Iberia no regresará a Cuba antes de julio de 2027. La aerolínea española extendió hasta el 30 de junio del próximo año la suspensión de sus vuelos directos a La Habana, convirtiéndose en una de las señales más visibles del deterioro de la conectividad internacional de una isla que todavía recibe aviones, pero está perdiendo compañías vinculadas a algunos de sus principales mercados turísticos.
La compañía había anunciado en abril que suspendería sus vuelos desde junio y esperaba recuperarlos en noviembre, siempre que las condiciones lo permitieran. Ahora prolongó la medida otros ocho meses.
Antes de abandonar temporalmente la ruta, sus aviones ya tenían que realizar escalas técnicas en República Dominicana para repostar combustible ante los problemas de abastecimiento en Cuba.
El problema, sin embargo, va mucho más allá de Iberia. La crisis energética y la falta de combustible de aviación han llevado durante 2026 a aerolíneas internacionales a suspender, reducir o modificar sus operaciones. Entre ellas figuran compañías que tradicionalmente transportaban visitantes desde mercados estratégicos para el turismo cubano, como Canadá y Europa.
La consecuencia es una paradoja para un país que necesita desesperadamente divisas: Cuba conserva conexiones aéreas internacionales, pero ha perdido capacidad precisamente en momentos en que necesita recuperar un turismo que se encuentra en sus niveles más bajos en décadas.
Los que todavía llegan
Entre las compañías que continúan volando se encuentra Air Europa, que mantiene tres frecuencias semanales entre Madrid y La Habana. La aerolínea, sin embargo, tampoco escapa a las dificultades: sus vuelos necesitan realizar una escala técnica en Punta Cana para repostar combustible en el trayecto de regreso. Esa operación está prevista, por ahora, al menos hasta el 13 de septiembre. Su propia plataforma continúa comercializando la ruta Madrid-La Habana.
También permanece Copa Airlines, cuya conexión con su centro de operaciones en Ciudad de Panamá mantiene abierta para Cuba una puerta hacia numerosos destinos de América Latina.
La compañía comercializa actualmente vuelos hacia La Habana para agosto, septiembre y octubre de 2026. Desde Santo Domingo, por ejemplo, ofrece itinerarios hacia la capital cubana a través de Panamá.
Copa adquiere además un papel indirecto en la estrategia de Iberia. Mientras dure la suspensión de sus vuelos directos, la compañía española ofrece como alternativa llegar hasta Panamá y continuar hacia Cuba mediante su acuerdo de código compartido con la aerolínea panameña.
Desde Estados Unidos continúa operando American Airlines. Su sistema de reservas mantiene vuelos hacia La Habana y comercializa actualmente itinerarios para agosto y los meses siguientes.
La compañía conserva así una conexión importante desde el mercado estadounidense, aunque los viajes de ciudadanos de Estados Unidos a Cuba siguen sometidos a las restricciones establecidas por Washington.
Las ausencias pesan más
La continuidad de esas compañías no compensa completamente las suspensiones ocurridas durante el año. La falta de combustible llevó a aerolíneas internacionales a reducir o cancelar servicios y obligó a las que permanecieron a buscar soluciones como cargar combustible suficiente para regresar o efectuar escalas técnicas en terceros países.
El golpe resulta especialmente sensible en Canadá, históricamente el principal mercado emisor de turistas hacia Cuba. Las interrupciones de compañías canadienses han reducido una de las corrientes de viajeros de mayor importancia para los hoteles y polos vacacionales cubanos. En Europa, la suspensión de Iberia se suma a las dificultades experimentadas por otros operadores y deja a Air Europa con un peso todavía mayor en la conexión directa entre Madrid y La Habana.
La salida de Iberia tiene además una carga simbólica: la compañía comenzó a volar a Cuba en 1949. Ahora mantiene abiertas sus oficinas en La Habana, pero sus pasajeros deberán esperar hasta mediados de 2027 para recuperar la conexión directa, siempre que las condiciones permitan entonces restablecerla.
El turismo se desploma
La contracción aérea coincide con el hundimiento de las llegadas de visitantes. Datos de la Oficina Nacional de Estadística e Información (ONEI) citados por Reuters mostraban que Cuba había recibido 328,608 visitantes internacionales en los primeros meses de 2026, menos de la mitad de los registrados durante el mismo período del año anterior y muy lejos todavía de los niveles previos a la pandemia.
La pérdida de vuelos puede profundizar esa tendencia. Menos conexiones significan menos asientos disponibles, menos competencia y mayores dificultades para comercializar Cuba como destino, mientras los problemas internos —apagones, escasez de combustible, dificultades de transporte y falta de determinados productos— reducen al mismo tiempo su atractivo para los viajeros.
Se forma así un círculo difícil de romper: la crisis energética complica las operaciones aéreas; la debilidad de la demanda resta rentabilidad a las rutas; las aerolíneas suspenden vuelos y, con menos conexiones disponibles, Cuba encuentra todavía más obstáculos para recuperar visitantes.
Iberia es ahora la expresión más visible de ese problema. Cuba sigue teniendo vuelos internacionales con compañías como Air Europa, Copa Airlines y American Airlines, pero está perdiendo parte de la red aérea que durante años llevó hasta sus playas y ciudades a millones de turistas extranjeros.


