Jensen Huang no quiere levantar el pie del acelerador. Mientras los responsables de Anthropic y OpenAI reclaman moderar el desarrollo de los modelos de inteligencia artificial más avanzados, el consejero delegado de Nvidia considera injustificadas las advertencias de que esta tecnología pueda acabar con la humanidad al terminar la década. Su posición coincide con la de Donald Trump y añade una voz especialmente influyente al enfrentamiento: la del empresario cuya compañía suministra buena parte de los chips que sostienen esta carrera.
En una entrevista con CBS News, Huang situó en el “cero por ciento” la posibilidad de un fin del mundo provocado por la IA para 2030.
Huang reconoce que puede tener usos peligrosos, pero considera que las predicciones de extinción carecen de fundamento científico. Según recoge Fast Company, cuestiona además las motivaciones de quienes las difunden y plantea posibles intereses políticos o de notoriedad.
El debate se ha intensificado durante septiembre: Dario Amodei, de Anthropic, y Sam Altman, de OpenAI, han coincidido en reclamar más cautela. Elon Musk y Demis Hassabis también han respaldado mayores controles, aunque sus propuestas y compromisos no son idénticos.
La posición del responsable de Nvidia combina velocidad y responsabilidad empresarial. Defiende avanzar todo lo posible, pero sostiene que las compañías no deben comercializar productos inseguros o que todavía no estén preparados. Para Huang, mantener el ritmo de desarrollo resulta compatible con exigir seguridad antes del lanzamiento, que es la misma postura que sostiene, por ejemplo, Mark Zuckerberg, CEO de Meta.
Su respuesta pasa por pruebas, evaluaciones, verificación y estándares, y pone la aviación comercial como referencia. También reclama aplicar primero las normas existentes sobre ciberseguridad y responsabilidad por daños. Su argumento es que los problemas concretos deben abordarse con herramientas prácticas, sin permitir que los escenarios más extremos desplacen las obligaciones que las empresas ya tienen.
Esa oposición a nuevos controles conecta con la postura de Trump. El presidente estadounidense ha rechazado las llamadas a ralentizar la IA y ha situado la competencia con China en el centro de su respuesta: teme que cualquier freno permita a Pekín recortar distancias.
La propuesta de Amodei, sin embargo, tiene más matices que una simple paralización. En su ensayo We Must Pace the Frontier, el responsable de Anthropic pide acompasar el aumento de capacidades con los avances necesarios para supervisarlas. Plantea evaluadores independientes dentro de los laboratorios, coordinación entre compañías y, posteriormente, acuerdos internacionales. Su objetivo declarado es ganar tiempo para reforzar la seguridad sin renunciar al progreso técnico.
Parar o no parar la IA
En este enfrentamiento, la posición económica de Nvidia resulta relevante. Sus procesadores alimentan la infraestructura con la que se entrenan y ejecutan modelos. Según sus resultados del trimestre terminado el 26 de julio, el negocio de centros de datos ingresó 89.000 millones de dólares, un 117% más interanual. La expansión de la IA tiene una traducción directa en sus cuentas.
La cuestión pendiente es si las garantías que Huang considera suficientes pueden seguir el ritmo de los sistemas más potentes.


