El terremoto de magnitud 7.4 que sacudió el lunes buena parte de Colombia deja 281 muertos, 3,824 heridos y 379 desaparecidos, mientras la población civil todavía mantiene la esperanza de encontrar supervivientes a la vez que lidia con la emergencia humanitaria desatada por el sismo.
El nuevo balance, divulgado este jueves por el presidente colombiano, Abelardo de la Espriella, cifra en 44,936 familias y 102,105 personas las damnificadas, en un total de 426 municipios de 15 departamentos del país.
El terremoto provocó además 127 edificios colapsados, 65,841 viviendas averiadas y 10,677 destruidas, detalló De la Espriella, que ha preferido centralizar en el Ejecutivo la gestión comunicativa de la tragedia.
El presidente colombiano también anunció los primeros pasos hacia una reconstrucción, para la que convocó al sector privado.
De la Espriella explicó que se ha reunido con las principales empresas del sector de la construcción y con distintos gremios porque este «momento histórico» requiere «del concurso de todos los colombianos» y, en especial, de la «empresa privada«, que ha dado en este «momento aciago» un «paso al frente».
Situación actual
Pasadas ya las 72 horas críticas para encontrar a supervivientes entre los escombros, los equipos de rescate siguen trabajando en las principales ciudades afectadas, como en Cali, donde el personero de la ciudad, Gerardo Mendoza, ha rechazado utilizar maquinaria pesada en los edificios colapsados para priorizar las tareas de búsqueda.
Cali tiene al menos un centenar de fallecidos y decenas de edificios residenciales y comerciales que se desplomaron o sufrieron severos daños. Centenares de familias duermen en carpas por temor de volver a sus casas.
En Manizales, otra de las ciudades afectadas donde fallecieron seis personas, el sismo dejó con riesgo de derrumbe las viviendas de barrios enteros. Según la Alcaldía, hay 1,970 casas con daños parciales y 1,449 inhabitables.
Felipe Varela, un ciudadano que lo perdió todo en el terremoto, aseguró a EFE estar esperando las ayudas gubernamentales: «Todavía no nos han dicho nada, solamente nos tienen censados y estamos esperando a que nos den la ayuda», relata.
Por otra parte, la ayuda humanitaria comenzó a llegar apenas este jueves a Quibdó, la ciudad del departamento del Chocó más afectada por su cercanía al epicentro. Unas 18 toneladas de insumos se empezaron a distribuir entre una población llena de incertidumbre.
En la ciudad, punto de referencia de una de las zonas más empobrecidas de Colombia, los afectados han sobrevivido hasta ahora en base a la solidaridad y las redes de apoyo mutuo.
Ayuda entre controversias
La llegada de ayuda internacional avanza en medio de una polémica por los criterios del Gobierno para autorizar el ingreso de equipos extranjeros especializados en búsqueda y rescate, después de que una brigada del Ejército mexicano quedara por ahora fuera de las operaciones pese a la amplia experiencia de México en este tipo de emergencias.
La presidenta mexicana, Claudia Sheinbaum, explicó este jueves que Colombia exigió una certificación adicional para permitir el despliegue del equipo militar que, según destacó, está certificado y ha participado en operaciones de rescate en 98 países.
La decisión contrasta con la autorización dada a equipos especializados de EE. UU., El Salvador, Ecuador e Israel, aunque Colombia sí ha recibido asistencia mexicana: los rescatistas de los Topos Aztecas llegaron el miércoles a Cali procedentes de Venezuela y México comenzó el envío de 58.5 toneladas de alimentos, agua, medicamentos y otros insumos solicitados por las autoridades colombianas.
Ante los cuestionamientos de que el Ejecutivo de De la Espriella estaría privilegiando la asistencia de Gobiernos políticamente afines, el canciller colombiano, Omar Bula, aseguró que la ayuda se está aceptando «sin ninguna consideración política o ideológica».


