Así es ANKA III, el dron furtivo que alcanza casi 800 km/h y puede lanzar otros drones en pleno vuelo

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Turquía sigue avanzando en el desarrollo de vehículos aéreos no tripulados capaces de operar de forma coordinada, siendo uno de los ejemplos más recientes el dron de combate ANKA III de la compañía Turkish Aerospace Industries, visto en un vuelo mientras transportaba dos drones Süper Şimşek bajo sus alas.

Las imágenes, difundidas por la compañía el pasado 14 de agosto, muestran la evolución de un concepto en el que una aeronave de mayor tamaño puede actuar como una plataforma para desplegar otros vehículos no tripulados. Pero, ¿qué características tiene ANKA III?

ANKA III está diseñado como un dron de combate de ala volante, siendo una configuración que contribuye a reducir su firma radar. Además, según las especificaciones anunciadas por Turkish Aerospace Industries en su página oficial, este dispositivo puede alcanzar una velocidad máxima de alrededor de Mach 0,7 (más de 860 kilómetros por hora, aproximadamente), operar a una altitud de más de 12.000 metros, permanecer en el aire durante unas 10 horas, desempeñar diferentes misiones gracias a su diseño y transportar cargas útiles en sus compartimentos internos.

No obstante, su principal característica es la integración de dos Süper Şimşek, unos drones propulsados por motores a reacción que pueden utilizarse en diferentes escenarios. Dichos dispositivos tienen un alcance operativo de hasta 900 kilómetros, alcanzan Mach 0,85 (más de 1.000 kilómetros por hora, aproximadamente), cuentan con una autonomía de 80 minutos y pueden desempeñar funciones como señuelo o apoyo a operaciones, dependiendo de la configuración y la carga que incorporen.

¿Por qué un dron lleva dentro de sí mismo a otros drones?

Dicha característica pone de manifiesto una de las posibilidades más interesantes de este sistema: utilizar un dron de mayor tamaño como plataforma para transportar y desplegar otros vehículos no tripulados. De esta forma, una misma aeronave puede actuar como punto de partida para diferentes sistemas capaces de continuar la misión de forma independiente.

Sin duda, este planteamiento permite distribuir una misión entre varias plataformas. Por ejemplo, ANKA III podría aproximarse a una determinada zona y desplegar un Süper Şimşek para realizar tareas de reconocimiento, mientras que otros dispositivos podrían ejercer como señuelos para provocar una respuesta de los sistemas de defensa aérea.

No obstante, esto no significa que todas estas capacidades puedan emplearse conjuntamente en una misma misión operativa, debido a que la principal ventaja reside en que ANKA III puede funcionar como una plataforma de despliegue para otros drones autónomos, ampliando así el alcance y la variedad de tareas que pueden realizarse sin necesidad de recurrir a una única aeronave para completar toda la operación.

ANKA III es capaz de operar de forma coordinada

ANKA III realizó su primer vuelo en diciembre de 2023 y, desde entonces, Turkish Aerospace Industries ha ampliado progresivamente sus capacidades mediante diferentes pruebas, entre ellas ensayos con armamento, vuelos autónomos y operaciones coordinadas con otros sistemas no tripulados.

Uno de los aspectos que más interés despierta es precisamente su capacidad para operar de forma coordinada con otras aeronaves. La aviación militar avanza hacia un modelo en el que las plataformas individuales dejan paso a sistemas conectados capaces de compartir información y distribuir las distintas tareas de una misión. En este sentido, ANKA III incorpora tecnologías de cooperación entre aeronaves tripuladas y no tripuladas, además de capacidades de operación en enjambre apoyadas por inteligencia artificial.

Por ahora, Turkish Aerospace ya ha mostrado vuelos en formación de dos ANKA III controlados desde una única estación terrestre, como parte de las primeras pruebas de estas capacidades. Por lo tanto, bajo esta lógica, ANKA III podría convertirse en una plataforma de despliegue para otros vehículos autónomos, transportándolos hasta una determinada zona y liberándolos para que continúen la misión de manera independiente.

Se trata de un concepto que, salvando las distancias, recuerda al funcionamiento de un portaaviones, aunque en este caso la plataforma nodriza también vuela y puede hacerlo a velocidades cercanas a los 800 kilómetros por hora, mientras mantiene un diseño orientado a reducir su firma radar.

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