Rosmery Sosa, de 30 años, la mujer asesinada por su pareja la madrugada de este viernes en el sector Gualey, Distrito Nacional, era conocida en su comunidad como una mujer trabajadora, alegre y dedicada a sus hijos. Sin embargo, detrás de esa imagen cotidiana, familiares aseguran que vivía una relación marcada por los celos, la tensión constante y episodios de violencia que solía callar.
Esa “zozobra”, como la describió Luis Vargas, uno de sus tíos, terminó arrebatándole la vida. Este suceso marca el primer feminicidio del año 2026.
De acuerdo con sus familiares, el hecho ocurrió alrededor de la 1:00 de la madrugada, tras una supuesta discusión que se produjo luego de compartir con amigos durante las celebraciones de Año Nuevo. Rosmery murió a causa de heridas punzocortantes, según el diagnóstico preliminar y dejó en la orfandad a tres hijos de 11, 8 y 5 años, respectivamente.
Familiares señalan que el presunto agresor, identificado como José Ramón Montero, de 32 años, era un hombre celoso. Su tío Luis aseguró que las discusiones eran frecuentes, sobre todo cuando consumían alcohol. “Cada vez que ellos tomaban, peleaban”, dijo el familiar.
Asimismo, reveló que Rosmery había sido víctima de agresiones previas que ocultaba para evitar conflictos familiares. “Él la cortaba y ella se quedaba callada, decía que se había caído”, relató.
Indicó que, pese a los conflictos, Rosmery nunca llegó a interponer una querella formal contra su pareja. De acuerdo con lo que le comentaron vecinos del área, la pareja habría pasado el día de ayer discutiendo. Vargas, en llantos, señaló que, «ellos se fueron a acostar y en la casa siguieron peleando».

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Discusiones «normales»
Vecinos también fueron testigos del ambiente tenso que rodeaba la relación. Wilka Alonso, residente del sector, contó que las discusiones entre la pareja “eran normales” y recordó haber visto a Rosmery con vida por última vez cuando regresaba a su casa junto a su pareja, notando que “iban como discutiendo”. Horas después, fue alertada de su muerte y la encontró tendida en el piso.
La vivienda donde ocurrió el hecho mostraba claras señales de violencia: cristales rotos en el suelo, la cerradura dañada y manchas de sangre en la puerta, una escena que estremeció al vecindario.
La abuela de la víctima, Sotera Vargas, quien la crió desde pequeña, recordó entre lágrimas que días antes del crimen el agresor se quejaba de la forma de vida de Rosmery y decía que “no aguantaba porque a ella le gustaba mucho beber”.
Una mujer trabajadora
Aun así, la describió como una joven trabajadora. Aseguró que cumplía con su jornada laboral y luego regresaba a casa para atender a sus hijos, y afirmó que en el vecindario «nadie tiene queja de ella», porque «era una muchacha que nunca fue malcriada».
Rosmery Sosa laboraba en una banca de loterías y tenía aproximadamente tres años de relación con su agresor, con quien no procreó hijos.
Para los vecinos, Rosmery era una mujer querida y cercana. Lucas García la describió como “muy buena y social”, y calificó el hecho como “un abuso”. Sobre el agresor, dijo que era un “forastero” que aparentaba ser alguien «bonito y bacano», pero cuyo comportamiento terminó revelando una realidad marcada por los celos y la violencia.

Se entregó a las autoridades
De acuerdo con el vocero de la Policía Nacional, coronel Diego Pesqueira, Montero se entregó a las autoridades en el despacho de la Dirección de Comunicaciones Estratégicas de la institución.
“Se presentó a la sede policial acompañado de su madre y un representante legal”, indica un comunicado del cuerpo del orden.
Asimismo, informaron que el caso se encuentra bajo investigación para establecer las circunstancias en que ocurrió el hecho y que el detenido será sometido a la justicia a través del Ministerio Público, para los fines legales correspondientes.


