Donald Trump está acostumbrado a las críticas desde distintos frentes; demócratas, republicanos desencantados, comediantes de programas nocturnos y manifestantes. Sin embargo, uno de los críticos más influyentes durante su segundo mandato no reside en el país, sino en el Vaticano.
Se trata de una situación sin precedentes: el primer pontífice estadounidense, papa León XIV, arremete directamente contra el presidente por la guerra en Irán, donde esta semana entró en vigor un frágil alto el fuego.
El anuncio se produjo después de que el pontífice calificara la postura de Trump como “verdaderamente inaceptable”.
La relación entre Washington y el Vaticano nunca antes había girado en torno a dos estadounidenses: un político originario de Queens, de 79 años, y un papa oriundo de Chicago, de 70. Aunque pertenecen a la misma generación y comparten algunas raíces culturales, enfrentan sus cargos con enfoques profundamente distintos, en una relación que implica riesgos para ambas partes.
“Son dos ‘boomers’ blancos, pero no podrían ser más distintos en cuanto a su experiencia de vida, sus valores y la manera en que han elegido vivir esos valores”, afirmó Natalia Imperatori-Lee, profesora de teología de la Universidad de Fordham.
“Es un contraste muy marcado y, creo, un punto de inflexión para el cristianismo estadounidense”.


