Aprender del conocimiento ancestral es clave para la producción de papa sostenible, sin sobreproducción y sin plagas, explica a EFE Vivian Polar, la directora para América Latina del Centro Internacional de la Patata, con sede en Lima (Perú), con motivo del Día Internacional de la papa, que se celebra cada 30 de mayo.
El tema este año es «Donde crecen las patatas, prosperan los medios de vida», poniendo de relieve su papel en el fortalecimiento de los medios de vida de los agricultores y de los actores de la cadena de valor desde las tierras altas de los Andes hasta África, Europa y Asia, según la página web de la ONU.
La papa para los agricultores andinos no es solamente comida; es parte de su memoria ancestral, de su identidad y del paisaje, asegura Polar, y solo en Perú existen más de 4,000 variedades nativas del tubérculo.
Actualmente existe una sobreproducción de patata extendida a nivel mundial, lo que puede acarrear «muchísimos problemas», como el agotamiento de los nutrientes de los suelos, mayor erosión, reducción de la biodiversidad de la zona o problemas de salud por la sobreexposición a pesticidas, alerta a EFE la investigadora de Historia de los Alimentos Americanos del Instituto de Historia del CSIC español Vanessa Quintanar.
Junto a los tres «grandes cereales» (el maíz, el trigo y el arroz), ilustra Quintanar, la producción actual de la papa se estima en casi 400 millones de toneladas, con China e India como principales productores.
La investigadora alerta de que ese dato «tan brillante» es inquietante al mismo tiempo, pues podría llevar a este alimento a «morir de éxito» hundiendo los precios por debajo de los costes, lo que dejaría a los productores sin apenas ganancias
Ambas expertas coinciden en que es «urgente» apostar por modelos agrícolas menos intensivos que no pongan en riesgo el equilibrio medioambiental, y aquí es donde es clave el papel de las comunidades andinas y sus conocimientos ancestrales —sobrevivían a condiciones extremas de altitud, meteorólogas e incluso a plagas—, así como el fomento de la participación de los jóvenes.
Fomentar la conexión de los jóvenes con sus ancestros
Los jóvenes de las regiones andinas, menciona Polar, se interesan cada vez menos por estas tradiciones. Padres e hijos manifiestan que quieren «mejores ingresos» para poder ir a la ciudad y tener «mejores condiciones de vida».
Mejores condiciones que las de las zonas rurales, que actualmente en muchos casos carecen de WiFi, tienen agua potable limitada, acceso a la electricidad escaso en algunas regiones y dificultad de acceder a la educación, a la salud o a otros servicios.
«En ese sentido, estamos trabajando bastante desde el Centro Internacional de la Papa con varias instituciones en Perú, Ecuador y Bolivia para fomentar la participación integral de los jóvenes, el rescate del conocimiento ancestral y el que ellos también puedan sentirse orgullosos de esa su cultura», afirma Polar.
El poder del conocimiento ancestral
«La patata inicia su domesticación hace aproximadamente 8,000 años en América, que siguió múltiples ciclos creativos realizados por los propios productores de los Andes, hasta identificar variedades que se adaptarán mejor a sus condiciones climáticas», reconstruye Polar.
Ahora, con la producción intensiva, llegan los riesgos del monocultivo: «Cuando cultivas una sola variedad, puede haber problemas de erosión, de plagas y de contaminación del agua por plaguicidas».
Por eso es importante rescatar las estructuras productivas de los antiguos habitantes de los Andes, que producían «muchísima papa de formas diferenciadas, no solo una variedad», lo que permitía conservar alimento cuando había «eventos adversos, como heladas, granizadas o sequías desmedidas».
No todas las papas se comportan de igual manera, según Polar: «Algunas resisten mejor las condiciones, algunas definitivamente perecerán y otras aprovecharán las condiciones adversas para tener mayor producción«.
Polar resalta el chuño, un proceso de elaboración ancestral de conserva propio de las regiones altas: «Lo que hacían era subir la papa a lo alto del cerro, y cuando caían las heladas más fuertes de julio, dejaban que se congelasen. Al día siguiente, las mujeres iban y pisaban las papas, las quebraban para que chorreara el agua interna y luego las dejaban al sol para secar. Ese secado de papa se vuelve de color oscuro, casi negro, y al estar deshidratado te puede durar años y hasta décadas«.
Quintanar, por su parte, destaca lo «valioso» de que existan “tesoros alimentarios”, como la papa Cacho de Toro (o papa Wencco), que conocen y disfrutan las comunidades andinas de Perú y Bolivia.
«La sostenibilidad no es solamente producir más, no es conservar la diversidad genética solo en un banco de semillas, sino hacerlo a través de los usuarios del material y su conocimiento cultural ancestral«, zanja Polar.


