Un robot submarino hace historia al regresar solo al barco sin intervención humana

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Un robot submarino ha logrado hacer algo que hasta el día de hoy complicaba mucho las misiones autónomas en el océano: volver al barco sin depender de una persona que lo controle. La compañía estadounidense Impossible Metals ha probado frente a Halifax, en Nueva Escocia (Canadá), un sistema capaz de encontrar, enganchar y recuperar su vehículo Eureka II de forma autónoma. Una demostración que puede abrir la puerta a operaciones submarinas más frecuentes y con menos intervención humana.

Según explican desde la propia compañía y desde Robotics Tomorrow, el Eureka II es un vehículo submarino autónomo preparado para trabajar a profundidades de hasta 6.000 metros. Mide 3,2 metros de largo, 1,95 de ancho y 1,93 de alto, con un peso de 3.950 kilos. Su batería es de 14,4 kWh y posee tres conjuntos de brazos robóticos diseñados para recoger los nódulos minerales del fondo marino.

Para moverse y trabajar bajo el agua, combina sensores, sistemas de navegación robótica y visión artificial, pero lo más interesante de la prueba no es lo que ocurre a 6.000 metros de profundidad, sino lo que pasa cuando llega el momento de volver. Recuperar un robot en mar abierto no es algo fácil, ya que las corrientes, el oleaje y el movimiento constante del barco dificultan que el vehículo pueda colocarse en el lugar exacto para realizar la operación. Por ello, para solucionar el problema, la empresa utilizó un sistema robótico autónomo llamado SmartHook.

Así funciona el proceso

En primer lugar, recurrió al posicionamiento acústico para localizar el vehículo bajo el agua; después, utilizó cámaras y visión artificial para identificar unos marcadores visuales instalados en el Eureka II y ajustar su posición durante la aproximación. Una vez que estuvo correctamente colocado, el SmartHook activó su mecanismo de enganche y aseguró el submarino. A partir de ahí, lo llevó de vuelta a la superficie y posteriormente a la cubierta. La compañía asegura que todo el proceso se completó sin que ningún operador controlara ambos robots.

Es decir, si un vehículo puede trabajar y después ser recuperado sin intervención constante de una tripulación, se reducen los tiempos de espera, por lo que se pueden repetir las operaciones con mayor frecuencia. Con esta prueba pretenden demostrar que también es posible automatizar ese último, pero decisivo paso: menos intervención de la tripulación, menos tiempo de espera y más posibilidades de repetir misiones con los mismos recursos. El objetivo final es pasar de una serie de demostraciones puntuales a operaciones submarinas autónomas y repetibles.

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