Estados Unidos puso a prueba un cohete el 27 de octubre de 1961 que terminaría marcando el comienzo de una nueva etapa en la exploración espacial. El vehículo Saturn SA-1 despegó desde Cabo Cañaveral (Florida, Estados Unidos) en un vuelo de prueba sin tripulación para comprobar la resistencia de su estructura y el funcionamiento de su sistema de propulsión, alcanzando una altitud aproximada de 137 kilómetros a una velocidad máxima aproximada de 5.800 kilómetros por hora antes de amerizar en el océano Atlántico.
Aunque no llegó a completar una órbita alrededor de la Tierra, la misión de Saturn SA-1 cumplió los objetivos de verificar la integridad estructural y demostrar la viabilidad de agrupar varios motores para generar la potencia necesaria en un vehículo espacial de grandes dimensiones. Pero, ¿qué características tenía?
Saturn SA-1 medía más de 45 metros, pesaba alrededor de 460 toneladas, tenía una primera etapa con ocho motores H-1 que proporcionaban el empuje necesario y las etapas superiores eran estructuras de prueba que contenían agua para reproducir el peso que habría soportado en condiciones de vuelo, de esta manera, los ingenieros podían evaluar su comportamiento sin necesidad de llevar a cabo una misión completa. Además, según da a conocer la NASA en su página oficial, dicho cohete fue desarrollado en el Centro de Vuelos Espaciales Marshall en Huntsville (Alabama) bajo la dirección del ingeniero espacial Dr. Wernher von Braun, en un momento en el que Estados Unidos buscaba ampliar sus capacidades espaciales en plena carrera con la Unión Soviética.
Hoy se cumplen 65 años de aquel lanzamiento, un hito que marcó el inicio del desarrollo de la familia de cohetes Saturn que años después desempeñaría un papel fundamental en la llegada del ser humano a la Luna, ya que la prueba permitió recopilar datos para perfeccionar el diseño de los siguientes vehículos.
Del primer Saturn al gigante que llevó a los astronautas a la Luna
El programa Saturn no se limitó a aquel primer ensayo. Su evolución dio lugar al Saturn I, al Saturn IB y, finalmente, al Saturn V, el cohete que se convertiría en una pieza esencial del programa Apolo. Cada modelo respondió a distintas necesidades de la NASA, desde las primeras pruebas de vuelo hasta el transporte de astronautas y naves espaciales fuera de la órbita terrestre.
El Saturn V fue el más potente de esta familia y se diseñó específicamente para llevar a cabo las misiones lunares. Con una altura de unos 111 metros y una masa cercana a las 3.000 toneladas en el momento del despegue, estaba compuesto por tres etapas que se activaban de manera sucesiva para proporcionar el empuje necesario durante el ascenso. Además, su capacidad le permitía colocar alrededor de 140 toneladas en órbita terrestre, teniendo en cuenta que realizó su primer vuelo en noviembre de 1967 durante la misión Apolo 4 y se convirtió en el vehículo que llevó a los astronautas hasta la Luna en 1969.
El primer Saturn y el Saturn V pertenecían a una misma familia, pero sus capacidades eran muy diferentes. El vuelo de prueba de 1961 sirvió para comprobar principios de diseño y propulsión que serían fundamentales en los años siguientes. Seis décadas y media después, aquel lanzamiento recuerda cómo el desarrollo progresivo de los cohetes permitió pasar de las primeras pruebas experimentales a una de las mayores hazañas del siglo XX: llevar al ser humano hasta la Luna.


