Este artículo fue publicado originalmente en El Día.
El 8 de mayo de 2025 quedó marcado como una fecha histórica para la Iglesia Católica y para el Perú. Ese día, el cardenal estadounidense-peruano Papa León XIV, nacido como Robert Francis Prevost, fue elegido como nuevo pontífice, convirtiéndose en el primer papa originario de Estados Unidos y en una figura profundamente vinculada al pueblo peruano.
La elección ocurrió durante el segundo día del cónclave celebrado en el Vaticano. Tras la tradicional fumata blanca sobre la Capilla Sixtina, el cardenal Dominique Mamberti anunció el esperado “Habemus Papam”, confirmando a Prevost como sucesor de Papa Francisco.
Sin embargo, más allá de su histórica designación, uno de los momentos que más emocionó a los fieles peruanos ocurrió durante su primer mensaje desde el balcón central de la Basílica de San Pedro. El nuevo pontífice decidió hablar en español para enviar un saludo especial a la Diócesis de Chiclayo, ciudad donde desarrolló gran parte de su labor pastoral.
“Y si me permiten también un saludo a todos aquellos, en modo particular, a mis queridas diócesis de Chiclayo, en el Perú”, expresó León XIV ante miles de personas reunidas en la Plaza San Pedro.

Una vida marcada por Perú
Robert Francis Prevost nació en Chicago en 1955 e ingresó a la Orden de San Agustín antes de ser ordenado sacerdote en 1982. Apenas tres años después llegó al Perú como parte de una misión agustiniana en Chulucanas, iniciando una relación con el país que se prolongó por más de cuatro décadas.
Posteriormente trabajó en Trujillo, donde dirigió el seminario agustiniano y asumió distintas responsabilidades pastorales y formativas dentro de la Iglesia peruana.
En 2014, el papa Francisco lo nombró administrador apostólico de la Diócesis de Chiclayo y un año más tarde fue designado oficialmente como obispo de esa jurisdicción. Ese mismo año obtuvo la nacionalidad peruana, consolidando aún más su vínculo con el país.
Chiclayo, la ciudad que dejó huella en el pontífice
La relación de León XIV con Chiclayo fue uno de los aspectos más recordados tras su elección como papa. Durante casi una década lideró la diócesis local y se ganó el cariño de la población por su cercanía con las comunidades más vulnerables.
Fieles y religiosos destacaron que el entonces obispo recorría constantemente parroquias y pueblos alejados de Lambayeque, incluso desplazándose a caballo para llegar a zonas de difícil acceso. Su trabajo estuvo enfocado en proyectos sociales, programas educativos, apoyo alimentario y asistencia comunitaria.

Su liderazgo también fue clave durante las emergencias provocadas por el fenómeno de El Niño y la pandemia de la COVID-19, etapas en las que impulsó campañas solidarias y acciones de ayuda para familias afectadas.
Tras su elección como pontífice, instituciones peruanas y miles de ciudadanos celebraron su designación. Incluso el organismo de identificación peruano difundió el mensaje: “¡El Papa es chiclayano de corazón!”, resaltando el fuerte vínculo del nuevo líder de la Iglesia Católica con el Perú.

Celebraciones y orgullo peruano
La elección de León XIV provocó celebraciones en distintas regiones peruanas, especialmente en Chiclayo y ciudades del norte del país. Iglesias, plazas y redes sociales se llenaron de mensajes de orgullo y emoción por el histórico nombramiento.
Autoridades, organizaciones y ciudadanos resaltaron que el nuevo pontífice no solo posee nacionalidad peruana, sino que dedicó gran parte de su vida al servicio pastoral y social en territorio peruano, dejando una profunda huella en miles de fieles.
La publicación León XIV, el papa con corazón peruano que dejó huella en Chiclayo apareció primero en El Día.


