Los investigadores de la Fundación Nacional de Ciencias de Estados Unidos han obtenido la imagen con mayor resolución hasta la fecha de la superficie visible del Sol, observando unos patrones en espiral en gases solares sobrecalentados que recuerdan a los remolinos de la obra artística ‘La noche estrellada’ de Vincent van Gogh.
Para conseguir esta toma, los investigadores hicieron observaciones de una porción de la fotosfera solar con el Telescopio Solar Daniel K. Inouye y, como resultado, las imágenes fijas y el vídeo en cámara rápida revelaron remolinos de plasma caliente en constante crecimiento, teniendo en cuenta que sus diámetros miden desde 19 kilómetros hasta unos 170 kilómetros.
Con esta imagen e información, los investigadores pueden aportar estudios sobre los procesos físicos subyacentes que influyen en la dinámica del Sol y otras estrellas, incluidas las erupciones de la superficie solar que pueden interferir con el funcionamiento de los satélites, las redes eléctricas, las comunicaciones globales en la Tierra y la navegación GPS.
¿Qué significan los patrones espirales del Sol?
La agencia Reuters señala que estos patrones circulares representan la primera detección de la inestabilidad de Kelvin-Helmholtz (IKH) en la superficie de una estrella. Se trata de un fenómeno que aparece cuando dos corrientes de fluidos o gases se desplazan en paralelo a diferentes velocidades, generando una interacción que puede provocar la aparición de vórtices. El astrónomo Friedrich Wöger explica a la agencia que la zona de contacto entre ambos fluidos puede volverse inestable y desarrollar ondas que aumentan progresivamente de tamaño hasta romperse, de una forma similar a las olas que se forman en un lago o en el océano cuando sopla el viento.
Aunque este fenómeno también puede producirse en la Tierra, donde da lugar a unas características nubes con forma de remolino, su presencia es poco habitual. Asimismo, se han detectado estructuras similares en las atmósferas de planetas gigantes gaseosos como Júpiter y Saturno. Sin embargo, en el caso del Sol, las condiciones son muy diferentes, ya que los dos fluidos implicados están formados por plasma a temperaturas de unos 5.540º y se mueven dentro de un intenso campo magnético, un entorno que favorece el desarrollo de esta inestabilidad.
Cabe mencionar que la importancia de este fenómeno va más allá de su aspecto visual, debido a que la inestabilidad de IKH puede distorsionar el campo magnético del Sol y generar energía que, en determinadas circunstancias, podría liberarse de forma repentina, contribuyendo a fenómenos explosivos en la actividad solar. Por tanto, estudiar estas estructuras permite comprender mejor cómo se comporta el plasma en la superficie solar y cómo se producen algunos de los procesos que alimentan la actividad de nuestra estrella.
También, los constantes movimientos de torsión asociados a la KHI pueden acumular la energía necesaria para desencadenar fenómenos como las eyecciones de masa coronal y las erupciones solares. Precisamente por ello, Friedrich Wöger considera que la detección de esta inestabilidad en el Sol supone «un verdadero cambio» y abre una nueva vía para comprender cómo el Sol genera y transfiere energía a su atmósfera.


