En la idiosincrasia de miles de dominicanos permanece implantada la idea de que existe una mejor vida al emigrar hacia Estados Unidos. Esta visión de progreso los empuja a dejar todo en su país, tomar la riesgosa decisión de embarcarse en una pequeña barca y cruzar el Canal de la Mona para llegar Puerto Rico.
Esta representa una de las rutas migratorias más peligrosas del Caribe, la cual continúa cobrando la vida de hombres, mujeres y adolescentes que se exponen a un mar imprescindible con la ilusión de obtener una mejor calidad de vida.
Hoy día, la ruta marítima irregular hacia Borinquen es una problemática que a pesar de los esfuerzos, no ha podido ser frenada.
Las personas se aventuran en esta travesía vendiendo todos sus bienes, y pagando grandes sumas de dinero, sin tener algún tipo de garantía de seguridad. Desde las costas del país zarpan en una frágil embarcación de madera, hacia un sueño que se encuentra a un mar de distancia.
Arriesgarse a cruzar más de 250 millas náuticas en una embarcación improvisada es solo uno de los problemas. Los viajes en yola se han caracterizado no solo por trasladar personas de forma ilícita hacia la vecina Isla del Encanto; asesinatos, violaciones, estafas, desapariciones y contrabando de drogas también son parte del esquema.
Esto lo destaca la Organización Internacional para las Migraciones (OIM), la cual agrega que estos viajes exponen a los migrantes a riesgos como la trata y tráfico de personas que pueden desencadenar en circuitos de explotación sexual o laboral.
Asimismo, el Centro para la Observación Migratoria y el Desarrollo Social en el Caribe (Obmica) apunta que estos viajes son difíciles para las mujeres, pues hay reportes de que se les tira por la borda si tienen la menstruación, o si abortan.
Obmica agrega en su informe “La emigración dominicana: cifras y tendencias 2023” que las mujeres suelen ser víctimas de violaciones sexuales antes y después de los viajes, sin embargo, muchas no se atreven a denunciar a sus agresores.
El informe “Investigación de línea base para la realización de una campaña para la prevención de viajes irregulares desde República Dominicana hacia Puerto Rico y Estados Unidos” de la OIM, subraya que el 94,96% de los migrantes y potenciales migrantes son conscientes de los riesgos involucrados al emprender el viaje.
Los tres riesgos más reconocidos por los encuestados son la separación de familiares y amigos, el peligro de muerte, y la posibilidad de sufrir robo, violencia y abuso sexual por parte de tratantes y traficantes de personas. Estos hallazgos revelan un alto nivel de conciencia sobre los peligros que enfrentan los migrantes durante su trayecto, plantea la OIM.
De 2023 hasta mediados de 2025, la Armada de la República Dominicana (ARD) ha rescatado o detenido 7,587 personas intentando llegar hacia Puerto Rico mediante un viaje en yola. En ese mismo periodo han retenido 972 embarcaciones.
La mayor cantidad de viajes en yola hacia Puerto Rico salen desde las provincias de la zona este del país, como La Altagracia, El Seibo y Hato Mayor, puntos fuertes para la realización de esas expediciones, según datos facilitados por la ARD.
Municipios como Miches y Sabana de la Mar son puntos importantes en la realización de estos viajes por diversos factores, entre los que destacan la proximidad geográfica a Puerto Rico, las condiciones favorables para la navegación y la presencia de contactos facilitadores para realizar la travesía.
A pesar de que se desconoce con exactitud cuándo iniciaron los viajes por mar de forma irregular hacia Puerto Rico, la Organización Internacional para las Migraciones señala en su informe “Línea Base Perfil dominicanos en viajes irregulares hacia Puerto Rico y Estados Unidos”, que para el año 1980, el porcentaje de dominicanos, por sobre la población extranjera residente en la isla, ascendía al 29%.
La OIM destaca que a lo largo de los últimos años que este porcentaje ha ido en aumento y, actualmente, la población dominicana es la minoría étnica más grande de Puerto Rico.
En el municipio Miches, de la provincia El Seibo, sus pobladores cuentan que los viajes en yola iniciaron tras la curiosidad de dos pescadores, quienes una noche de pesca al alejarse demasiado lograron ver luces de una costa que presumía era Puerto Rico. Ante la falta de seguridad costera que existía en ese entonces, realizaron varios viajes de práctica alejándose cada vez más, hasta que un día llegaron a la isla caribeña.
Esto fue el inicio de todo: en el pueblo se popularizó esta hazaña, y dio como resultado que muchos quisieran probar suerte de la misma forma.
“Cuando aquí empezaron los viajes en yola ni siquiera se cobraba dinero, un grupo de amigos se ponía de acuerdo para comprar los materiales de yola, la armaban y se iban”, explicó el pescador Mario Batista (nombre falso para proteger su identidad), al detallar que por un tiempo esta fue la metodología usada para irse.
Batista comentó que a medida que fue creciendo la fama de los viajes de yola se empezó a cobrar una tarifa a las personas, y salieron a la luz los “capitanes de viaje”, quienes no eran más que marineros que ya se habían memorizado la ruta y acompañados de brújulas organizaban todo el entramado hacia Puerto Rico.
Para los años 90, cuentan los lugareños, una persona pagaba RD$1,500 o RD$2,000 para que la trasladaran a Puerto Rico. En ese momento había mayor facilidad de regulación y fuentes de trabajo para los migrantes.
Mucho ha cambiado desde aquel entonces. Hoy una persona puede pagar desde US$5,000 hasta US$10,000 para embarcarse en una yola hacia Puerto Rico, sin embargo, a pesar de que el pago se debe hacer por adelantado, no hay garantías ni de llegar a subirse en la embarcación.
Las estafas son muy comunes en ese negocio. Con regularidad en el municipio Sabana de la Mar y zonas aledañas, se observan personas de otras provincias que son engañadas por organizadores de viajes, sobrevenden los cupos en la embarcación o suelen vender un viaje que nunca se realizará.
“Ahora no se da tanto porque ya cualquiera tiene un celular y llama a un familiar para que lo socorra, pero todavía uno se encuentra con gente que te pide para un pasaje y te dicen que vinieron para irse en yola y lo engañaron”, comentó Rafael Mota, quien reside en un distrito municipal de Sabana de la Mar.
Mota narró que al pueblo llegan desde distintos puntos del país en busca de viajes de yola, mujeres y hombres suelen quedarse en hoteles o cabañas por semanas a la espera de que se presente la oportunidad de embarcar.
Muchos de estos llegan a durar hasta meses establecidos en esas zonas, lo que les lleva a entablar amistad con los lugareños.
“No siempre se quieren ir en yola por una mejor vida, hay gente que ha hecho cosas en contra de la ley en otra provincia, y ven esta vía como un escape. Pero sin duda uno conoce personas muy amables que quieren irse porque tienen muchos problemas económicos”, explicó Mota.


