John Ternus asume este martes la dirección de Apple con el reto de conducir a uno de los mayores fabricantes de dispositivos del mundo en una carrera tecnológica en la que ha avanzado con más cautela que sus principales competidores: la inteligencia artificial.
El nuevo consejero delegado, de 51 años, sustituye a Tim Cook después de 15 años de mandato. No llega desde fuera ni es un desconocido para la compañía. Ternus entró en Apple en 2001 y hasta ahora dirigía su área de ingeniería de hardware, responsable del desarrollo de productos como el iPhone, el iPad, el Mac, los AirPods, el Apple Watch y Vision Pro.
Su perfil permite entender la apuesta de los de Cupertino para esta nueva etapa. Frente a compañías centradas en desarrollar grandes modelos de inteligencia artificial o servicios independientes, Apple busca integrar esta tecnología directamente en los dispositivos que millones de personas utilizan a diario.
El desafío, por tanto, es enorme. La compañía necesita demostrar que puede incorporar la IA de manera útil en todo su ecosistema: desde un iPhone capaz de comprender mejor la información del usuario hasta un Mac que ejecute modelos de inteligencia artificial sin depender constantemente de internet.
El ingeniero de los chips propios
Uno de los principales hitos de la trayectoria de Ternus fue su participación en la transición de los ordenadores Mac desde los procesadores de Intel hacia los chips diseñados por la propia Apple.
El cambio, anunciado en 2020, permitió a la empresa controlar mejor la relación entre el procesador, el sistema operativo y el resto del dispositivo. También mejoró el rendimiento y la eficiencia energética de sus ordenadores, dos factores especialmente importantes ahora que la inteligencia artificial exige cada vez más capacidad de procesamiento.
Este es uno de los puntos fuertes que Ternus hereda. Apple no solo fabrica los dispositivos en los que quiere desplegar la IA, sino que también diseña los procesadores y el software que los hacen funcionar. Esa integración le permite reservar partes específicas de sus chips para tareas de inteligencia artificial y decidir qué funciones se realizan en el propio aparato.
Procesar una petición directamente en el dispositivo puede reducir el tiempo de respuesta, permitir que algunas funciones trabajen sin conexión y limitar la cantidad de información que debe enviarse a servidores externos. Para las operaciones que necesitan más potencia, Apple ha desarrollado Private Cloud Compute, su infraestructura para procesar datos en la nube con protecciones adicionales de privacidad.
La compañía continúa reforzando esa estrategia. El 25 de agosto presentó el M6, su primer chip fabricado con tecnología de dos nanómetros, y el M5 Ultra, orientados a aumentar la capacidad de cálculo para tareas de IA. Los nuevos procesadores incluyen componentes especializados para ejecutar modelos directamente en un Mac.
Una base de 2.500 millones de dispositivos
Apple cuenta con una ventaja difícil de replicar: más de 2.500 millones de dispositivos activos en todo el mundo, según los datos de la propia compañía.
Esa base instalada permite distribuir una nueva función mediante una actualización de software y ponerla al alcance de millones de personas. Pero también eleva las expectativas. Apple debe conseguir que sus herramientas funcionen de manera consistente en productos distintos, respeten sus compromisos de privacidad y aporten mejoras suficientemente claras como para que el usuario quiera actualizar su dispositivo.
La empresa presentó Apple Intelligence en 2024 como una inteligencia artificial integrada en sus sistemas y aplicaciones. Su planteamiento no consiste únicamente en ofrecer una ventana en la que conversar con un asistente. También incluye herramientas para escribir y resumir textos, editar imágenes, organizar información o realizar acciones dentro de distintas aplicaciones.
El despliegue, sin embargo, sufrió retrasos. Entre las funciones aplazadas se encontraba una versión más personalizada de Siri, capaz de comprender el contexto del usuario y actuar entre aplicaciones. Esos problemas permitieron que Google y otras compañías avanzaran más rápido en la incorporación de la IA a sus productos.
Apple presentó finalmente Siri AI en junio de 2026. La nueva versión promete buscar información en mensajes, correos y fotografías, comprender lo que aparece en la pantalla y realizar acciones dentro de las aplicaciones. Su despliegue comenzará este otoño, aunque con diferencias en función del mercado. En España estará disponible inicialmente en los Mac y en Vision Pro, pero no llegará de salida al iPhone ni al iPad. Apple atribuye este retraso a las exigencias de la Ley de Mercados Digitales de la UE, mientras que la Comisión Europea sostiene que la decisión de aplazar su lanzamiento corresponde únicamente a la compañía. Por ahora no hay una fecha para su llegada a los dispositivos móviles europeos ni para su disponibilidad en español.
Google, aliado y competidor
Para acelerar su estrategia, Apple cerró en enero un acuerdo plurianual con Google. La siguiente generación de sus modelos fundacionales –los sistemas sobre los que se construyen las funciones de inteligencia artificial– se basa en los modelos Gemini y en tecnología de nube de Google.
La colaboración proporciona a Apple una base más avanzada para desarrollar sus herramientas, pero también introduce una dependencia tecnológica respecto a uno de sus principales competidores. Google desarrolla Android, el sistema operativo rival de iOS, fabrica sus propios teléfonos y lleva años incorporando Gemini a sus productos.
Apple mantiene que sus funciones seguirán ejecutándose en los dispositivos o mediante su infraestructura privada en la nube. El acuerdo no significa que todas las peticiones de los usuarios se envíen directamente a Google, sino que su tecnología sirve de base para construir la nueva generación de modelos de Apple.
El reto para Ternus será conseguir que esa colaboración se traduzca en funciones reconocibles como propias. La compañía deberá diferenciarse mediante la integración de la IA con sus procesadores, sus aplicaciones y productos como el iPhone, el Mac o el Apple Watch.
Una empresa fuerte, pero bajo presión tecnológica
Ternus recibe una compañía con una posición económica difícilmente comparable. Apple cerró su ejercicio fiscal de 2025 con unos ingresos de 416.161 millones de dólares y un beneficio neto de 112.010 millones. Su capitalización bursátil rondaba los 4,6 billones de dólares al cierre del 31 de agosto.
La fortaleza financiera le da margen para invertir, comprar tecnología o incorporar talento. Pero el tamaño también dificulta que las mejoras graduales sean suficientes para abrir una nueva etapa. El iPhone continúa siendo el centro de su negocio y generó cerca de 210.000 millones de dólares en 2025. Por eso, una parte importante del mandato de Ternus estará marcada por la búsqueda de nuevos usos y dispositivos para la inteligencia artificial. Su experiencia en hardware encaja con la idea de que la próxima evolución de esta tecnología no se limitará a los chatbots, sino que llegará integrada en teléfonos, ordenadores, relojes, auriculares y otros aparatos.
La primera gran cita bajo su dirección llegará pronto. Apple celebrará el 9 de septiembre su evento anual de presentación de dispositivos, bajo el lema ‘Surprise and shine’. Será el primer escaparate para comprobar qué protagonismo concede la nueva dirección a la inteligencia artificial y cómo pretende incorporarla a la próxima generación de productos.


