Este artículo fue publicado originalmente en El Día.
Hablar de San Juan de la Maguana es hablar de memoria, resistencia y dignidad. Mucho antes de la llegada de los españoles, las Antillas eran escenario del poblamiento de los pueblos originarios provenientes del Amazonas: taínos y caribes.
En ese contexto histórico, Maguana emergió como uno de los principales cacicazgos de la isla bajo el liderazgo del cacique Caonabo, símbolo de la resistencia indígena frente a la invasión europea. Junto a él, la reina Anacaona y el rebelde Enriquillo forman parte de una herencia histórica que todavía vive en la conciencia colectiva del pueblo sanjuanero.
San Juan de la Maguana no es únicamente una provincia enclavada en el sur dominicano; es un territorio cargado de identidad cultural, riqueza patrimonial y profundo sentido de pertenencia. Su historia, sus monumentos y sus tradiciones constituyen una memoria viva que conecta a las generaciones presentes con las luchas y valores de sus antepasados. La arquitecta Hanoi Sánchez ha expresado con orgullo, que una de las principales etiquetas de la provincia es ser “la capital de la cultura taína-prehispánica”.
El patrimonio cultural representa precisamente eso; la herencia material y espiritual que una sociedad recibe y preserva como parte esencial de su identidad. En San Juan, ese patrimonio se expresa tanto en sus edificaciones históricas como en sus espacios naturales y espirituales. Cada calle, plaza o monumento guarda una parte de la historia del pueblo y de su evolución social y cultural.
Entre los símbolos arquitectónicos más representativos destaca el majestuoso Hotel Maguana, inaugurado en 1947. Aunque construido durante la dictadura, su diseño y valor histórico lo convierten en una de las edificaciones más emblemáticas de la ciudad. Del mismo modo, el Palacio de Justicia, inaugurado en 1949, forma parte del legado arquitectónico de San Juan.
A estas estructuras se suman otros espacios de enorme valor cultural y simbólico: la Catedral San Juan Bautista, la plazoleta Francisco del Rosario Sánchez, el Teatro Olímpico, la Casa Curial, el Casino San Juan, el edificio de Bellas Artes, la respetable Logia Masónica, el Arco del Triunfo y el viejo San Juan, entre muchos otros. Son construcciones que reflejan la identidad histórica y cultural de la provincia.
Pero la riqueza de San Juan no se limita a sus monumentos urbanos. La provincia posee un invaluable patrimonio ecológico y natural que forma parte esencial de su identidad y de la vida de sus comunidades. Lugares como la Sulsa de la Jagua, históricamente vinculada a baños curativos y prácticas espirituales relacionadas con Olivorio Mateo; el Salto de Mogollón; la Presa de Sabaneta; la Presa de Sabana Yegua; la Cueva de Seboruco; la Cueva Los Pericos; el Santuario de la Agüita de Liborio; el Corral de los Indios y las montañas que conducen al Pico Duarte, representan verdaderos tesoros naturales y culturales.
Esa riqueza ambiental ha colocado a San Juan en el centro de una de las discusiones más importantes de los últimos tiempos: la defensa del agua y de los recursos naturales frente a los proyectos de explotación minera.
En América Latina, el extractivismo no es simplemente una actividad económica; es un modelo que provoca contaminación de las aguas, agotamiento de recursos naturales, deforestación, desplazamientos humanos y aumento de las desigualdades sociales. En San Juan, esa preocupación se manifestó con fuerza frente al proyecto minero de Romero.
La oposición al proyecto logró convertirse en un amplio movimiento social y ciudadano que unificó a comunidades, organizaciones ambientales, sectores religiosos y ciudadanos preocupados por el futuro de la provincia. Las recientes protestas y movilizaciones marcaron un momento histórico para San Juan; Paro general de las actividades económicas y una multitudinaria marcha que evidenció el nivel de compromiso de la población con la defensa de sus recursos naturales.
La decisión del presidente Luis Abinader de paralizar el proyecto minero fue una victoria de la movilización popular y de la conciencia ambiental. Un episodio que recuerda otras luchas emblemáticas del pueblo dominicano, la defensa de Los Haitises, Loma Miranda, el movimiento por el 4 % para la educación y las movilizaciones de Marcha Verde. Y es que el centro de esta lucha tiene un nombre claro: EL AGUA.
El agua constituye la base de la vida, del desarrollo sostenible y de la producción agrícola que sostiene gran parte de la economía sanjuanera. Las presas, ríos y acuíferos de la provincia no representan únicamente recursos naturales; representan la garantía de supervivencia para miles de familias y para futuras generaciones.
Sin agua no hay agricultura, no hay ecosistemas, no hay vida. Defender el agua es defender la posibilidad misma del futuro.
San Juan de la Maguana se presenta hoy como mucho más que un territorio geográfico. Es un espacio histórico de resistencia que une pasado y presente en una misma causa; la defensa de la vida, de la memoria y del patrimonio colectivo. Desde Caonabo y Anacaona hasta las actuales luchas ecológicas, la provincia mantiene viva una tradición de dignidad frente a las amenazas que intentan convertir la riqueza común en mercancía.
El patrimonio histórico, cultural y natural no pertenece únicamente al presente. Es la herencia de un pueblo y la responsabilidad que debemos preservar para quienes vendrán después.
La publicación Por San Juan, por el agua, por la vida apareció primero en El Día.


