Barcelona construye un sistema para reutilizar el agua del subsuelo y reducir el consumo: así funciona

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El problema de la sequía está provocando que muchas ciudades tengan que replantearse la forma de gestionar uno de sus recursos más valiosos, como es el agua. Al existir restricciones de consumo, cada vez cobran mayor importancia las infraestructuras capaces de sacar el máximo partido a los recursos que te da la propia naturaleza. En este contexto, Barcelona acaba de completar una ampliación de un sistema diseñado para reutilizar el agua freática, la que se acumula en los poros y grietas del subsuelo, en servicios municipales y reducir así el consumo de agua potable.

Tal y como informan desde el Ayuntamiento de la ciudad, se ha invertido cerca de 23 millones de euros en ampliar esta red dentro del Pla Endreça y del Pla Clima. Lo que pretenden es aumentar en un 20% la disponibilidad de agua freática para usos que no requieran de agua potable: riego de parques y jardines, la limpieza de calles, alcantarillado o el funcionamiento de las fuentes que utilizan el agua a modo de elemento estético.

Cómo funciona el sistema

Explican que funciona como una red de captación, almacenamiento y distribución. El agua freática se recoge y almacena en depósitos subterráneos para después transportarla mediante una red específica de tuberías hasta los puntos donde haga falta. Así, estos servicios dejan de depender de la red de agua potable, lo que permite reservarla para exclusivamente el consumo humano y reducir su uso durante las temporadas de sequía.

La ampliación se ha realizado en la montaña de Montjuïc con la construcción de tres nuevos depósitos subterráneos. El principal, situado junto al castillo de Montjuïc, tiene la capacidad para 1.200 metros cúbicos, mientras que los otros dos, de 600 metros cúbicos cada uno, se encuentran situados en el Vivero de Tres Pins y en los jardines de Joan Brossa. Calculan que entre los tres aportarán unos 50.000 metros cúbicos adicionales de agua freática al año.

La obra en sí también ha supuesto un gran reto para la ingeniería, ya que la dureza de la roca de Montjuïc hizo excavar un túnel horizontal de 65 metros de longitud y dos metros de diámetro para acceder a la cámara técnica y el sistema de ventilación del depósito principal, para también al mismo tiempo minimizar el impacto sobre el entorno.

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