En 1972, una mujer sueca llamada Lena Forsén aceptó un trabajo como modelo para el fotógrafo Dwight Hooker para Playboy. La famosa revista publicó en el número de noviembre -en las páginas centrales- su foto: ataviada con poco más que un sombrero y unos botines de tacón, una jovencísima Söderberg posa desnuda frente a un espejo de cuerpo entero, agarrando una boa de plumas y mirando por encima de un hombro.
Algunos meses más tarde, Alexander Sawchuk, profesor de Ingeniería del Instituto de Procesamiento de Señal e Imagen de la Universidad del Sur de California, estaba buscando una imagen para probar un nuevo software de compresión de imágenes que conduciría al JPG. Y como era la década de los 70 y aquel laboratorio estaba lleno de hombres -y solo hombres- encontró entre los papeles de encima de la mesa el número de la revista Playboy de noviembre.
La prueba con Lena funcionó perfectamente y el laboratorio distribuyó copias de su imagen comprimida con éxito, que luego otros programadores utilizaron para probar sus propios algoritmos. Y así la cara de ‘Miss Playboy November 1972’ se convirtió en una de las imágenes digitales más utilizadas en la historia de la tecnología. La foto se utilizó para probar todo tipo de nuevos procesos, desde compresión de imágenes hasta eliminación de ruido.
Años después, los propios ingenieros han comentado que, aparte del “poderoso contacto visual de Lena”, la imagen “tenía un color, textura e iluminación más que interesantes”, convirtiéndola en “una captura de prueba de lo más convincente para la compresión y transmisión digital”.
Y aunque aquellos ingenieros envejecieron, la foto de la joven Söderberg permaneció para siempre inalterable, sin que la propia protagonista hubiera elegido que una parte de su foto para Playboy se convirtiera en la imagen oculta que está presente en casi todas las imágenes digitales que hayas visto.
De imagen de prueba universal a una fotografía que la ciencia ha decidido retirar
En 2019 nació el documental Losing Lena con una petición muy concreta: que la fotografía dejara de utilizarse como imagen de prueba en informática y que su historia sirviera, además, para poner sobre la mesa las barreras que durante décadas habían hecho que muchas mujeres no se sintieran bienvenidas en el sector tecnológico.
La campaña tuvo una repercusión considerable. Según los datos recopilados por The One Show, el documental fue visto por millones de personas, decenas de miles firmaron su petición y cientos de universidades y empresas tecnológicas se comprometieron a dejar de utilizar la imagen de Lena en sus clases, investigaciones y pruebas.
Pero el abandono de la fotografía no comenzó con el documental. Ya en diciembre de 2018, Nature Nanotechnology había pedido a sus autores que utilizaran imágenes alternativas, al considerar que la historia de Lena chocaba con los esfuerzos por atraer a más mujeres a la ciencia y la ingeniería.
El paso más simbólico llegaría varios años después. Desde el 1 de abril de 2024, la IEEE Computer Society dejó de aceptar nuevos manuscritos que incluyeran la imagen de Lena, poniendo fin a décadas de presencia de la fotografía en buena parte de la literatura académica relacionada con el procesamiento de imágenes. La organización vinculó la decisión a sus políticas de diversidad e inclusión y también al deseo expresado por la propia Lena de que su fotografía dejara de utilizarse.
De alguna manera, aquello que Losing Lena reclamaba en 2019 terminó materializándose: la imagen que durante medio siglo había funcionado casi como un estándar de facto de la informática fue perdiendo su lugar en universidades, laboratorios y publicaciones científicas.
Y Lena pudo, por fin, acercarse a aquello que pedía al final del documental: retirarse también de la tecnología.


