Marine Le Pen logró instalar a la extrema derecha como un actor ineludible, al suavizar su imagen sin renunciar a su programa, pero una condena se interpuso en el camino que la acercaba a la presidencia de Francia.
La política de 57 años volvió este martes a los tribunales con «un estado de ánimo de esperanza» para intentar anular en apelación la condena a cinco años de inhabilitación inmediata por malversación de fondos públicos europeos, impuesta en marzo.
Hasta entonces, parecía tener todo a favor para hacerse con las llaves del Elíseo en 2027, más de una década después de heredar las riendas del partido histórico de la extrema derecha de su padre Jean-Marie Le Pen.
Sin un candidato claro del oficialismo a suceder al actual presidente centroderechista Emmanuel Macron en los comicios, su rival en los balotajes de 2017 y 2022 aparecía en posición de fuerza en los sondeos.
Le Pen vio además cómo sus ideas contra los migrantes ganaban terreno en una Francia cada vez más derechizada, pero también en un mundo donde los populistas ganan terreno, como en Italia, Hungría, Chile y Estados Unidos.
«Soy un gran partidario de la candidatura de Marine Le Pen«, dijo la semana pasada a la cadena France 2 Steve Bannon, el exconsejero del presidente estadounidense Donald Trump, para quien su elección en Francia ayudaría a «matar a la UE«.
Esta abogada de formación, de inconfundible melena rubia, construyó su ascenso sumando las principales preocupaciones de los franceses como la seguridad o el poder adquisitivo al tradicional discurso antimigrantes de su partido.
De forma metódica, la actual diputada francesa logró desprenderse del pasado racista y antisemita de su padre Jean-Marie Le Pen, de quien heredó en 2011 el mando del Frente Nacional (FN), rebautizado en 2018 Agrupación Nacional (RN).
Sus esfuerzos por la normalización la llevaron incluso a expulsarlo en 2015 del partido que fundó, una decisión que «nunca» se perdonará, afirmó poco después del fallecimiento del patriarca hace un año.
Imagen popular
Nacida el 5 de agosto de 1968 en Neuilly-sur-Seine, una ciudad acomodada al oeste de París, buscó en los últimos años dar una imagen popular, con visitas a mercados, subida en tractores o con entrevistas íntimas.
En estas últimas, suele presentarse además como una agricultora, criadora de gatos, en un intento de normalizar su imagen y socavar el «frente republicano» de partidos en su contra en la segunda vuelta.
Desde su feudo de Hénin-Beaumont, en la otrora próspera cuenca minera del norte de Francia, se presentó como una «madre de familia» dispuesta a defender a los franceses más «vulnerables«.
Pero a su vez abogaba por reservar las ayudas sociales a los franceses y acabar con la reagrupación familiar de los migrantes, así como por combatir la «ideología islamista» o prohibir el velo en el espacio público.
A nivel internacional, la invasión rusa de Ucrania en 2022 le hizo distanciarse del presidente ruso, Vladimir Putin, y progresivamente dejó atrás los reclamos más polémicos de su partido, como la salida de Francia del euro.
Consagración última de su estrategia, Serge y Beate Klarsfeld, famosos cazadores de nazis, consideraron en 2024 que RN evolucionó «positivamente» respecto a los «judíos» y al «apoyo a Israel«, por lo que, en su opinión, se volvió frecuentable.
Muerte política
Marine Le Pen, de carácter firme y ojos claros, se presenta como una «mujer moderna» y soltera. Esta madre de tres hijos se divorció dos veces.
Pese a la inhabilitación, no bajó los brazos, pero si no logra dar marcha atrás a esa «decisión política», en sus propias palabras, ya dejó entrever que su sucesor en la presidencial sería Jordan Bardella, el popular y joven presidente de RN de 30 años.
La estrategia ya empezaron a prepararla desde el primer juicio, al denunciar una justicia que quiere su «muerte política«.
«Sería muy preocupante para la democracia que la justicia privara a los franceses de una candidata» que «hoy aparece como favorita», dijo el lunes Bardella, a quien los sondeos dan actualmente mejores resultados en los comicios que Le Pen.


