El primer ministro francés, Sébastien Lecornu, indicó este jueves que planea un ajuste fiscal de 54.000 millones de euros (62,000 millones de dólares) en su proyecto de presupuestos para 2027 con el objetivo de sanear las arcas públicas, en un inflamable contexto electoral.
Francia cerró 2025 con un déficit del 5.1%, por encima del límite del 3% fijado por las reglas para los países de la zona euro, y una deuda pública de casi 3.5 billones de euros (115,7% del PIB). Además, su banco central redujo la previsión de crecimiento del país al 0.4% para 2026.
Equilibrar el déficit: uno de los principales objetivos
«El proyecto de ley de finanzas contendrá un esfuerzo fiscal de alrededor de 54,000 millones de euros«, dijo Lecornu en una entrevista al diario Le Figaro, advirtiendo que «si este presupuesto no incluyera ninguna medida de ahorro, el déficit de 2027 rozaría el 6.5% del PIB».
Su objetivo es lograr un déficit del 5% del PIB en la segunda economía de la Unión Europea.
Entre las pistas de ahorro avanzadas están congelar salarios de funcionarios, «frenar» los gastos de las entidades locales y pedir un esfuerzo «inferior a los 6,000 millones de euros» a los jubilados, pero sin precisar si se trata de no revalorizar las pensiones u otras opciones.
El gobierno debe presentar próximamente un proyecto de cuentas elaborado en una coyuntura complicada, que incluye además el aumento vertiginoso de los precios de los combustibles por la guerra en Oriente Medio o la subida de los tipos de interés de la deuda.
Todo ello a siete meses de la elección presidencial de 2027, cuando los franceses escojan al sucesor del presidente centroderechista, Emmanuel Macron. La ultraderechista Marine Le Pen es la favorita en las encuestas de opinión.
Sin mayoría, la aprobación de los presupuestos se anuncia arriesgado para el gobierno en el Parlamento, que ya tumbó a los dos predecesores de Lecornu en sus intentos de sanear las cuentas públicas.
«Es una propuesta contundente sobre la reducción del gasto público en un país que depende demasiado de él… Es un riesgo político, no lo ignoro. ¡Pero estamos muy lejos de la austeridad!», agregó el jefe de gobierno a Le Figaro.
El gobierno también enfrenta un creciente malestar por el aumento de los precios de la energía y el estancamiento de salarios, que se plasmó en llamados a protestas sociales.


