o adaptar la maquinaria que ensambla el robot.
“Será el producto más difícil de escalar que hayamos fabricado en Tesla”, afirmó Musk durante la conferencia con inversores.
De la «producción masiva» a empezar a fabricar «pronto»
El lenguaje utilizado por Tesla también se ha vuelto más prudente a medida que se acerca el momento de iniciar la fabricación.
A comienzos de 2026, la compañía presentó Optimus Gen 3 como su primer diseño destinado a la producción masiva. Aseguraba que comenzaría a fabricarlo antes de terminar el año y que tendría una capacidad eventual de un millón de robots anuales.
Tres meses después, Tesla afirmó que preparaba una segunda línea en Texas diseñada para alcanzar a largo plazo una capacidad de diez millones de unidades al año.
En su última actualización, sin embargo, la empresa ya no menciona esos volúmenes. Se limita a indicar que está instalando la primera línea, que espera comenzar a producir “pronto” y que las unidades iniciales se emplearán para recopilar datos y desarrollar sus capacidades.


