La segunda etapa de un cohete Falcon 9 de SpaceX ha impactado contra la superficie de la Luna. La NASA lo ha confirmado a través de un vídeo publicado en su cuenta oficial de X, en el que la científica lunar Kelsey Young, del Centro Goddard de Vuelos Espaciales, explica que el suceso no representa ningún riesgo ni para la Tierra ni para las misiones que operan actualmente en nuestro satélite.
El objeto pertenecía al lanzamiento realizado en enero de 2025 que permitió enviar a la Luna el módulo de aterrizaje Blue Ghost Mission 1, de Firefly Aerospace, dentro del programa Commercial Lunar Payload Services (CLPS) de la NASA. Tras completar su misión, la etapa superior quedó en una órbita alrededor del sistema Tierra-Luna hasta que una combinación de actividad solar y fuerzas gravitatorias modificó su trayectoria y la condujo finalmente hacia la superficie lunar.
En el vídeo, Young aclara que la agencia no planificó deliberadamente que esta etapa superior terminara impactando contra la Luna. «No planeamos deliberadamente que esta etapa superior impactara contra la Luna», explica la científica, que añade que el objeto acabó siguiendo esa trayectoria como consecuencia de la evolución natural de su órbita.
La portavoz también recuerda que hacer impactar hardware contra la superficie lunar al final de su vida útil es una práctica técnicamente aceptada en determinadas operaciones espaciales, ya que constituye un método predecible y rastreable para retirar equipos que ya no pueden utilizarse.
¿Por qué no regresó a la Tierra?
En la mayoría de las misiones del Falcon 9, la segunda etapa realiza una maniobra para reentrar en la atmósfera terrestre y desintegrarse de forma controlada.
Sin embargo, los lanzamientos con destino a la Luna necesitan emplear prácticamente todo su combustible para abandonar la órbita terrestre, por lo que en algunos casos esa maniobra ya no es posible. La etapa queda entonces en una órbita que puede evolucionar durante meses o incluso años debido a la influencia gravitatoria de la Tierra, la Luna y el Sol. En este caso, esa evolución terminó llevando el objeto hasta la superficie lunar.
Un impacto de gran interés para la ciencia
Aunque pueda parecer un simple episodio de basura espacial, el impacto ofrece una oportunidad científica poco habitual. A diferencia de los meteoritos que alcanzan la Luna de forma natural, los investigadores conocían con bastante precisión la masa del objeto, su velocidad, su trayectoria y el momento aproximado del impacto. Eso permitirá comparar los modelos teóricos con el cráter que haya dejado sobre la superficie cuando pueda fotografiarse.
Las observaciones realizadas desde Chile ya detectaron una nube de material levantada por el choque, una de las evidencias que han permitido confirmar que el impacto se produjo tal y como predecían los cálculos orbitales.
Pese a la confirmación del impacto, todavía no se han publicado imágenes del nuevo cráter. Ahora serán los orbitadores que estudian la Luna los encargados de localizar el punto exacto del choque y fotografiar sus consecuencias. Esas imágenes permitirán medir el tamaño del cráter y comparar el resultado con las simulaciones realizadas antes del impacto.


