Tenemos un nuevo aliado para combatir los derrames de petróleo: el pelo que dejamos en las peluquerías

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En España hay decenas de miles de peluquerías que al terminar el día acaban con bolsas repletas de cabello. Llevamos tanto tiempo viéndolo pulular por sus suelos, en los recogederos, rodeado de polvo, que lo asociamos automáticamente con basura; pero… ¿Y si esos mechones fuesen la clave para atajar un problema tan grave y que causa tanto daño como los derrames contaminantes?

La idea no es del todo nueva. A finales de los 80, Phillip McCrory, un estilista de Alabama, pensó ya que las madejas de cabello podían aprovecharse para absorber petróleo y diseñó un prototipo que llegaron a testar los científicos de la NASA. Al fin y al cabo —razonó por entonces McCrory— si nos pasamos media vida echándonos champús para eliminar la grasa de nuestro pelo, ¿por qué no aprovechar luego esas mismas melenas para eliminar vertidos de crudo?

Desde entonces la propuesta ha ido ganando fuerza y, aunque aún puede sonar chocante, hay ya varios organismos que han decidido apostar por ella. Quizás el más conocido es Matter of Trust, una organización sin ánimo de lucro fundada en 1998 por Lisa y Patrice Gautier con un propósito claro: aprovechar un recurso natural para plantar cara a problemas ambientales de primer nivel.

¿Basura o un arma contra vertidos?

Ahora Gautier recibe a diario paquetes de cabello humano y de animales en su taller de San Francisco, en Estados Unidos, donde lo convierten en esteras absorbentes.

Sus piezas se aprovechan tanto para vertidos terrestres como marinos. De hecho, se han utilizado ya en catástrofes del calibre del BP Deepwater Horizon, que en la primavera de 2010 causó en el Golfo de México uno de los mayores desastres medioambientales de la historia.

¿Por qué precisamente pelo?

¿Y por qué no?

Solo en EEUU —calcula Matter of Trust— se reparten 900.000 salones de belleza con licencia y cada uno puede cortar fácilmente 450 gramos de cabello a la semana.

Al cabo de un año eso supone una cantidad ingente de recursos con un origen bastante más ecológico que los que suelen utilizarse en los vertidos. Una de las herramientas que se usan más a menudo a día de hoy para frenar los derrames son las esteras de polipropileno, un plástico no biodegradable y que requiere —ironía del sector— de perforaciones petroleras.

“Tiene mucho más sentido usar un recurso natural renovable para limpiar los derrames de petróleo que perforar más petróleo para usarlo en la limpieza”, comenta Lisa Gautier a la cadena CNN. El beneficio es doble: consiguen además dar salida a toneladas y toneladas de cabello.

Sus esteras sirven para los grandes vertidos, pero también, y es ahí donde la organización centra el foco, para las fugas en las carreteras o las filtraciones del subsuelo, mucho menos visibles que las tragedias del Deepwater Horizon o Prestige; pero con un impacto de calibre en la naturaleza.

En su taller Matter of Trust revisa los paquetes de cabello para asegurarse de que no llega contaminado, sucio y —por supuesto— que está libre de piojos. Con la materia prima ya cribada, extienden los cabellos sobre un marco para, ayudados de una máquina, fabricar las esteras.

Medio kilo de pelo sirve a la organización para elaborar una pequeña alfombra capaz de absorber más de 5,6 l de fuel. Desde que se puso en marcha, suma miles de barreras y tapetes.

Más allá de darse a conocer y extenderse como alternativa ecológica y económica al polipropileno, a la solución de Matter of Trust todavía le quedan algunos retos importantes por delante.

Los tapetes a base de cabello funcionan bien con derrames en la tierra, pero eliminar los vertidos resulta mucho más difícil en las playas, donde abunda la arena, un problema con el que también se encuentra el polipropileno. Otro hándicap importante es que solo pueden utilizarse una vez y para eliminarlos hay que incinerar el pelo o compostarlo en el suelo, con todas las complicaciones que implica. Los expertos buscan ahora formas de extraer el vertido y reutilizar todo el material.

Matter of Trust tiene ya socios locales repartidos por casi una veintena de países de todo el mundo y no es la única que quiere solucionar vertidos con mechones. En Reino Unido está por ejemplo Green Wave, que aprovecha también pelo humano y de animales para absorber derrames.

«Piensa en esto; te lavas el pelo con champú porque absorbe el aceite, lo que significa que las esterillas absorben el aceite y dejan pasar el agua. Esto hace que nuestras esteras para el cabello sean una alternativa ecológica y eficaz a otros métodos —comentan sus responsables—. Al fabricar estas alfombrillas, evitamos que el pelo vaya a parar a los vertederos y obstruyan los desagües, a la vez que evitamos que el aceite contamine nuestros océanos y vías fluviales».

Imágenes | Michael DeMoya (Unsplash) y Matter of Trust


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Tenemos un nuevo aliado para combatir los derrames de petróleo: el pelo que dejamos en las peluquerías

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Xataka

por
Carlos Prego

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