El Barcelona conquistó este domingo su vigésimo noveno título de Liga tras doblegar en el Spotify Camp Nou al Real Madrid (2-0), en un clásico que el equipo azulgrana encarriló en el primer tiempo con los goles de Marcus Rashford, de falta directa, y Ferran Torres.
En el segundo tiempo, el resultado ya no se movió y el conjunto catalán, que reeditó el título conseguido el curso pasado, cantó el alirón por primera vez en su historia en un duelo contra el eterno rival. EFE
El clásico dejó campeón y fiesta. No hubo pasillo, pero el Barcelona aprovechó la visita del Real Madrid al Camp Nou para brindar un nuevo éxito (2-0) y sonrojar a su rival, que toca fondo, hundido y frustrado, como cierre a una semana para olvidar, con una noticia peor que la anterior que acabó con un reconocimiento a la autoridad de un rival que alimenta su dominio en LaLiga.
El Barcelona se erigió en vencedor a tres jornadas del final el día que el Oviedo asumió virtualmente, no aún de forma matemática, que puede certificarse el lunes si el Girona puntúa, su regreso a Segunda.
Con una pelea por un puesto en Liga de Campeones por determinar, las plazas europeas en el aire y el descenso sin clarificar, con la mitad de los equipos implicados en un tramo final de curso que se aventura apasionante.
Segundo trofeo de liga seguido y vigésimo noveno en su historia. Sensación de superioridad en unos. Síntomas de desgaste, vacío y frustración en los blancos, en derribo.
No hizo falta una versión excelsa del Barcelona para tumbar al Real Madrid, que dio la sensación de acudir al Camp Nou a encajar el menor de los daños posibles.
Se fue sin una goleada, pero con muchos asuntos pendientes y algunos señalados.
Desde la perspectiva azulgrana la semana ha sido redonda. Un título que reafirma el dominio en LaLiga y fortalece el proyecto de Hansi Flick, sellado y logrado en un partido ante el máximo rival, el Real Madrid, al que dejá seriamente tocado y en plena descomposición y, sobre todo, en evidencia.
Una fiesta, un homenaje, además, a su entrenador, que perdió a su padre horas antes del partido.
El enfoque blanco asume una situación que va a tardar en asimilar.
Segundo año sin títulos, certificado con una derrota en el Camp Nou, testigo de una celebración y una demostración de poderío de su adversario diametralmente opuesta a la imagen ofrecida en los tiempos recientes, marcada por sucesos desagradables que dejan señalada a la institución.
Fuera, precipitadamente, de cualquier ambición deportiva, con el vestuario enrarecido, enfrentado, jugadores apartados de la plantilla, actos de indisciplina y estrellas que se borran, sin implicación en la recta final de un curso para olvidar.
A la espera de que el Bernabéu el próximo jueves dicte sentencia y de que se anuncie al nuevo entrenador para empezar desde cero, se marcha de Barcelona con la cabeza gacha y un tramo final insulso.
Aún sin cerrar el segundo puesto, con ocho puntos de renta sobre el Villarreal, la quinta plaza, de ‘Champions’, aún está vacante aunque en manos del Betis a poco que no se despiste demasiado.
Situación de la lucha por Europa y el descenso
Por ella puja también y hace cuentas el Celta, que ganó en Madrid a un Atlético que languidece después de tanto varapalo en la recta final de la Copa del Rey y la Liga de Campeones.
Entre Europa y el descenso
De una jornada a otra las aspiraciones cambian de forma abrupta. Tal es la igualdad en la tabla que una semana un equipo siente la soga en el cuello, la amenaza del descenso, y a la siguiente dispara sus expectativas y contempla una competición europea al alcance.
Definidas cuatro de las cinco plazas para Liga de Campeones, definidas para el Barcelona, Real Madrid, Villarreal y Atlético Madrid, está en el aire la quinta, aunque el Betis es el que parece más cerca. A falta de tres jornadas, de nueve puntos en juego, su renta respecto al sexto, el Celta, es de cuatro.
Pudo casi cerrar su objetivo, regresar a la ‘Champions’ el conjunto de Manuel Pellgrini, que se vio ganador en San Sebastián ante la Real Sociedad, a la que sometió inicialmente con dos tantos anotados por Antony y Abde, un 0-2 que parecía cerrar la puerta de la Liga de Campeones para el resto de candidatos.
Pero la Real dio un giro a la situación, arrinconó al Betis y empató con los tantos de Oskarsson y de Mikel Oyarzábal, de penalti al final, que pudo dar, incluso, el triunfo al cuadro vasco.
La Real Sociedad, con plaza europea por derecho propio como campeón de la Copa del Rey, es uno de esos equipos que tiene tan cerca la parte alta como la zona de descenso.
De hecho, el Alavés, que marca la caída a Segunda, está a siete puntos, aunque más significativo es el panorama del Valencia o el Sevilla, que hace poco necesitaban puntos para la salvación y ahora, de pronto, tienen a tiro Europa.
Para ambos resultó una jornada clave. Seguramente la de la supervivencia. El Sevilla remontó al Espanyol (2-1), con los tantos del canterano Andrés Castrin y Adams Akor, y se toma un respiro.
Está a tres del Alavés, que marca el hundimiento. El Valencia se impuso en San Mamés gracias a Sadiq y está a cinco de los últimos, pero solo a dos de Europa.
Y es que el Espanyol sigue en caída libre. Aún no ha ganado en lo que va de 2026 y está a solo dos del antepenúltimo. Se ha quedado sin margen de error. Igualado con el Mallorca, que no pasó del empate frente el Villarreal, y el Elche, que igualó con el Alavés.
El Girona afronta el lunes, para completar la trigésima quinta jornada, su visita al Rayo Vallecano en un duelo clave para ambos, pero sobre todo para el equipo de Michel, que lleva tres derrotas seguidas y está a solo un punto del descenso.
El Oviedo es colista. Dio un nuevo paso atrás ante el Getafe y cada vez tiene más complicada su continuidad en Primera. Tiene a siete puntos al Levante, un equipo al alza, que ganó a Osasuna (3-2) y que visita al Celta. Tiene al Alavés a uno y la permanencia a dos.
Y es que todo está por ver en lo que queda de curso. Resuelto el título y los puestos de Liga de Campeones y parte de la zona europea, desde el décimo, el Osasuna, hasta el Alavés, que marca el descenso, solo hay cinco puntos de diferencia. EFE
apa/ism


