Las mascarillas en interiores desaparecen mañana. Pero conviene no cantar victoria tan rápido

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Son los últimos días de la mascarilla obligatoria en interiores en España y, mientras llegan noticias de países que se han visto obligados a dar marcha atrás y volver a hacerla obligatoria, la pregunta que todo el mundo se hace es: ¿Podemos cantar victoria? ¿Es el «fin» definitivo de la pandemia? ¿O es posible que haya que dar pasos atrás?»


Una medida que ya ha sido reversible en el pasado. El 26 de junio de 2021 la mascarilla dejó de ser obligatoria en exteriores. La mejora de la situación epidemológica, las altas tasas de vacunación y la cercanía de una temporada de vernao crítica para el enorme sector turístico español animaba al Gobierno a empezar la desescalada siguiendo la estela de países como Israel, Polonia o Estados Unidos.

La retirada duró seis meses. El 22 de diciembre de 2021, con Omicrón batiendo récords de contagios y las reuniones familiares a la vuelta de la esquina, el Gobierno apretó de nuevo el botón de las mascarillas y estas volvieron a las calles del país en medio de una polémica por la escasa evidencia científica que sostenía esta decisión. El 10 de febrero, esta obligatoriedad desapareció de nuevo.

¿Pasará de nuevo? En este sentido, la pregunta de si tendremos que dar pasos atrás (sea ahora, dentro de unos meses o con la llegada del invierno) es muy pertinente. De hecho, en el ministerio no se atreven a dar una respuesta clara y, en una entrevista reciente en El País, Carolina Darias decía que «nos estamos preparando [por si hay que dar marcha atrás] y Europa también. Una de las lecciones de esta pandemia es que tenemos que estar preparados para las amenazas presentes, pero también para las futuras. El Gobierno de España, de la mano de las comunidades autónomas y de las personas expertas, no está bajando la guardia» y, ante la pregunta de si serán necesarias el próximo invierno, respondía que «lo plantearemos a su momento. Todo a su debido momento».

Y es que navegamos en un mar de incertidumbres. Buena muestra de ello es que no existe un consenso claro entre los expertos. Aunque la mayoría coincide en que no se trata de una medida «ilógica», ni «descabellada», sí se trata de un movimiento «delicado». Muestra de ello es que en Alemania o Francia los casos subieron nada más retirarla; pero, sobre todo, que en Austria hubo que volverla a introducir porque no dejaban de crecer los contagios.

La cuestión no es tanto si hay que retirarla o no. Esto es algo que parece bien establecido porque como señalaba Mario Fontán, especialista en Medicina Preventiva y Salud Pública, con “la gran mayoría de la población [con] al menos doble dosis” de la vacuna y sin restricciones extra el «peso» de la mascarilla en el control de la pandemia es mucho más leve que antes.

La clave de la polémica está en cómo hacerlo en un contexto en el que, como explicaba Joan Caylá, miembro de la Sociedad Española de Epidemiología, en NIUS, «está comprobado que cuando aumenta la interacción social, como ha ocurrido con los carnavales o con las Fallas [y, previsiblemente, ocurrirá en Semana Santa], se incrementan los casos». Sobre todo, porque «España es el único país de la Unión Europea que ha eliminado el aislamiento de los casos leves» y esto es un riesgo potencial extra.

El ‘botón nuclear’ de las mascarillas. No obstante, si somos sinceros, tendremos que reconocer que teniendo precedentes legales y políticos de la vuelta de las mascarillas, el inventivo del Gobierno para traerlas de vuelta si los casos aumentan de manera significativa está ahí (y seguirá estando ahí en invierno). O, mejor dicho, «puede seguir estando ahí». Porque, como hemos defendido en muchas ocasiones, las pandemias no se acaban cuando el virus deja de circular por la sociedad, sino cuando la sociedad asume que debe recuperar «su vida normal» aunque eso tenga costes importantes.

En la medida en que el COVID siga siendo algo relevante para el país y el temor a una «vuelta a marzo de 2020» siga encima de la mesa, las mascarillas nunca estarán ‘definitivamente’ fuera de circulación. Es cierto que los indicios nos dicen que la sociedad ya ha dado carpetazo a la pandemia, pero (y en esto sí tenía razón la ministra Darias) si algo nos ha enseñado el SARS-CoV-2 es que, en cualquier momento, puede volver a nuestras vidas.

Imagen | Maxime


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Javier Jiménez

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