Este artículo fue publicado originalmente en El Día.
Santo Domingo.-Las “corridas de toros”, como las denominamos, alguna vez tuvieron lugar en toda la isla, pero aquella forma del pasatiempo ha sido conservada sólo en El Seibo, una comunidad que por haber sido establecida en un lugar céntrico y al Este de la isla, podía muy bien ser refugio de gente conservadora frente a las contingencias de la vida colonial, de la revolución de Haití y de la invasión de Boyer.
En un video promocional de las fiestas patronales llamadas a ser iniciadas el día 1 de mayo, un sujeto que dice llamarse Narciso Sánchez, procedente de Robleda en España, afirma que las corridas de toros de El Seibo son únicas en el Caribe.
Al momento de escribir estas notas no he realizado ningún esfuerzo para determinar si el tal Narciso yerra o dice verdad. Me consta, sin embargo, que relativa del país, esta tradición es única.
Celebradas una vez al año, durante unos días en las fiestas patronales iniciadas alrededor del Día de la Santa Cruz, las corridas de toros tienen esta vez la novedad de una plaza hecha con este único propósito, el cual deberá dar origen a la dinamización de la vida seibana, durante tanto tiempo recogida en sus particularidades.
Una práctica secular
La antigüedad de esta curiosa tradición se hace evidente en una prohibición referida por el Arzobispado de Santo Domingo, que en 1583 advertía al ayuntamiento sobre la prohibición de estas corridas.
Casi un siglo después, en 1679, fray Domingo Fernández de Navarrete informaba al rey sobre las muchas corridas de toros que tenían lugar en el país, a pesar de la prohibición.
En 1843, tiempos de la ocupación haitiana —gobierno de Charles Herard Ainé—, la Junta Municipal de Santo Domingo prohibió el “juego de toros” en las calles, por lo que sólo podía hacerse con la mediación de “barreras”.

Debe ser en esta prohibición de la que parte la forma en que han tenido lugar hasta el año pasado las corridas de toros en El Seibo, con el animal encerrado en un redondel hecho de varas verdes y con la resistencia suficiente para evitar, en cuanto esto fuera posible, que el toro escapara y pudiera lesionar a los concurrentes.
De acuerdo con Luis Emilio Alemar, historiador, para mediados del siglo pasado estas barreras eran bastante rústicas, en vista de que estaban hechas con varas como las referidas en el párrafo precedente, atadas con cuerdas.
A mediados de los años 70, los de mi adolescencia, las varas de la “barrera” eran fijadas unas a otras con clavos. Por cierto, la hacían en el pley de pelota del barrio El Retiro, a donde se dirigía la muchachada cuando salía de la escuela primaria Manuela Diez, a unos 150 metros.
En 1901 fue prohibido de nuevo, bajo el primer gobierno de Juan Isidro Jiménez, según Alejandro Paulino y Aquiles Castro, en Diccionario de cultura y folklore dominicano (2005), que citan al referido historiador Alemar.
Una nueva etapa
Como se puede ver, las corridas de toros en El Seibo, que a partir del 1 de mayo entran en una nueva etapa, son hoy día, primer quinto del siglo xxi, una manifestación sobreviviente del paleolítico de la dominicanidad, prohibidas en varias ocasiones por peligrosas, incultas y por la capacidad para distraer del trabajo a la población.
Con la inauguración de la Plaza Multiuso Seibana, que de acuerdo con el Gobierno fue levantada con una inversión de 430 millones de pesos, las corridas tendrán el aire de los grandes espectáculos.
De acuerdo con la información oficial, la plaza tiene una capacidad para 2 mil 500 personas, estacionamientos para autobuses y vehículos y un área infantil de 2 mil 567 metros. La idea original es que en la plaza puedan realizarse corridas de toros, con las que suspiran los seibanos, conciertos y otras actividades de corte cultural.
En el municipio de El Seibo algunos han empezado a interrogarse acerca de lo que harán con una obra que los reta. Las corridas eran hasta el año pasado unas actividades abiertas a las que asistía la gente sin pagar, pero ahora se puede pensar en cobrar por entrar a ver desde un lugar seguro a toros, toreros y jinetes en el redondel.
Pero concluidas las fiestas la plaza debe ser puesta en operación, tal vez para la realización de rodeos, ferias y conciertos que generarán algún dinero.
Algo debe cambiar
De ahora en adelante habrá que pensar en caballos con las condiciones para ser exhibidos, en la crianza de toros también con la finalidad de llevarlos al redondel, y en los toreros, hasta ahora hombres de arrojo personal que se entrenaban a sí mismo para presentarse en público en un espacio cerrado a desafiar a toros a veces masivos. ¿Esto seguirá igual?
¿Establecerá el ayuntamiento, o la Hermandad de Fervorosos de la Santísima Cruz, una escuela para formar a los toreros?
Esta inversión del Gobierno debe ser vista como una obra para el turismo, en vista de que si hubiera sido hecha pensando en el seibano, con el acondicionamiento de un redondel seguro y las condiciones para el rodeo y otras exhibiciones hubiera sido bastante.
Ahora El Seibo tiene el deber de ponerse a la altura de una inversión de la que ninguna otra administración lo consideró merecedor a pesar de los ruegos.
Pero desde el punto de vista turístico, a El Seibo le falta que uno o varios inversionistas levanten allí un buen hotel. El que había, ubicado en un lugar inigualable, fue traspasado a la Universidad Autónoma de Santo Domingo, que lo ha convertido, con el acompañamiento del Gobierno, en un centro educativo.
Acerca de la obra
—1— El Presidente
La plaza fue inaugurada el día 16 de enero de 2026 por el presidente Luis Abinader.
—2— Aporte
Central Romana colaboró en el establecimiento de la obra, informó el mandatario.
—3— ¿Y ahora?
¿Quién la administrará? Hagan sus apuestas.
¿Qué hará el seibano con su plaza?
Desafío. Con una plaza como esta, sin otra igual en ninguna de las otras provincias (San Pedro de Macorís, Hato Mayor, La Romana y la Altagracia) los seibanos tienen la oportunidad de convertirse en un punto céntrico y seguro de recreo regional con la organización de presentaciones artísticas, culturales y económicas.
Un mes después de concluidas las fiestas patronales procede la organización de una presentación artística memorable con Fefita la Grande, pongamos el caso, y en agosto una feria agropecuaria regional que culmine con una exhibición de caballos de paso fino y una corrida de toros.
La inversión ha sido notable, 430 millones de pesos, y todo ese dinero hay que ponerlo a reproducirse, no es posible enterrarlo como botijuela.
La publicación Las corridas de toros, conservadas por El Seibo, pasan ahora a otro nivel apareció primero en El Día.


