Mientras Washington intenta aislar económicamente a Irán y Pekín promete defender sus intereses, la rivalidad entre las dos potencias también se hace visible en una Cuba golpeada por la crisis energética y cada vez más dependiente del respaldo chino.
La guerra en Medio Oriente ha colocado a Irán en el centro del pulso entre Estados Unidos y China, pero a miles de kilómetros de allí, Cuba continúa siendo otro escenario de la rivalidad entre Washington y Pekín. Este martes, mientras China advertía que defenderá sus relaciones económicas con Teherán frente a las nuevas sanciones estadounidenses, su embajador en La Habana destacaba la creciente cooperación china con una isla sometida también a una fuerte presión económica de Estados Unidos.
El embajador chino en Cuba, Hua Xin, resaltó el apoyo de su país en sectores esenciales para el funcionamiento cotidiano de La Habana, entre ellos la recogida de basura mediante triciclos eléctricos de fabricación china. “Los triciclos eléctricos chinos están ayudando a la limpieza de La Habana”, escribió el diplomático en redes sociales, según publicó la agencia EFE, tras acompañar uno de esos operativos en El Vedado.
La imagen de los pequeños vehículos eléctricos recorriendo la capital resume una cooperación que ha adquirido mayor importancia a medida que se profundiza la crisis cubana. Hua también ha visitado proyectos de ensamblaje y soldadura de camiones destinados a la higienización urbana, mientras China participa en iniciativas vinculadas con sectores estratégicos y servicios públicos de la isla.
Cuba atraviesa desde mediados de 2024 una grave crisis energética, provocada por una combinación de problemas internos —un sistema eléctrico envejecido y décadas de insuficiente inversión— y factores externos. La situación se agravó este año con las medidas de Washington dirigidas contra el sector energético cubano y las entidades extranjeras que contribuyan a sostenerlo. En mayo, la Casa Blanca amplió formalmente las actividades susceptibles de sanciones en sectores como energía, finanzas y minería.
China respondió entonces respaldando expresamente a Cuba. Su Ministerio de Relaciones Exteriores calificó las sanciones estadounidenses de unilaterales y pidió a Washington poner fin al bloqueo y a las medidas de presión contra La Habana.
El choque se reproduce ahora alrededor de Irán. Estados Unidos lanzó esta semana la denominada “Operación Paria Económico”, destinada a cortar las conexiones financieras y comerciales de Teherán. Las primeras medidas alcanzaron a cerca de 60 personas, empresas y buques y ampliaron el alcance de las sanciones secundarias a sectores como tecnología, transporte marítimo, oro y activos digitales.
Pekín reaccionó este martes. “La cooperación entre China e Irán siempre se ha efectuado dentro del marco del derecho internacional y no debe ser objeto de interferencias o perturbaciones”, afirmó Lin Jian, portavoz de la Cancillería china. Añadió que su Gobierno adoptará “todas las medidas necesarias” para proteger sus derechos e intereses. China es, además, el principal comprador del petróleo iraní, lo que convierte la aplicación de las sanciones en una prueba directa para las relaciones entre Washington y Pekín.
Cuba queda así conectada indirectamente con una disputa mucho mayor. Mientras Estados Unidos intenta utilizar su peso financiero para aislar tanto a adversarios como a quienes los sostienen, China mantiene su respaldo a La Habana y Teherán y rechaza la legitimidad de las sanciones unilaterales.
Para Cuba, esa confrontación ocurre en uno de sus momentos económicos más delicados. A los apagones se suman la paralización de buena parte del transporte público, la inflación y la escasez de alimentos y medicinas. La Cepal proyecta para 2026 una contracción del 10.3 % del PIB, después de una caída acumulada superior al 15 % entre 2020 y 2025.
En ese escenario, los triciclos eléctricos que recogen basura en La Habana trascienden su función inmediata: muestran cómo la competencia entre las dos mayores potencias mundiales también se libra, en pequeña escala, en las calles de Cuba.
El embajador chino refirió además que ha visitado otros proyectos de ensamblaje y soldadura de camiones dedicados a la higienización urbana en La Habana.
“Los productos chinos están contribuyendo a los servicios públicos y la transición energética de Cuba”, indicó en redes sociales el diplomático.
La Habana y Pekín mantienen estrechas relaciones políticas y económicas y el país asiático se ha consolidado como uno de los principales aliados de la isla.
El Gobierno de China ha entregado a la isla donativos de paneles fotovoltaicos, destinados a electrificar viviendas en zonas rurales y afectadas por eventos meteorológicos; y completará este año un donativo de 60,000 toneladas de arroz.
Además, ha sido el principal contribuyente en la apuesta del Gobierno cubano para salir de la crisis energética con energía solar, para lo cual ha puesto en marcha un programa que prevé levantar 92 parques solares por toda la isla, con una potencia instalada total de unos 2.000 megavatios (MW).
El presidente chino, Xi Jinping, aprobó en enero una ayuda a Cuba que incluye la asistencia financiera de 80 millones de dólares.
La presión estadounidense sobre China también ha alcanzado directamente a República Dominicana.
Diario Libre publicó recientemente que un informe de la Casa Blanca incluyó al país entre unas 40 naciones que Washington considera puntos de riesgo para el transbordo de mercancías chinas hacia Estados Unidos con el propósito de evadir los aranceles impuestos a los productos procedentes directamente del gigante asiático. El documento coloca a República Dominicana en la categoría de “puertas de entrada marítimas”, junto con Costa Rica, Malasia, Omán y Emiratos Árabes Unidos.
Washington puso particularmente la mirada sobre el corredor portuario Caucedo-Haina. De acuerdo con la información publicada, Estados Unidos sostiene que por esa ruta se transportan conductores aislados y conjuntos de cables con conectores que pueden competir con producción estadounidense.
La preocupación estadounidense es que mercancías o componentes chinos sean sometidos a procesos finales de montaje, reexportación o modificación documental en terceros países para ingresar a Estados Unidos con un origen diferente y menores cargas arancelarias.El señalamiento provocó una respuesta del Gobierno dominicano. El Ministerio de Industria, Comercio y Mipymes aseguró que República Dominicana “no promueve ni tolera” operaciones destinadas a encubrir el verdadero origen de mercancías o evadir aranceles.
La institución sostuvo que las empresas vinculadas con la manufactura de exportación y la cadena logística internacional están sujetas a procesos de fiscalización y verificación y afirmó que, si se detectara alguna operación irregular, el país estaría interesado en identificarla, corregirla y sancionarla.El episodio coloca a República Dominicana en una posición especialmente delicada dentro de la confrontación entre Washington y Pekín. China ha incrementado considerablemente su presencia comercial en el mercado dominicano: según datos citados por Diario Libre, las importaciones desde ese país rondaron los US$5,500 millones en 2025, cerca del 20 % de las importaciones dominicanas, mientras las exportaciones hacia China apenas alcanzaron unos US$300 millones.
Al mismo tiempo, Estados Unidos continúa siendo el principal socio comercial y estratégico dominicano. La disputa obliga así al país a preservar sus crecientes vínculos económicos con China sin poner en riesgo el acceso privilegiado y la relación estratégica que mantiene con Estados Unidos.


