De entrada el papel desempeñado por la selección de béisbol es una vergüenza para el país que produce más peloteros de calidad después de los Estados Unidos.
No valen las excusas y es oportuno recordar a los Indios de Cleveland que traspasaron en 1962 al receptor Harry Chiti a los Mets a cambio de un “jugador por determinar”. Cuando llegó la fecha límite, ese jugador misterioso resultó ser el propio Chiti, quien jugó para el Escogido en 1955-56 siendo bautizado por “El Dinámico” Rafael Rubí como el “Camión de la Carne”.
Su breve paso por Nueva York, en tan solo 15 partidos, había sido tan desastroso que los Mets lo utilizaron para completar su propia transacción, convirtiéndose así en el primer jugador en la historia de las Grandes Ligas en ser oficialmente intercambiado por sí mismo.
Algunos de los datos más insólitos del béisbol giran en torno a cómo aspectos fundamentales del juego se establecieron por tragedia o necesidad.
Tragedias de béisbol
En 1920, el campocorto de Cleveland, Ray Chapman, estaba al bate frente al lanzador de los Yankees, Carl Mays. En aquella época, los lanzadores solían raspar, cortar y aplicar jugo de tabaco a las pelotas de béisbol para que se movieran de forma errática. Era tarde, y la pelota estaba completamente manchada de marrón por la suciedad y el uso. Chapman no reaccionó al lanzamiento que le golpeó en la cabeza; los testigos creen que simplemente no pudo verlo venir de la penumbra. Murió 12 horas después, convirtiéndose en el único jugador en fallecer a causa de una lesión sufrida durante un partido de la MLB.
La muerte de Chapman provocó cambios inmediatos y permanentes en el deporte. La liga prohibió el lanzamiento con saliva y exigió que los árbitros reemplazaran constantemente las pelotas sucias por otras blancas y limpias para garantizar la visibilidad.
Otra característica permanente del juego moderno —las dramáticas señales manuales que usan los árbitros— fue influenciada en gran medida por un solo jugador.
William Ellsworth “Dummy” Hoy fue un talentoso jardinero central que jugó de 1888 a 1902. Hoy perdió la audición a causa de una meningitis cuando era niño. En aquel entonces, los árbitros solo gritaban sus decisiones. Como Hoy no podía oír si un lanzamiento era strike o bola desde la caja de bateo, ni si un compañero era eliminado desde su posición en el jardín, trabajó con árbitros y entrenadores para desarrollar una serie de señales manuales. Hoy en día, cada puño derecho levantado para un strike y cada brazo extendido para “safe” tienen su origen en un jugador sordo del siglo XIX que intentaba seguir el juego.


