Elon Musk quiere que su compañía Neuralink dé un paso más allá de los implantes cerebrales para centrar todos sus esfuerzos en desarrollar un chip que restaure las afecciones oculares que provocan ceguera. Esta idea del magnate nació en marzo de 2024 y, desde entonces, ha anunciado a bombo y platillo que el futuro chip Blindsight se conectará a la corteza visual del cerebro para enviar las señales necesarias y recrear lo que tienen los individuos frente a ellos.
Por el momento, la llegada de este implante tendrá que esperar, debido a que Neuralink sigue esperando la aprobación regulatoria de Blindsight para implementarlo en aquellos pacientes que tienen una pérdida total de la visión. En este contexto, si bien es cierto que Musk aseguró que la compañía lograría devolver la visión a personas ciegas antes de que terminara 2026, uno de los antiguos socios del empresario parece haberse adelantado en esta carrera.
Acorde a la información compartida por el diario TechCrunch, Science Corporation acaba de obtener la autorización para empezar a comercializar en Europa un dispositivo que ayuda a recuperar la visión a personas que la están perdiendo. Esta innovación, llamada PRIMA, ha recibido una designación de la Administración de Alimentos y Medicamentos de Estados Unidos (FDA, por sus siglas en inglés) y representa el primer paso para tratar la degeneración macular relacionada con la edad, que destruye las células sensibles a la luz en la parte posterior de los ojos.
Qué es PRIMA
PRIMA se compone de un chip y un dispositivo externo como unas gafas para establecer una comunicación entre ojo y cerebro.
Gracias a esta combinación, el implante convierte la luz en señales eléctricas para estimular las células retinianas restantes, mientras que una cámara instalada en unas gafas especializadas capturan imágenes y las proyectan sobre el implante usando luz infrarroja cercana invisible. De esta forma, el implante transforma la luz captada por la cámara en impulsos eléctricos que vuelven a enviar información visual al cerebro.
Además, los usuarios pueden ajustar parámetros como el nivel de zoom o el contraste para adaptar la imagen a sus necesidades y mejorar la visión funcional, ya que el sistema se completa con una batería externa conectada a las gafas.
Cómo se implanta este dispositivo y cómo puede usarse
El tratamiento consiste en una intervención ambulatoria de aproximadamente una hora, durante la cual se implanta un pequeño chip en la parte posterior del ojo. Después, el paciente utiliza unas gafas equipadas con una cámara que captan el entorno y envían las imágenes al implante para que este las procese.
Según explica Max Hodak, fundador y director ejecutivo de Science Corporation y expresidente de Neuralink, a TechcRunch, esta tecnología permite devolver una visión funcional a personas que la habían perdido, facilitándoles la realización de tareas cotidianas y mejorando su autonomía. Así lo corrobora: «Uno de nuestros pacientes en Francia terminó hace poco una novela de 300 páginas y nos la envió. Tenemos un dibujo en la pared de la Ópera de Sídney hecho por otro paciente. También hay videos de pacientes resolviendo crucigramas y sudokus».
Primeros usos
Science Corporation estima que cada dispositivo PRIMA costará «cientos de miles de dólares» y, por ahora, está preparando el terreno para empezar a ofrecer dicha novedad en Alemania para llevar a cabo el primer procedimiento en septiembre.
De cara a un futuro, Science Corporation quiere seguir mejorando las capacidades de PRIMA con un nuevo chip y el diseño de sus gafas, que, actualmente, requieren una batería para funcionar. Según TechCrunch, «el objetivo es ofrecer algo similar a las gafas de realidad aumentada de Meta, pero los requisitos de potencia y procesamiento de PRIMA son mucho mayores».
De llegar a salir bien el primer ensayo con pacientes, la compañía espera tratar a pacientes con retinosis pigmentaria y la enfermedad Stargardt.


