En medio del dolor, vecinos de Kenscoff, en las afueras de Puerto Príncipe, acudieron este domingo a despedir a cuatro miembros de una misma familia víctimas del ataque de bandas armadas que dejó al menos 47 muertos en esta localidad hace una semana.
La ceremonia se celebró en la Iglesia Bautista Conservadora Kenscoff, donde cientos de vecinos, así como familiares y amigos de las víctimas, acudieron para darles el último adiós.
Familiares, visiblemente afectados por la pérdida de sus seres queridos, criticaron lo que consideran pasividad e inacción de las autoridades ante la violencia de las bandas armadas, a las que responsabilizan de las muertes y de la inseguridad que afecta a la población.
El funeral se celebró una semana después del ataque, mientras la situación de seguridad continúa siendo uno de los principales desafíos que enfrenta Haití, que tiene previsto celebrar elecciones generales el 13 de diciembre de 2026.
Tras la masacre, 60 personas fueron secuestradas, de las cuales fueron liberadas el viernes seis niños y siete mujeres, según informó el Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (Unicef).
En un comunicado emitido tras la liberación del grupo, Yannig Dussart, representante adjunta de Unicef en el país, advirtió de que el secuestro de Kenscoff «no fue un incidente aislado», sino un nuevo reflejo de la magnitud y frecuencia de los ataques contra los niños en Haití.
Asimismo, Unicef recordó que la violencia armada continúa exponiendo a los menores a asesinatos, secuestros y otras violaciones graves, y llamó a los grupos armados a poner fin a los ataques contra los niños que permanecen retenidos y a garantizar su protección.
Haití vive una crisis en todos los aspectos, marcada especialmente por la inseguridad a manos de las bandas armadas, que controlan la mayor parte de la capital.
De acuerdo con datos de la ONU actualizados esta semana, la violencia en Haití causó en los primeros seis meses del año al menos 3.050 muertos y 1.401 heridos.


