Washington — Agentes del Servicio de Inmigración y Control de Aduanas han sido desplegados en aeropuertos de Estados Unidos para ayudar a aliviar las largas filas provocadas por la escasez de personal tras el cierre parcial del gobierno. Sin embargo, su falta de capacitación en seguridad aeroportuaria y su papel dentro de la política migratoria del presidente Donald Trump generan dudas sobre la efectividad de la medida.
Aunque los agentes han sido vistos cerca de los controles de seguridad, no están realizando inspecciones a pasajeros. Expertos señalan que su capacidad de apoyo es limitada, ya que no pueden operar equipos clave ni ejecutar procedimientos como revisiones de equipaje o cacheos, tareas que corresponden a personal especializado de la Administración de Seguridad en el Transporte, que requiere meses de entrenamiento.
Desde el gobierno se ha indicado que los agentes del ICE podrían encargarse de funciones logísticas, como el manejo de flujos de salida, para liberar a los agentes de la TSA. Aun así, analistas advierten que esto no resuelve el problema de fondo y que integrar personal no entrenado en funciones críticas no es una solución inmediata ni sostenible.
Además, la presencia de agentes migratorios —muchos de ellos armados— podría generar incomodidad entre viajeros e incluso atraer protestas, aumentando la tensión en los aeropuertos. En medio del debate político sobre financiamiento y control migratorio, expertos coinciden en que la solución real pasa por restablecer los recursos del Departamento de Seguridad Nacional y normalizar las operaciones de la TSA.


