Este martes cinco de mayo salió de la cárcel Mario José Redondo Llenas. Estuvo 30 años preso, pena que recibió por el asesinato de su primo, José Rafael Llenas Aybar, de 12 años.
Su salida de prisión generó gran expectativa en la sociedad por el impacto que causó el caso, debido a la brutalidad con que se cometió el crimen: el niño recibió 34 puñaladas.
Además de las declaraciones que Redondo Llenas ofreció a la prensa, en las cuales pidió perdón a su familia y a la sociedad por el acto que cometió, otro punto fue foco de gran atención. Se trató de la presencia de un joven detrás suyo que actuaba como una especie de guardaespaldas, atento a cada movimiento y palabra que pronunciaba el ahora exrecluso.
Pero no solo por eso causó curiosidad, sino por el gran parecido entre ambos. Se podría decir que su rostro es el mismo que tenía Mario Redondo Llenas para la fecha en que fue sentenciado.
Se trata de su hijo. Se llama Daniel, y tiene 21 años.
El parentesco fue confirmado a Diario Libre por el abogado de Redondo Llenas, Dionisio Ortiz. El togado dijo que Redondo Llenas solo tiene ese hijo, el cual llamó la atención, pues no se había confirmado su existencia.
El exconvicto ahora tiene 49 años, lo que indica que su hijo nació cuando tenía 28. No ofreció el nombre de la madre.
Durante el tiempo que su padre permaneció en el lugar y habló con la prensa, el joven no pronunció palabras. Solo observaba en actitud vigilante. Es más alto que su padre y también vestía camisa rosada.
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El caso que estremeció la sociedad
Mario Redondo Llenas ingresó a prisión el 5 de mayo de 1995, un día después del secuestro y asesinato del niño. En ese tiempo quedó bajo custodia judicial por la sospecha de su participación en el crimen que estremeció a la sociedad dominicana por la saña con la que se cometió y por tratarse de un pariente suyo. Fue sentenciado a 30 años de reclusión, pena máxima. La condena irrevocable la dictó la Cámara Penal de la Suprema Corte de Justicia en el 2006, diez años después del hecho. Cumplió su condena en el Centro de Corrección y Rehabilitación (CCR) Najayo Hombres, ubicado en la provincia San Cristóbal, de donde salió este martes. En varias ocasiones trató de obtener la libertad, pero la justicia siempre los rechazó.
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Por el caso también cumplió 20 años de cárcel Juan Manuel Rodríguez Moliné. Salió de prisión el 5 de mayo de 2016 luego de cumplir su sentencia completa. Estaba en el mismo recinto que Redondo Llenas. Cuando llegó a su casa habló a la prensa y luego ha mantenido un perfil bajo en la sociedad.
Hoy, al cumplir una condena de 30 años, me presento ante ustedes con tres ideas esenciales. Arrepentimiento, respeto y vocación de servicio.
Lo primero que quiero expresar es mi arrepentimiento profundo. No es algo nuevo en mí. Frente a Dios, cada día pido perdón. Así lo he hecho durante todos estos años. Esta es la única herramienta que me ha permitido llevar la carga de conciencia por los hechos que cometí.
Hoy, nuevamente, pido perdón a mi familia, víctimas directas de mis hechos y a la sociedad afectada por mi comportamiento. Quiero dejar claro mi respeto absoluto. Respeto por el dolor que he causado. Respeto por quienes han sufrido las consecuencias de mis actos. Respeto por las instituciones y por la sociedad que legítimamente exigió justicia.
Hoy afirmo mi vocación de servicio. Me coloco frente a todos con la esperanza de que el tiempo vivido, lo aprendido, lo pensado, lo reflexionado y lo practicado en los centros penitenciarios donde he estado recluido, no haya sido en vano.
Lo que hoy siento no se representa con palabras. El carácter infinito de agradecimiento por lo que este proceso ha construido en mí, como lo siento, será evidenciado con mi conducta. Y a partir de ahora intentaré que sea la manifestación concreta del compromiso de ayudar a reparar el daño causado, apoyando a los privados de libertad en sus procesos de reeducación.
Durante estas tres décadas he estado marcado por el esfuerzo constante de transformación. Participé en procesos educativos desde la alfabetización hasta el nivel universitario. Serví como estudiante, como facilitador de conocimiento y en algunos casos como guía, como compañero de mis compañeros.
Trabajé en proyectos agrícolas donde encontré sentido en el trabajo productivo. Fui testigo de la evolución del sistema penitenciario y del impacto de la educación dentro de él. Completé estudios en Derecho, también tengo una licenciatura en Ciencias y Letras, así como perito en Ciencias Agronómicas.
Nada de esto borra el daño causado. No lo pretende. Pero sí evidencia que el tiempo puede ser utilizado para construir, para reflexionar, para cambiar.
Hoy salgo convencido de que no tendré una forma de reparar completamente lo ocurrido. No existe una forma. Esa es mi deuda moral permanente. Aún con esa carga, elijo vivir desde el servicio y la responsabilidad.
Luego, cuando el tiempo y las circunstancias lo permitan, me pondré a disposición de los espacios académicos, profesionales e institucionales que consideren que mi historia, la historia completa, puede aportar herramientas para construir mecanismos que ayuden a mejorar el sistema y con ello a la sociedad.
A las autoridades del sistema penitenciario, mi respeto y reconocimiento. Agradezco a quienes me acompañaron en este proceso. Familia, educadores, personal penitenciario, comunidades de fe y todas las personas que creyeron en la posibilidad de cambio.
Estoy aquí con respeto, humildad y disposición de escuchar, responder y seguir aprendiendo. Muchas gracias.


