Un tanquero ruso atracó este martes en el puerto de Matanzas, en el occidente de Cuba, para entregar el primer cargamento de crudo que la isla recibe desde enero, tras el respiro concedido por Washington en medio de su bloqueo petrolero de facto.
El buque «Anatoly Kolodkin», sujeto a sanciones estadounidenses y cargado con 730.000 barriles de crudo, ingresó temprano por la mañana al puerto de Matanzas, 100 km al este de La Habana, según un equipo de la AFP en el terreno.
La decisión del presidente Donald Trump de permitir que Rusia suministre petróleo a Cuba evita una confrontación con Moscú y ofrece un respiro a un país que ha sufrido durante los últimos meses prolongados apagones, un drástico racionamiento de combustible y disminución del transporte público.
«Agradecemos al gobierno y pueblo de Rusia por su respaldo solidario«, escribió en X la cancillería cubana. Subrayó que la «valiosa ayuda llega en medio de un cerco energético impuesto por Estados Unidos, que intenta asfixiar a la población cubana».
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De su lado, en la misma red social, la embajada rusa en Cuba consideró un «deber ayudar» a los «hermanos cubanos en estas difíciles condiciones».
- Algunos cubanos presenciaron la maniobra de atraque del barco en el puerto de Matanzas.
«Eso es fundamental para nosotros poder subsistir porque el país está parado», declaró a la AFP Felipe Serrano, de 76 años, que trabaja como vigilante en un restaurante.
Leticia Munguía, jubilada de 61 años, también expresó su entusiasmo. «ojalá que sigan mandando porque este envío no va a cubrir todo lo que necesitamos», precisó.
Trump dijo el domingo que no tenía «ningún problema» con que Rusia enviara petróleo a Cuba, pero el lunes su administración aclaró que no había un cambio en su política de sanciones.
«Permitimos que este barco llegue a Cuba con el fin de satisfacer las necesidades humanitarias del pueblo cubano. Estas decisiones se están tomando caso por caso», declaró la portavoz de la Casa Blanca, Karoline Leavitt.
Un respiro temporal
La crisis energética se agudizó en enero, cuando Trump cortó el flujo de petróleo venezolano tras la captura de Nicolás Maduro, principal aliado de La Habana, y amenazó con aranceles al país que le venda petróleo a la isla.
La escasez de combustible golpea a sectores vitales de la economía cubana, como el turismo, el níquel y el tabaco, y obligó al gobierno a adoptar un plan de contingencia, que incluye un drástico racionamiento de la gasolina.
La isla de 9,6 millones de habitantes ha sufrido siete apagones a nivel nacional desde finales de 2024, dos de ellos ocurridos este mismo mes, que han provocado inusuales protestas.
Cuba produce unos 40.000 barriles diarios de crudo pesado, que son utilizados para alimentar las ocho centrales termoeléctricas que constituyen el pilar de su sistema eléctrico, pero depende de las importaciones de diésel y de GLP (gas licuado de petróleo).
El director adjunto de la petrolera estatal Cupet, Irenaldo Pérez, explicó a la televisión cubana que el petróleo ruso permitirá producir GLP para hospitales y «un nivel de gasolina» para el sistema del transporte, así como diésel y fuel oil para generadores de energía de respaldo.
Según expertos, refinar el crudo ruso tomará un mes.
Ese cargamento «puede ofrecer un respiro temporal, pero ni de lejos resuelve la magnitud del déficit que enfrenta el país», declaró a la AFP el economista Ricardo Torres, de la Universidad Americana de Washington. «Claramente no es suficiente», apunta.
Para justificar su bloqueo energético, Trump alega que Cuba representa «una amenaza excepcional» para la seguridad de su país por las relaciones que mantiene con Rusia, China e Irán.
Ricardo Herrero, director ejecutivo de Cuba Study Group, con sede en Washington, afirmó que el cerco petrolero busca forzar a La Habana «a hacer concesiones en la mesa de negociaciones».
«La estrategia aquí consiste en llevar al sistema al borde del abismo«, aunque sin «precipitar un colapso social o humanitario total», explicó Herrero a la AFP.


