Este artículo fue publicado originalmente en El Día.
Santo Domingo.-Hay algo que Orlando González repite sin pudor y que, en el paisaje político dominicano, suena casi a provocación: nadie en la dirección del Frente Amplio cobra un peso por su trabajo partidario. Ni él, que es el secretario general. Ni los compañeros que recorren los 158 municipios del país tratando de reconstituir comités.
El partido recibe de la Junta Central Electoral apenas 300,000 pesos mensuales, que se van en mensajeros, luz y alquiler del local.
A veces, si queda algo, en saldar la deuda de electricidad de algún comité provincial.
Mientras conversa en la redacción del periódico EL DÍA, González tiene el talante de quien lleva años aprendiendo a hacer mucho con poco.
Docente de la Universidad Autónoma de Santo Domingo, abogado en ejercicio , aunque reconoce que lo tiene “un poco paralizado” por falta de tiempo, padre de familia y, desde el 15 de junio de 2025, el hombre encargado de la vida interna de una de las organizaciones de izquierda más activas del espectro político nacional.
Describir un día ordinario en sus funciones no resulta sencillo.
El trabajo, explica, está departamentalizado: la secretaría de organización lleva el peso de la reestructuración de comités, la secretaría general fiscaliza las finanzas sin ejecutarlas directamente, y la vida cotidiana transcurre entre llamadas, comunicaciones con la Junta Central Electoral y la atención a los compañeros que llegan con sus asuntos.
“Regularmente llego primero al partido, en la tarde voy a la docencia”, resume González.
Una rutina que habla de un militante que ordena sus prioridades de adentro hacia afuera.
El mayor reto de estos primeros meses en el cargo, admite, ha sido conocer la estructura nacional desde la capital: “Tratar de ayudar a cada comité municipal o de distrito a llevar a cabo las decisiones políticas”.
Presencia
El Frente Amplio dice tener presencia en cerca del 75 % de los municipios y en unos 175 de los 238 distritos municipales del país, pero González es honesto al distinguir entre presencia y fortaleza: “En uno muy buena presencia, en otro tenemos presencia menos pronunciada”.
Mapa desafío electoral
Con miras al ciclo electoral de 2028, el partido lanzó en marzo de este año una campaña de reestructuración de comités y afiliación de nuevos miembros que se extenderá hasta agosto. La lógica es precisa: pasado ese mes, comienzan las dinámicas propias de las campañas internas, las discusiones sobre candidaturas y la proyección pública de cara al torneo.
El tema del financiamiento es la grieta más difícil de salvar.
González no esquiva el diagnóstico: “No hay equidad. Es inequitativo cuando un partido recibe 600 millones de pesos para una participación electoral, mientras que otro recibe 2 millones”.
La consecuencia, dice, es estructural y deliberada: “Mientras más fondos reciben y tienen la ley a su favor, tienen razones para ser mayoritarios”.
Pero la estrategia del Frente Amplio no pasa por lamentarse de la asimetría. Pasa por apostar a la estructura como sustituto del dinero.
“Nunca hemos puesto la divisa dinero como un elemento fundamental sin el cual no podemos actuar”, afirma.
Y agrega, con la convicción de quien ya lleva años en esto: “La política nos permite actuar”.
González tiene un diagnóstico articulado sobre el sistema político dominicano que va más allá de la queja partidaria. Para él, la crisis de democracia no está solo en los partidos, sino en las propias leyes que regulan la participación.
Pone un ejemplo concreto: la iniciativa legislativa popular está consagrada en la Constitución, pero para ejercerla se exige el respaldo del 2 % del padrón electoral.
En las elecciones de 2024, eso equivalía a más de 170,000 firmas.
“Es más complicado conseguir ese apoyo que solicitar el reconocimiento de un partido”, dice. Y añade, con una frase que funciona como síntesis de su visión: “Las leyes están hechas por los sectores que gobiernan en ese momento y las hacen conforme a sus intereses”.
Sobre la reciente ley que restringe las candidaturas independientes, aprobada con apoyo de los partidos mayoritarios, González es directo: “Es otra expresión de la actitud antidemocrática del sistema. Es una forma de protegerse. Mientras menos posibilidades de que alguien participe, más posibilidades de ellos repetir y permanecer en los puestos”.
Gobierno bajo la lupa
La mirada del Frente Amplio sobre la gestión actual del presidente Luis Abinader es crítica en lo esencial. González apunta al modelo económico como el nudo central: una economía sustentada en servicios, turismo y remesas, sin producción nacional robusta, que se sacude ante cualquier turbulencia externa.
“La manifestación de la crisis aquí se nota como si estuviéramos al lado de Irán, como si estuviéramos recibiendo bombardeo”, grafica. El diagnóstico sobre corrupción e impunidad es igualmente severo. Y aboga por reglas migratorias transparentes y permanentes, no estacionales.
Una dirigencia política que viene del activismo
Jóvenes. El gran reto generacional no le es ajeno. González reconoce que captar jóvenes es “el desafío no sólo de nosotros, sino de toda organización política”.
La respuesta que ofrece el Frente Amplio no es una campaña de mercadotecnia, sino una apuesta más lenta y estructural: demostrar que hay organizaciones con un norte distinto al clientelismo.
La propia dirigencia del partido, señala, viene del activismo social. González fue dirigente estudiantil en sus años universitarios y presidente de la organización Juventud Caribe. Otros cuadros provienen del movimiento popular.
La publicación Sin salario ni millones: la apuesta del Frente Amplio para el 2028 apareció primero en El Día.


