Los fantasmas del COVID-19 han vuelto a recorrer puertos, aeropuertos y salas de aislamiento en Europa. Seis años después de la pandemia que paralizó al mundo, un brote de hantavirus detectado a bordo del crucero antártico MV Hondius, de bandera holandesa, ha desatado una alerta sanitaria internacional. Han revivido escenas y temores que parecían enterrados: pasajeros confinados, rastreo de contactos en varios países y comunidades inquietas ante la llegada de un barco con enfermos a bordo.
La Organización Mundial de la Salud (OMS) confirmó ayer jueves cinco casos de hantavirus vinculados al crucero y otros tres sospechosos, mientras varios países siguen la pista a pasajeros que desembarcaron antes de declararse la emergencia sanitaria.
El crucero MV Hondius, operado por la compañía Oceanwide Expeditions, navega actualmente desde Cabo Verde hacia las Islas Canarias, en España, donde está previsto que llegue este fin de semana. Las autoridades españolas han adelantado que el barco no atracará directamente en puerto, sino que permanecerá fondeado mientras se organiza el desembarco controlado y la evacuación sanitaria de los pasajeros.
Hasta el momento, el brote deja al menos tres fallecidos: un matrimonio neerlandés y una ciudadana alemana. La hipótesis principal apunta a que el contagio inicial ocurrió antes del embarque, durante una excursión de observación de fauna en Argentina o el extremo sur de Sudamérica.
Preocupación
La preocupación internacional aumentó este jueves, luego de que dos pasajeros evacuados del crucero y trasladados a Países Bajos dieran positivo al hantavirus. Uno de ellos permanece ingresado en la unidad de enfermedades infecciosas graves del hospital universitario de Leiden, mientras otro es tratado en Nimega.
El virus identificado corresponde a la cepa Andes, la única variedad del hantavirus en la que se ha documentado transmisión entre humanos, un detalle que explica el despliegue preventivo de organismos internacionales y el nerviosismo generado en Europa.
Baja propagación
Aun así, la OMS insiste en que el riesgo de una propagación masiva es bajo. “No es el comienzo de una epidemia. No es el comienzo de una pandemia”, subrayó Maria Van Kerkhove, una de las principales responsables del organismo.
El director general de la OMS, Tedros Adhanom Ghebreyesus, advirtió, sin embargo, que podría aparecer nuevos casos, debido a que el período de incubación del virus Andes puede extenderse hasta seis semanas.
La alerta ha obligado a activar operaciones de rastreo en al menos doce países, después de que 30 pasajeros abandonaran el barco en la isla de Santa Elena, antes de conocerse oficialmente el brote. Reino Unido, Estados Unidos, Canadá, Singapur, Alemania, Suiza y Países Bajos figuran entre los países que monitorean posibles contactos.

En Canarias, el recuerdo del COVID-19 ha alimentado la inquietud ciudadana. En Tenerife, donde se prevé el desembarco, algunos residentes expresaron temor ante la llegada del crucero. “No era nada y después mira”, comentó a AFP un jubilado en El Médano, evocando los primeros días de la pandemia.
Sin embargo, las autoridades sanitarias remarcan que el hantavirus no tiene la capacidad de transmisión del coronavirus. La enfermedad suele contagiarse por contacto con heces, saliva u orina de roedores infectados y los casos de transmisión entre personas son extremadamente raros.
Mientras tanto, la vida a bordo continúa bajo estricta vigilancia médica. La naviera aseguró que actualmente no hay personas con síntomas en el barco y que médicos especializados subieron a bordo para supervisar la situación y preparar las evacuaciones.
El hantavirus es una enfermedad viral transmitida principalmente por roedores infectados. Las personas pueden contagiarse al inhalar partículas en la orina, las heces o la saliva secas de estos animales, especialmente en espacios cerrados. También puede transmitirse por mordeduras o al tocar superficies contaminadas y luego llevarse las manos a la boca.
Los síntomas iniciales suelen parecerse a una gripe fuerte: fiebre, dolor muscular, cansancio, dolor de cabeza y malestar general. En los casos más graves, puede provocar un síndrome pulmonar severo con dificultad respiratoria aguda.


