La Doctrina Monroe, un fantasma del pasado que reaparece

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La Doctrina Monroe, resucitada por el presidente Donald Trump y que congresistas demócratas quieren volver a enterrar con una resolución, nació en un discurso pronunciado el 2 de diciembre de 1823 por James Monroe, el quinto presidente de Estados Unidos (1817 a 1825).

Estados Unidos era en las primeras décadas del siglo XIX un país en construcción, con deudas de la época de su revolución de Independencia aún pendientes, y protagonista de un experimento democrático desconocido en la historia.

En su discurso anual ante Congreso, Monroe detalla primero las dificultades para delimitar el territorio de su joven nación con Gran Bretaña, Francia o Rusia (en el extremo noroeste).

Estados Unidos había mandado embajadores a las recién nacidas repúblicas de Colombia, Chile, «Buenos Ayres» o México, leyó el presidente.

España no reconocía aún esas independencias, y Estados Unidos mandó igualmente un representante a ese país, pero el embajador no pudo desembarcar en Cádiz porque Francia bloqueaba ese puerto, reveló Monroe.

El presidente acusó además a España de tolerar la actividad pirata en Puerto Rico, aún bajo su dominio.

Unos espectadores «ansiosos e interesados» 

En ese contexto, el presidente declara ante los congresistas que los estadounidenses siguen los acontecimientos al otro lado del Atlántico como espectadores «ansiosos e interesados«.

«En las guerras de las potencias europeas por asuntos que solo les atañen a ellas nunca hemos tomado parte, ni se aviene con nuestra política hacerlo» añade.

Luego lee unos párrafos que él nunca denominó «doctrina«, pero que marcó irremediablemente las relaciones de Washington con el resto del continente americano hasta la actualidad.

  • «El sistema político de las potencias aliadas [europeas] es esencialmente diferente» del estadounidense, dijo.

«Debemos, por tanto, a la franqueza y a las relaciones amistosas existentes entre los Estados Unidos y esas potencias declarar que consideraríamos cualquier intento por su parte de extender su sistema a cualquier parte de este hemisferio como peligroso para nuestra paz y seguridad», advierte.

«Con las colonias o dependencias existentes de cualquier potencia europea no hemos interferido y no interferiremos; pero con los Gobiernos que han declarado su independencia y la han mantenido, y cuya independencia hemos reconocido (…), no podríamos ver con buenos ojos ninguna interposición, con el fin de oprimirlos o de controlar de cualquier otro modo su destino, por parte de ninguna potencia europea», añadió.

El corolario Roosevelt 

Sin embargo, esa doctrina destinada a proteger a las nacientes repúblicas «hermanas» del continente fue seguida de otros episodios controvertidos.

Estados Unidos se apropió de más de la mitad del territorio mexicano en 1848, intervino en Nicaragua, y medio siglo después, con la Guerra Hispano Estadounidense, puso fin al dominio español sobre Cuba y Puerto Rico.

  • Cuando el republicano Theodore Roosevelt llega al poder (1901-1909), Estados Unidos está a las puertas de convertirse en una potencia mundial.

Roosevelt promulgó una revisión de la doctrina Monroe, un «corolario» aún más polémico por lo que sucedió luego, a lo largo del siglo XX, en especial durante la Guerra Fría.

«No es cierto que Estados Unidos sienta ansias de territorios ni albergue proyectos respecto de las demás naciones del Hemisferio Occidental, salvo aquellos que buscan su bienestar«, aseguró en su discurso ante el Congreso del 6 de diciembre de 1904.

Roosevelt acababa de enfrentar una grave crisis diplomática y militar en Venezuela.

En 1902 una expedición con fuerzas inglesas, francesas y alemanas bloqueó los puertos venezolanos porque ese país no pagaba sus deudas.

Estados Unidos amenazó con intervenir, y los barcos se retiraron.

  • Roosevelt advirtió que ya no se trataba de proteger solo a esas naciones de los europeos, sino además de sí mismas.

«Todo lo que este país desea es ver a los países vecinos estables, ordenados y prósperos. Cualquier país cuyo pueblo se conduzca bien puede contar con nuestra sincera amistad«, aseguró.

La versión de Trump

El corolario de Donald Trump, la doctrina «Donroe», vuelve a insistir en todos esos puntos, pero bajo una óptica actualizada.

«Queremos garantizar que el Hemisferio Occidental se mantenga razonablemente estable y lo suficientemente bien gobernado como para prevenir y desalentar la migración masiva hacia Estados Unidos; queremos un Hemisferio cuyos gobiernos cooperen con nosotros contra los narcoterroristas(…); queremos un Hemisferio que permanezca libre de incursiones extranjeras hostiles o de la propiedad de activos clave», dice.

Para ello intervino militarmente en Venezuela a principios de año, y ha amenazado a otros países de la región.

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